Inicio Maratón de series Por los viejos tiempos (VI): Pulseras Rojas (T1)

Por los viejos tiempos (VI): Pulseras Rojas (T1)

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[Se dan algunos detalles de la serie, pero no spoilers importantes]

Siempre es curioso escuchar que la media de edad de los actores que protagonizarán una serie es de 15 años.  Es lógico pensar que hablamos de otra serie dónde los pasillos del colegio volverán a ser el escenario más común. Con quince años, ¿dónde más pueden estar? Albert Espinosa y Pau Freixas nos dieron la respuesta con Pulseras Rojas (Polseres Vermelles), serie que crearon y dirigieron, respectivamente. Los niños pueden estar en un hospital, lejos de los pasillos del instituto. Pero los niños siguen siendo niños… niños obligados a combatir su rutina en el hospital, los golpes de su enfermedad. Este fue el relato lleno de magia, y a la vez de realidad (parece contradictorio, aunque no lo sea) que transmitió la primera temporada de Pulseras Rojas.

El líder, el segundo líder que sería el líder si no estuviera el líder, el imprescindible, la chica, el guapo y el listo. Sobre estos seis nombres,  o quizá roles, se aguanta el argumento de la ficción, o al menos, gran parte de ella. Pulseras Rojas probablemente conquistó un número considerable de corazones y en gran parte, por esas pulseras que cada protagonista llevaba en su muñeca. De lo contrario, de haber querido resaltar grandes egos y individualidades, la historia de la ficción habría tenido bastantes papeletas para no ser la misma.

Aunque se conocieran des de hacía poco tiempo, el vínculo que les unía era considerablemente fuerte.
Aunque se conocieran des de hacía poco tiempo, el vínculo que les unía era considerablemente fuerte.

¿Qué sentido habría tenido que la perspicacia de Roc (Nil Cardoner) hubiese pasado completamente desapercibida? ¿Y que Ignasi (Mikel Iglesias) nunca se hubiera atrevido a romper esa coraza? Probablemente podríamos rellenar una hoja de preguntas hipotéticas si no se hubiera logrado resaltar esa importancia de grupo, la de pertenecer a los pulseras rojas. ¿Lo mejor? No hizo falta cerrar mucho los planos, poner una melodramática música de fondo para que alguno de ellos se marcara ningún tipo de monólogo para hacérselo saber al espectador. La buena armonía entre los Pulseras Rojas y esa sensación de “ser para toda la vida”, (que tanto puede gustar) fluyó al largo de los trece primeros capítulos de los Pulseras.

Y si bien es cierto que una serie ambientada en un hospital necesita y requiere realidad, Pulseras Rojas decidió que iba a aportar algo de magia. Esas cosas que sólo pueden pasar si hay una cámara filmando. Cómo que el imprescindible, un niño sumido en un largo coma, pueda comunicarse con el listo, diagnosticado de síndrome de Asperger. Cómo que puedan escaparse de noche para pintar la sala de oncología para que su líder, Lleó (Àlex Monner) se sienta como en casa. Y que cuándo tienen que pasar la noche más corta del año en un hospital encuentren un viejo tren mecánico que les ilumine la noche.

Pero por supuesto, si sólo fuera eso, no sería la Pulseras Rojas que conocimos. La ficción es la autobiografía de Albert Espinosa, quién por culpa del cáncer perdió una pierna, un pulmón y parte del hígado. Vivió 10 años en hospitales: sabe de primerísima mano cuál es la vida de los pClaro que encara la serie des de la esperanza y des de la propia vida que hay en un hospital; pero no pudo (cosa más que correcta) olvidarse de esas grandes dosis de realidad que se requiere cuándo te atreves a hablar de hospitales. Pero la quimioterapia atormenta a los pacientes que la necesitan.  A veces, en las operaciones tienen un 50% de posibilidades de éxito. Otras, quieren separarte de a quiénes les importa que estés en una cama de hospital.  Y en ocasiones, un coma puede complicarse y media manzana puede parecer demasiado grande para un estómago.

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Por lo tanto, juntamente con la esperanza, se mezclan escenas duras. Las que te muestran con fuerza que la serie que ves está ambientada en un hospital, dónde el dolor y la muerte son otro tipo de personaje. O al menos, una especie de presencia. Una vez más, la apelación a esa emotividad no es especialmente exagerada. Si realmente hay emoción en esas escenas es porqué el elemento primario, el guión, ya te cuenta una historia emotiva de por sí. Las músicas, los planos y evidentemente, las interpretaciones forman parte de ello… pero a veces, los dos primeros no lo son todo. 

Pulseras Rojas conquistó por lo que nos ofreció. Algo que no se ve cada día. Conquistó con las frases de Roc, aquél niño en coma y por lo tanto con poco diálogo, pero con una voz en off con la que ostenta algunas de la frases más cruciales de la temporada. Conquistó por la magia y la esperanza en un hospital. Pero también por la dureza, por aquellos quirófanos que no vuelven a abrirse. Pero sobretodo, por las ganas de vivir de Lleó, Jordi (Ígor Szpakowsi), Cristina (Joana Vilapuig), Toni (Marc Balaguer), Ignasi y Roc. Que cumplieron con su promoción: eran pulseras para toda la vida y estaban intensamente vivos. 

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