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Los mosqueteros de la risa (I): Louis C.K

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Es gordo, viste con camisetas negras y con cada año que pasa, su calvicie aumenta, y su pelo rojizo disminuye. Venera la masturbación, aunque dice que con la edad y su grasa, encuentra fastidioso el sexo. En su sangre se mezcla la ascendencia húngara, irlandesa y mexicana, y de hecho, mantiene la doble nacionalidad con Estados Unidos y México. Comenzó fracasando en los pequeños escenarios de tugurios de Nueva York, donde se fraguaba la comedia stand up durante los ochenta. Es extraordinariamente grosero y borde, lo que ha provocado que más de una vez recibiera duras críticas por sus (malentendidos) chistes racistas y sexistas, y aún así, es uno de los mejores cómicos de los últimos años. Así es Louis.

“Soy blanco, y doy las gracias a Dios por ello. Es un gran alivio. Si no sois blancos os estáis perdiendo muchas cosas buenas. Si fuera opcional elegiría una y otra vez ser blanco. Y esto es lo bueno de ser blanco: podría ir a cualquier momento de la historia y ser de los mejores. Claro que no quiero ir futuro y ver lo que nos pasa a los blancos, porque quizás pagaremos por tanta mierda que hacemos”. Así es Louis, peligroso si no le entiendes, pero vorazmente crítico e inteligente si le lees como él quiere que le leas.

Ha recibido numerosas nominaciones de los Emmys por sus espectáculos en vivo, donde aglutina a miles de fans. Una de las nominaciones recayó sobre un capítulo de la serie, ‘Louie’, que él mismo dirigió, escribió y protagonizó, tomando control total de su humor. Esta nominación vino gracias a una fantástica escena, que parecía salida de una película de Tarantino, donde un grupo de amigos, con el propio Louie, jugaban al póker a la vez que discutían, con todo lujo de detalles y controversia, el sexo entre homosexuales. Así es Louis.

Con su serie ‘Louie’ se le da una vuelta de tuerca a la comedia tradicional. Entremezclando fragmentos de sus monólogos – el clásico género stand up  del que acabó siendo un maestro – con escenas caricaturizadas de su vida, Louis C.K nos muestra un lado oscuro de la risa. Durante cinco temporadas ‘Louie’ mezcló drama y comedia, reflexión con absurdo y crítica con tristeza.

Con una visión puramente personal de la vida – de ahí la dificultad de asimilar esta serie – ‘Louie’ satiriza desde la “comedia de masas” en televisión al sistema de recogida de basuras, pasando por la impotencia ante la educación religiosa, la vejez o el tabú social que es el sobrepeso en las mujeres. Así es Louis. Quiso dejar un pedazo de su mundo interior, oscuro, lleno de complejos y al mismo tiempo, hilirante, en una serie sobre la cuál el era dueño y señor. No se dejaría amedrentar por audiencias ni ejecutivos. El escribiría cada chiste, cada comentario desproporcionado, cada crítica voraz.

Por ‘Louie’ pasó Robin Williams, en un misterioso capítulo sobre la muerte, precisamente a poco de que el actor falleciera. Por ‘Louie’ también apareció Jerry Seinfeld, otro mito de la comedia televisiva, en uno de los muchos guiños de ‘Louie’ hace a los humoristas contemporáneos.  Por ‘Louie’ se paseó el mismo Ricky Gervais, del que se hablará en otra entrega, en un memorable cameo que ilustró la magnífica relación que ambos comediantes tienen en la vida real.

Al final, como el propio cómico al que da nombre la serie, ‘Louie’ es incomprensible, porque solo el propio Louis se entiende. Louis se autorretrata así, como el frustrado padre divorciado y absurdo, de cuarenta años – “la peor edad de todas” según dice -, en un mundo lleno de hipocresía, risas y tragedia. Así es Louis.

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