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La maldición de la familia

Cuando el terror se acerca a lo que más queremos, es cuando más lo acabamos sintiendo.

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maldición

Se que llego tarde a esta serie. He tenido a numerosos conocidos que me han hablado maravillas de ella, de su capacidad para infundir terror a mansalva. Vivimos unos tiempos en los que la palabra terror, referida a la ficción o a la realidad, se encuentra bastante desvirtuada. Enfocándome en lo primero aunque sin olvidarme de lo segundo, me acerque a esta serie con escepticismo. Lo que me encontré tras el primer episodio fue una gran realización, una fotografía oscura y llena de matices con una historia interesante. Había terror, si, pero no me parecía lo principal. A medida que iba avanzando, un sentimiento muy diferente se apoderaba de mi: tristeza.

El formato de esta serie ha permitido a Mike Flanagan realizar uno de los mejores relatos de terror hasta la fecha. Esto se debe a que su foco nunca ha sido provocar en el espectador una sensación de inquietud constante a la espera del próximo jump scare. Su intención es mostrar al público la historia de una familia quebrada, algo mucho más cercano a su realidad. Su diferenciación cromática del tiempo presente a los recuerdos del pasada es muy significativa. Con la fría madurez y sin haber comprendido sus vivencias en la casa, los hermanos viven atrapados en un trauma constante, inundados por un pesar que no quieren llegar a asumir. La vida les ha superado, separándoles por completo. Pero cuando hay una vista atrás, aun con los seres que habitaban la casa… estaban unidos en una calidez inmensa. Todo era familia e incluso la casa les ofrecía la posibilidad de pervivir.

Hill House propone un terror muy diferente. Los fantasmas, las criaturas, la casa… ninguno es el enemigo de la familia Crain. Solo el paso del tiempo, la vida al fin y al cabo que entendemos como una línea recta de avance torpe y constante. Una vida que nos acaba separando de nuestros seres queridos con cada tropiezo que encontramos a nuestro paso. Pero, ¿y si no entenderíamos nuestro tiempo como algo lineal? ¿Y si nuestra vida fuesen los momentos que tenemos? Esta es la idea de una de las escenas más bellas que he podido apreciar en toda mi vida. Nellie, suicida que acaba salvando en otros tiempos, en otros momentos e incluso en otras realidades a sus hermanos, trata de convencerles de que no todo es final. La idea de avanzar no implica linealidad, sino la presencia de las vivencias que hemos tenido. Ese es nuestro tiempo, nuestra vida al fin y al cabo. Dejarlo a un lado, tenerlo como un simple recuerdo al que decir que volvemos sin volver es maldecirnos. Todo lo demás, es confeti.

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