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Crítica – ‘Vivir deprisa, amar despacio’

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Título original: Plaire, aimer et courir vite

Año: 2018

Duración: 132 minutos.

País: Francia

Dirección: Christophe Honoré

Guion: Christophe Honoré

Fotografía: Rémy Chevrin (A.F.C.)

Reparto: Vincent Lacoste, Pierre Deladonchamps, Denis Podalydès, Adèle Wismes, Thomas Gonzalez, Clément Métayer.

Productora: Les Films Pelléas, Arte France Cinema, Canal + y Ciné.

Género: Drama romántico.

Para muchos, la vida en los 90 era complicada, sobre todo si eras gay y te habían diagnosticado SIDA, que es lo que le había pasado a Jacques (Pierre Deladonchamps), uno de nuestros protagonistas. Vivir deprisa, amar despacio nos narra una historia que no se centra en el dramatismo y en el sufrimiento de una persona que sufre de esta enfermedad. Llama a las ganas de vivir, de disfrutar y de aprovechar los momentos que nos ofrece la vida hasta que ya no haya más.

Este filme fue galardonado en el Festival de Sevilla, en Cannes y en los Premios César y cuenta la historia de Arthur (Vincent Lacoste), un joven de Rennes, conoce a Jacques, un escritor que vive en París. Durante el verano viven una historia de amor en la que cada parte está implicada de una forma diferente a la otra. Arthur, desde su perspectiva de joven con el mundo por delante y Jacques, desde su perspectiva de persona que sabe que no durará por culpa del peso que debe cargar con su enfermedad. A pesar de plasmar la historia de esa peculiar pareja, esta película no habla del amor ni de lo trágico que puede ser estar en una relación así, habla sobre el cariño, sobre cómo lidiar con ese tipo de vida sin reprimirte ni limitarte.

Vivir deprisa amar despacio
Vincent Lacoste y Pierre Deladonchamps en una de las escenas de ‘Vivir deprisa, amar despacio’

En Vivir deprisa, amar despacio todo se narra a través de sus personajes y del cariño que se profesan entre ellos. Conocemos a cada uno por sus amigos, por su forma de cuidarlos. Jacques es el típico estereotipo de escritor de “éxito”, que puede ser calificado como arrogante y egoísta, pero a la hora de la verdad es alguien que está ahí para ayudar. Un claro ejemplo es como se comporta con Marco, su expareja que también tiene SIDA, dentro de su forma de ser, actúa de forma solidaria y cariñosa con él, demostrando que no es la fachada que muestra a todos.

Otro elemento a destacar de esta película son los diálogos, cada palabra que se dice tiene un sentido y una consecuencia, aporta algo. Hasta la conversación que de buenas a primera te parece banal, tiene una función. No hace falta gritar a los cuatro vientos qué ocurre, se sabe lo que esas miradas, esas caricias o esas simples palabras pueden significar. Hay planos largos en los que la cámara no se mueven ni un instante, pero eso no importa estás tan inmerso en la historia que da igual si hay dinamismo o no en la secuencia. Tenemos que sentirnos afortunados de que todavía siga haciéndose cine como este, tan naturalista, tan puro y tan sentido.

Vivir deprisa amar despacio
Fotograma de ‘Vivir deprisa, amar despacio’

Finalmente, cabe resumir lo más importante de esta película: aunque te toque vivir deprisa, aprovecha y ama despacio, disfruta a tu ritmo, aunque no sepas qué vida te quede por delante, tú vívela como de verdad quieres. Ese es el mensaje que deja la película, sabes que hay un final, siempre lo hay, pero por una vez deja lo trágico a un lado y busca lo bueno.

Lo mejor: Los diálogos, tiene conversaciones que son tan naturales y tan efectivas que generan una gran satisfacción.

Lo peor: La duración. A pesar de ser una película muy bonita, se llega a un punto en el que piensas que se podría haber acortado en algo.

Nota: 8

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