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Crítica – ‘The Show’

the show

Título original: The Show

Año: 2020

País: Reino Unido

Dirección: Mitch Jenkins

Guion: Alan Moore

Música: Andrew Broder, Adam kidd Drucker, Alan Moore

Fotografía: Simon Tindall

Montaje: Colin Goudie

Reparto: Tom Burke, Roger Ashton-Griffiths, Siobhan Hewlett, Alan Moore, Eric Lampaert, Daniel Tuite, Robert Goodman, Ethan Rouse, Gayle Richardson, Darrell D’Silva

Productora: Lex Films, Emu Films

Distribuidora: Filmin

Género: Fantasía. Intriga.

Ficha en Filmaffinity

La primera incursión original de Alan Moore en la cinematografía ha tomado estreno selecto en 2020 y hemos podido acceder a ella a través de Filmin hace escasas semanas. The Show es una odisea detectivesca en el corazón de Northampton, la ciudad natal y residente del señalado autor del mundo del cómic superheróico y fantástico. En ella, un hombre es contratado para seguir la pista de una joya que le llevará a una ciudad encantada por la extravagancia, la magia, los sueños y los delirios de una maldición que se remonta a años atrás.

El libreto de Moore supone un punto concéntrico que aúna las influencias, obsesiones y prácticas tanto artísticas como personales que el escritor y mago del caos ha recabado durante toda su vida. Como un Miguel Ángel aferrado a la reiteración de la imagen de La Piedad, el escritor británico se retrotrae a referencias y eventos de su legado tales como el 5 de noviembre y el submundo del cabaret criminal de V de Vendetta, el vigilante enmascarado con doble identidad y un traje superheroico y ridículo – eco de una época dorada pasada – de Watchmen y la disección psicológica, histórica, geográfica y sociológica de nuestra realidad contemporánea de From Hell.

La identidad e idiosincrasia de Moore están presentes, pero son silenciosas; brillan de forma efímera en una oscuridad perpetua; han comprado una entrada para la sala, pero su butaca no existe. Las adaptaciones de las obras de Alan Moore siempre han sido acusadas de poco fieles al material original, pero el autor británico tampoco consigue una traslación acertada de sus medios convencionales, la narrativa visual o la escrita, en un arte como el cine que difiere del cómic en su unidireccionalidad. La historia es una deconstrucción de una cascada de ideas atractivas y potencialmente sugerentes, que se diluyen en una lista de personajes, escenarios y desenlaces insustanciales y carentes de relevancia interna.

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Fotograma de ‘The Show’

El director, Mitch Jenkins, descarrila en su labor de convertir las ya erróneamente proyectadas como viñetas soñadas por Moore en imágenes, tempo y espacios propios de la secuencialidad cinematográfica. Jenkins abusa de la onírica simbólica y premonitoria, así como es incapaz de alejar la historia de un salto de escena tras otra en la que los personajes secundarios sólo son presentados y despedidos en un intento fútil por mantener vivo el suspense. En conclusión, la película acaba por ser un primer acto de hora y media con presentaciones incesantes y vacías rematado por un último tercio que, a excepción de su última escena, es un sinsentido sin acción, tensión ni empaque narrativo ni visual.

En ocasiones, y como acostumbra el autor, los planos dan la sensación de estar repletos de información y detalles interesantes, pero no dejan de ser bits de información elefantiásicos para tratarse de easter eggs o flashes premonitorios y demasiado irrelevantes como para pausa frame a frame la película en los primeros visionados. La película no absorbe ni obsesiona tanto al espectador como volver a ella y adentrarse en profundidad en toda esa información perdida que, paradójicamente, no acaba por conformar un universo tan complejo ni hondo como pueda parecer en primera instancia.

Sólo algunas ideas de guion inherentes a la mente excelsa de Moore y su papel e interpretación en la película consiguen mantener el interés de, como mucho, los mayores adeptos a uno de los mejores autores de ficción del siglo XX. Las interpretaciones son regulares, la producción similar al piloto de una sitcom de la BBC y merece mención, aunque no especial, el diseño artístico y vestuario y maquillaje de la película.

The Show es una incursión novel decepcionante, insulsa, carente de lógica y, en definitiva, un cóctel artístico que no tiene buen sabor ni emborracha.

Lo mejor: El imaginario intelectual y visual de Alan Moore se cuela en algún momento.

Lo peor: No engancha, ni entretiene, ni sirve como café para los más cafeteros. Es directamente mala.

Nota: 4/10

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