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Crítica – ‘La profesora de piano’

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La profesora de piano
Fotograma de 'La profesora de piano'

Título original: Lara

Año: 2019

Duración: 98 min

País: Alemania

Dirección: Jan Ole Gerster

Guion: Blaz Kutin

Música: Arash Safaian

Fotografía: Frank Griebe

Reparto: Corinna Harfouch, Tom Schilling, Volkmar Kleinert, André Jung, Gudrun Ritter, Rainer Bock

Productora: Schiwago Film, Studiocanal Film

Género: Drama

Ficha en Filmaffinity

Se me hace extraño empezar a escribir sobre La profesora de piano, sobre todo porque esta fue la última película que vi en el cine antes de que todo esto empezara (creo que no hace falta especificar a lo que me refiero con todo esto). Al mismo tiempo me es imposible no encontrar algo esperanzador en esta situación, algo casi poético. El estreno de esta cinta es para mi como un eco de esa antigua normalidad que a veces creemos imposible de recuperar. Puede parecer algo banal, pero me produce mucha felicidad estar escribiendo estas líneas que creía que ya no podría escribir. Son momentos duros para el cine al igual que lo son para todos. Pero me resulta gratificante saber que poco a poco esos fotogramas (y por lo tanto esas frases) que se daban por perdidos van apareciendo en nuestras pantallas.

Pero tras este prólogo (quizás algo innecesario, perdón) es momento de zambullirnos en esta peculiar oda a la música. Peculiar porque lo es y a la vez no, casi como aquel que odia a tanto a alguien que acaba amándolo. Jan Ole Gerster construye una carta de amor compuesta únicamente de reproches, desprecio y defectos. Se nos muestra una devoción a la música que no se puede desvincular del trauma. Crear es para el director sinónimo de desgaste psicológico y, sobre todo, de renuncia. La ambición artística se filma como si de una maldición se tratara, como un mal augurio que se transmite de generación en generación.

La profesora de piano
Fotograma de ‘La profesora de piano’

De hecho, gran parte del potencial conceptual de la película recae en este conflicto generacional que la articula. En esa tóxica relación maternofilial narrada en códigos prácticamente shakesperianos. Encontramos a esa madre que renunció a sus sueños y a ese hijo que los alcanzó colocados en un delicado limbo entre el amor y la envidia, entre la admiración y el rencor. Se reescribe indirectamente el mito de Edipo, con esa madre que no puede dejar de mirar a su hijo por mucho que sus ojos miren a otro lado y ese hijo que no puede dejar de buscar la mirada de su progenitora por mucho que estos no le miren directamente a él.

Todos estos conceptos se materializan de forma algo irregular, no tanto por el trabajo de puesta en escena en sí sino por la estructura que la película decide adoptar. Ese imaginario urbano que Gerster nos muestra en La profesora de piano podría definirse como un estimulante cruce entre la frialdad emocional del cine nórdico y la cálida emocionalidad de la nouvelle vague francesa. Resulta complicado leer los rostros de esos personajes impasibles, pero también tierno ver como intentan entenderse a sí mismos a través de ese divagar existencial al más puro estilo Cleo de 5 a 7.

El director consigue colocar en el monocromático espacio urbano pequeñas grietas de color almodovariano, que impregnan la casi depresiva realidad de una especie de esporádico realismo mágico. Realmente (ya sólo con el primer plano) es fácil acordarse de las pinturas de Hopper, de esa soledad moderna cuya belleza puede confundir la tristeza con la esperanza.

La profesora de piano
Fotograma de ‘La profesora de piano’

Pero esa claridad que Gerster demuestra en su más que notable apartado visual parece desaparecer un poco a la hora de estructurar su relato. Nos encontramos ante una obra cuyo guion parece convertirla en dos. Y ojo, no seré yo quien diga que tener dos películas dentro de una sea algo malo (véase Psicosis de Hitchcock o Under the skin de Glazer). Pero en este caso la primera, basada en el vacío, la espera y el silencio, parece ser un excesivamente largo preámbulo para la segunda, mucho más narrativa, psicológica y dinámica.

El conflicto principal de la trama se retrasa en exceso, haciendo que los primeros minutos de cinta resulten curiosos pero no absorbentes. Gerster acaba pintando un díptico cuyos lienzos funcionan por separado pero no tan bien en conjunto. Pero eso no quita que firme con La profesora de piano una obra sólida, un equilibrado poema sobre los horrores del arte que acaban resultando en retrospectiva la esencia de este mismo. El arte es trauma y el artista es, por lo tanto, aquel condenado a vivir eternamente con miedo. Con miedo al propio arte o con miedo a la ausencia de él.

Lo mejor: Como se escribe una carta de amor compuesta únicamente de reproches, desprecio y defectos.

Lo peor: Como se pinta un díptico cuyos lienzos funcionan por separado pero no tan bien en conjunto.

Nota: 7/10

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