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Crítica – ‘Buscando a Dory’

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Cartel Dory

Título original: Finding Dory

Año: 2016.

Duración: 103 min.

País: Estados Unidos.

Director: Andrew Stanton, Angus MacLane

Guión: Victoria Strouse (Personajes: Andrew Stanton)

Música: Thomas Newman.

Fotografía: Jeremy Lasky

Reparto: Animation

Productora: Pixar Animation Studios / Walt Disney Pictures

Género: Animación/Aventuras

¿Sabíais que los pulpos tienen tres corazones? Dos bombean sangre a la extremidades y… ¡Hola! ¿Sabíais que los pulpos tienen tres corazones? Esperad. ¡Ay!, lo he vuelto a hacer, ¿verdad? Lo siento, es que sufro pérdidas de memoria a corto plazo. Vale, sí, ya paro. Pero es que después de salir de ver Buscando a Dory no puedo evitar contagiarme de la extraña afección de esta personaje que ya nos robó el corazón en Buscando a Nemo. En un año marcado por las secuelas más o menos necesarias (no vamos a entrar en un debate que se puede extender hasta el fin de los tiempos) Dory llega para recordarnos que siempre debemos seguir nadando, pase lo que pase.

Buscando a Nemo se convirtió allá por 2003 en una de mis películas favoritas, era de esos DVD que siempre estaban en la parte de arriba del cajón de las pelis porque la ponía cada dos por tres (bendito tiempo libre de la infancia). Recuerdo también que por aquel entonces teníamos una pecera en casa y me empeciné en que los peces estaban tristes y que teníamos que soltarlos en el mar. Después descubrí que eran peces de agua dulce y que lo de soltarlos en el río contaminado supondría cuanto menos homicidio. Ahí también comencé a darme cuenta de la faceta destructora del hombre. Lo que os quiero decir con todo este rollo es que Buscando a Nemo supuso para mí una especie de “desautomatización animalista”. Si sabes algo de literatura puede que te estén sangrando los ojos; si eres mi profesor de Teoría de la Literatura, por favor, no pidas mi expulsión de la universidad,  simplemente me apropio de la palabra, pero no del significado que le quiso dar Sklovski (un formalista ruso muy majo). Cuando hablo de “desautomatización” quiero decir que Buscando a Nemo me provocó ese “clic”, ese proceso de reacción mental ante un estímulo de la que ya es imposible volver a un estado anterior.

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Hank es uno de los secundarios que más ayudará a Dory.

“¿Qué nos quiere decir esta nostálgica pesada?”, os preguntaréis. Pues que con Buscando a Dory también he tenido esa sensación de “desautomatización” de hace treces años. Sin embargo, no sé si porque me encuentro en un momento vital distinto, el mensaje me ha calado de una forma diferente y quizás más intensa. Es posible que sea que cuando era una niña buscaba más divertirme y ahora vea un poco más allá. ¡Ojo! Puede que estas palabras puedan dar a entender que estoy menospreciando la mirada de los más jóvenes, y nada más alejado de la realidad. De hecho, me gustaría lanzar una mensaje a aquellos que eran niños en 2003 y sienten que esta secuela les pertenece porque (atención al argumento super maduro) ellos estaban primero y los niños, además de molestar, no sabrán captar toda la esencia de la película. Bueno, para empezar, Buscando a Dory es una película para todos los públicos, todos son todos; y, para terminar, el arte (porque sí, esto es arte) no tiene una sola forma de verlo, si no qué aburrimiento, para eso ya tenemos el B.O.E., los debates electorales y los documentales de La 2. No, en serio, vuestro punto de vista no es el único verdadero. Por ejemplo, para mí Buscando a Dory se resume en un “sigue nadando, sigue nadando, sigue nadando, nadando, nadando”, esa cancioncilla que animó a Marlin en la primera película a seguir buscando a su hijo a pesar de todos los contratiempos.

La olvidadiza pez cirujano era el engranaje perfecto para la acción de la película, su impulsividad a la hora de tomar decisiones creaba un sentimiento de incertidumbre a la hora de saber cuál iba a ser la próxima aventura o desventura en la que iba a meter a Marlin. Eso sí, esta forma de actuar de quien no puede recordar un plan o indicación, acabó llevándolos hasta el número 42 de la calle Wallaby en Sidney. ¿Podrá Dory encontrar ahora lo que andaba buscando cuando se topó con un espantado pez payaso con miedo a los espacios abiertos? ¿Qué era?

Adorable, ¿verdad? Esto es lo que Dory había olvidado en su viaje sin rumbo: sus orígenes. Así, aunque la historia transcurre un año después del final de Buscando a Nemo, lo que buscaremos junto a Dory es su propia identidad. Junto a ella, un nuevo elenco de  secundarios, todo un acierto por parte de Pixar, que no ha caído en la pereza de reciclar personajes. Los más queridos aparecerán como simples figurantes, pero serán las nuevas incorporaciones las que tengan más peso en el desarrollo de la historia. Un pulpo perezoso de siete patas, una tiburón ballena miope, una beluga hipocondríaca o dos leones marinos que sueñan con no moverse jamás de su roca de descanso son algunos de los secundarios que demostrarán a Dory y al espectador que jamás estamos solos si sabemos mirar a nuestro alrededor y abrimos nuestro corazón.

Buscando a Dory consigue salir airosa de la duda que siempre genera una secuela y consigue divertir y tocar la fibra sensible a partes iguales. Unos personajes con profundidad, un guión que parece simple o que, más bien lo hace simple al espectador, y la espectacularidad visual de Pixar se unen para crear una película que ha mantenido la calidad de su predecesora, si es que no la ha superado.

Lo mejor: Dory. Puede parecer un poco simplista, pero lo mejor de la película dedicada a Dory es su protagonista. La secuela recupera a uno de los personajes más queridos y nos muestra el lado más triste de la siempre risueña y positiva Dory. Lo mejor de esta película es esa pegadiza cancioncilla que cobra sentido más que nunca: “Sigue nadando, sigue nadando, sigue nadando, nadando, nadando…”.

Lo peor: Lo peor de esta película no está dentro del propio filme, sino fuera. A algunos de aquellos que eran niños cuando se estrenó Buscando a Nemo les ha dado por pedir (algunos más bien han exigido) que los niños, que sólo ven colorines y que no entienden la profundidad del mensaje, no vayan a a ver Buscando a Dory. ¿Qué no entendéis de “recomendada para todos los públicos”?

Nota: 9/10

 

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