Llegó el momento. Han tenido que pasar más de veinte años para que, por fin, tengamos la oportunidad de ver aquello que durante tanto tiempo fue poco más que un rumor. Un mito urbano. Una leyenda que circulaba entre cinéfilos, coleccionistas, montajes de fans, versiones caseras y pases privados. Esta semana llega por fin a los cines Kill Bill: The Whole Bloody Affair, el montaje completo que reúne en un único visionado la historia de venganza de Beatrix Kiddo (Uma Thurman).
Conviene dejar algo claro desde el principio. The Whole Bloody Affair no es simplemente una versión extendida ni un montaje con escenas eliminadas. Es, en su esencia, la obra tal y como fue concebida originalmente por Quentin Tarantino (Érase una vez en Hollywood) antes de que la decisión de dividir la historia en dos volúmenes alterase su idea inicial.
Estamos ante la posibilidad de redescubrir una obra ya icónica desde una nueva, o más bien, primigenia perspectiva. Para quienes vivieron el fenómeno en su momento, supone cerrar un círculo. Para las nuevas generaciones, es la oportunidad de experimentar por primera vez Kill Bill como un todo indivisible. Y para todos, en definitiva, es una invitación a volver a sumergirse en una de las obras más radicales, originales y personales del cine de principios de siglo.
No hace falta decir que, si a estas alturas no has visto la película, este artículo hará menciones a momentos y escenas que podrían considerarse spoilers (¿realmente se puede considerar spoiler decir algo de una película que tiene más de 20 años?). A continuación, repasaremos las claves que convierten The Whole Bloody Affair en la versión definitiva de la magnum opus del genio de Tennessee.
Tarantino y Thurman concibieron el personaje de La Novia durante la producción de Pulp Fiction en 1994. El realizador escribió el guion mientras vivía en Nueva York entre 2000 y 2001. Originalmente, el personaje fue ideado como una asesina de nazis con una lista que tacharía a medida que los mataba. Tarantino transformó ese personaje en La Novia, y el resto, como se sabe, sería historia.
El rodaje comenzó en 2002, y aunque el montaje por capítulos se presenta fuera de orden cronológico, la película se filmó en secuencia. La secuencia de anime, que repasa la historia de origen de O-Ren Ishii (Lucy Liu), fue producida por el estudio de animación japonés Production I.G, responsable de títulos como Ghost in the Shell. La producción duró 155 días y se desarrolló en tres países: Estados Unidos, China y Japón, con un presupuesto de 55 millones de dólares.
Tarantino presentó la película completa en un único montaje de cuatro horas por primera vez en el Festival de Cannes en 2003 previo a su distribución en salas. Por entonces, Tarantino presentó el corte a Harvey Weinstein, productor de la película y cabeza de la por entonces todopoderosa Miramax. Weinstein, famoso por presionar a los cineastas para acortar sus películas (que le pregunten a Miyazaki) llegó a un acuerdo salomónico: dividir la historia en dos volúmenes, estrenando el primero en 2003 y el segundo unos meses después, en 2004. Además, Tarantino decidió rodar la escena de la lucha de los ’88 Maniacos’ en blanco y negro para obtener una clasificación de NC-17.
Tarantino y Thurman concibieron el personaje de La Novia durante la producción de Pulp Fiction en 1994 (Imagen: Miramax)
El mito de The Whole Bloody Affair
Tuvieron que pasar cuatro años desde su estreno en cines para que Tarantino anunciara, en el Festival Internacional de Cine de Provincetown de 2008, que finalmente se estrenaría una versión única de la historia, titulada Kill Bill: The Whole Bloody Affair, incluyendo una secuencia animada extendida. El montaje de Cannes se proyectó únicamente durante una semana en su propio cine, el New Beverly Cinema de Los Ángeles, en 2011.
Por entonces, The Whole Bloody Affair ya se había convertido en una leyenda. Tarantino conservaba copias en su colección personal y ocasionalmente proyectaba el montaje para amigos, invitados de la industria o en sesiones limitadas. En octubre del año pasado, Lionsgate anunció finalmente su estreno comercial, adelantando que la nueva versión reuniría ambos volúmenes en un único film de 275 minutos, con intermedio, y estaría disponible en dos formatos de exhibición: 35 mm y 70 mm.
Además, en noviembre, Tarantino acordó una colaboración con el popular videojuego Fortnite con El capítulo perdido: La venganza de Yuki, un cortometraje animado creado con Unreal Engine que adapta una escena escrita por el director para Kill Bill que nunca llegó a filmarse. Este segmento se centra en Yuki Yubari, hermana de Gogo Yubari (Chiaki Kuriyama) quien, tras la muerte de su gemela en la Casa de las Hojas Azules, viaja a Estados Unidos en busca de La Novia para cobrarse su venganza. Uma Thurman volvió a participar, dando vida a su personaje a través de captura de movimiento.
Uma Thurman y Quentin Tarantino durante el rodaje de ‘Kill Bill’ (Foto: Miramax)
Las diferencias entre montajes
The Whole Bloody Affair introduce varias diferencias notables respecto a los volúmenes separados. El “viejo proverbio klingon” que abría el Volumen 1 no se muestra, aunque en su lugar se incluye una dedicatoria al cineasta Kinji Fukasaku (Battle Royale).
La secuencia de anime es más extensa y sangrienta, incluyendo planos adicionales de la brutalidad del jefe de la yakuza que asesina a los padres de O-Ren, y ampliando el metraje que muestra su formación como asesina profesional.
La batalla en la Casa de las Hojas Azules se presenta en color, siguiendo el montaje japonés original, a diferencia del blanco y negro del montaje estadounidense. Además, el personaje de Sofie Fatale (Julie Dreyfus) pierde ambos brazos, y la revelación de que la hija de La Novia está viva al final del Volumen 1 no aparece, reemplazándose por un interludio musical de 15 minutos.
Lo único que no se puede asegurar a ciencia cierta es si el montaje que veremos en cines esta semana incluirá ciertas escenas eliminadas. Como el flashback de Bill (David Carradine), una secuencia en la que el personaje lucha contra el actor y artista marcial Michael Jai White, supuestamente eliminada por problemas con el doblaje, o algunas escenas adicionales del entrenamiento con Pai Mei (Gordon Liu) que no llegaron al corte final.
Kill Bill: The Whole Bloody Affair es la versión definitiva de una película un homenaje sangriento y elegante al cine de género. Un festín absoluto, un cóctel de violencia estilizada, artes marciales imposibles, diálogos afilados y humor negro que tan solo Quentin Tarantino podría concebir. Una experiencia total que redefine que marcó una época y que sigue influyendo en generaciones de cineastas y espectadores, recordándonos que el cine puede ser a la vez brutal, poético y absolutamente inolvidable.
Fotograma a blanco y negro del Capitulo 5: Showdown at the House of Blue Leaves en Kill Bill: Vol.1 (Imagen: Miramax)