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¿A qué se debe el batacazo en la audiencia de los Oscar?

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La madrugada del domingo 25 al lunes 26 de abril estuvo marcada para todos los amantes del cine por la celebración de la 93ª ceremonia de los premios de la Academia de Hollywood, los Oscar. Es necesaria la especificación de ‘para todos los amantes del cine’, ya que, hace años, la gala de los Oscar era un evento que despertaba los intereses de un mayor público general que, aunque no estuviera familiarizado con las películas protagonistas de la temporada, hacía el esfuerzo de pasar la noche en vela para ver a las mayores estrellas de la pantalla en la gran noche del cine anual. Desde hace unos años esto ya no es así, y es que incluso los amantes del séptimo arte han perdido interés por estos premios y el tremendo batacazo que se ha pegado la Academia este año en cuanto a datos de audiencia así lo refleja.

Nielsen, uno de los principales proveedores de datos de audiencia de EEUU, anunció el pasado lunes que la audiencia de la ceremonia había sido de 9,85 millones de espectadores, un desplome de nada más y nada menos que un 58% con respecto al año pasado, fijado en 23,6 millones.

Nuevo mínimo histórico en los datos de audiencia de la gala que no hacen más que dejar claro el desinterés del público por este tipo de eventos. Una de las razones que no debemos obviar este año es la pandemia, que ha afectado a todo el mundo y que ha hecho que, más allá del atraso de muchos estrenos que se antojaban ‘taquillazos’ (Dune, 007: No Time to Die…), las películas que han llegado a las salas han sido de un corte más ‘indie’ con caras menos conocidas y atractivas para un público general. La no presencia entre los nominados de grandes estrellas como Brad Pitt, Leonardo di Caprio, Meryl Streep o directores como Quentin Tarantino o Martin Scorsese, ha alejado a los fans de estas figuras de la retransmisión de la ceremonia.

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Chloe Zhao posando con sus dos premios Oscar el pasado domingo (Foto: EFE/EPA)

Teniendo esto claro, otra de las principales razones que ha hecho que las audiencias de la gala de los Oscar no hayan dejado de descender en la última década es clara: las ceremonias son cada vez más aburridas. Este año ha sido el summum (a pesar del intento de Steven Soderbergh de revolucionar el formato), pero la tónica general en los últimos años es preocupante. La apuesta de la Academia desde hace unos años en torno a alejarse de la comedia constante y prescindir de presentadores que conduzcan todo el acto ha resultado un error. Pasar de Ellen DeGeneres o Hugh Jackman a unas galas en las que los presentadores son itinerantes y se alternan casi con cada paso de categoría no ha cuajado y ha hecho que este evento pase de ser una atracción mundial a una retransmisión que solo seguirán los que hayan estado al tanto de la actualidad cinematográfica del año.

La ‘guinda’ del pastel ha sido el descalabro de la ceremonia del pasado domingo, plagada de decisiones horribles: el cambio de la presentación a través de anécdotas de los nominados de diversas categorías en lugar de los clásicos clips de las películas ha resultado, a grandes rasgos, una equivocación que adormeció más aún el ritmo de la gala; el ‘in memoriam’ contrarrestó el bajo ritmo de la misma pero con un resultado tétrico acompañado de una música para nada acorde al momento y una velocidad de reproducción de los nombres e imágenes fugaz y casi irrespetuosa; la decisión de cambiar el orden de entrega de los premios finales (normalmente, el premio más esperado, el de Mejor Película se reservaba para el cierre) se vio aún más errónea ante el despropósito de la no presencia de Anthony Hopkins, premiado como Mejor Actor Protagonista y cuyo anuncio y recepción por parte de Joaquin Phoenix fue realmente abrupto, poniendo punto final a un esperpento como no podría ser peor.

La Academia debe cambiar muchas cosas de cara a un repunte de audiencia cuanto antes. ¿Soluciones? Quizás ayudaría el pedir a las grandes estrellas antes mencionadas su presencia en la gala aunque no hayan sido nominados ese año para atraer a una mayor audiencia. También sería una buena decisión la reinclusión de los números musicales en el transcurso de la ceremonia y no durante el preshow como aconteció este año. Y lo más primordial es la contratación de unos guionistas que consigan crear una gala entretenida (aunque la Academia busque algo sobrio y más serio) que vuelva a enganchar al público y consiga hacer de nuevo de esta noche la más especial del mundo del cine.

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