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‘Siervos’, sobre el comunismo y el miedo

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Siervos

Título: Siervos

Año: 2020

Duración: 80 min.

País: Eslovaquia

Dirección: Ivan Ostrochovský

Guion: Rebecca Lenkiewicz, Marek Lescák, Ivan Ostrochovský

Música: Cristian Lolea, Miroslav Toth

Fotografía: Juraj Chlpík

Reparto: Vlad Ivanov, Martin Sulík, Milan Mikulcík, Zvonko Lakcevic, Samuel Skyva, Vladimír Strnisko, Samuel Polakovic, Vladimír Zboron, Vladimír Obsil, Tomas Turek

Productora: Coproducción Eslovaquia-Rumanía-República Checa-Irlanda; Punkchart films, Point Film, RTVS, Negativ s.r.o, Film and Music Entertainment, Libra Films Productions, Hai-Hui Entertainment, Sentimentalfilm

Género: Drama

Ficha en Filmaffinity

Tras pasar por la Sección Encuentros del Festival de Berlín y por la Sección Oficial de la Seminci (con la que se alzó con el premio de Mejor Director), llega este viernes 28 de mayo a los cines Siervos, un thriller eslovaco sobre la Checoslovaquia comunista.

Desde 1948, cuando el Partido Comunista irrumpió en Checoslovoquia, la policía secreta persiguió a los sacerdotes que no se adaptaban a las nuevas condiciones. Para controlar y manipular a la iglesia, el estado creó una organización llamada “Pacem in Terris” formada por clérigos que colaboraban con el régimen y que se colaron dentro de las estructuras eclesiásticas.

La película se desarrolla a principios de los años 80, tras tres décadas de gobierno comunista, cuando la sociedad checoslovaca está experimentando un fuerte declive moral. El foco está en Michal y Juraj, dos jóvenes estudiantes de Teología en un seminario de Checoslovaquia. Sus tutores, atemorizados con el cierre de la escuela, moldean a los seminaristas para satisfacer las directrices del Partido Comunista. En este clima de tensión, los jóvenes se mueven entre colaborar con el régimen o defender sus convicciones y someterse a las presiones de la policía secreta.

Siervos

Siervos, dirigida por Ivan Ivan Ostrochovský y co-escrita por él mismo, Rebecca Lenkiewicz (Ida) y Marek Lescák, cuenta con un formalismo estético apabullante. Si la narrativa de la película se mueve entre lo sutil y lo delicado, la forma es completamente lo opuesto. Con grandes excentricidades del cine más autoras, se asemeja mucho al formalismo polaco reciente de Pawel Pawlikowski (Ida, Cold War).

La fotografía de Juraj Chlpík fue de lo más destacable en la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Rodada en 4/3 y en blanco y negro, Siervos consigue formar unos preciosos encuadres con este formato tan cerrado. Una puesta en escena monocromática que no tiene nada que envidiar a las de las películas de Pawlikowski. Sin embargo, ese formalismo tan imperante hace que se pierda fuerza en la narrativa de la historia que se nos está contando.

En la película podemos ver todo un sistema corrupto atado al comunismo vigente en los años 80. “Todos somos siervos de una ideología u otra”, comenta Ostrochovsky. “Estamos constantemente bajo la influencia de poderes más o menos visibles relacionados con la política o la religión, la riqueza o la pobreza. Nos demos cuenta o no, estos poderes controlan y a pasar lento, pero seguro van transformando nuestros valores y nuestras actitudes”.

Servants

La relación entre ambos jóvenes está tratada con mucha sensibilidad y, por momentos, resulta algo homoerótica. La belleza de los protagonistas, la amistad entre estos, sus cuerpos desnudos… Estos elementos transportan de alguna manera a una película de cine patrio que también trata la represión en la sociedad y los entresijos de la Iglesia. Hablo de La mala educación, de Pedro Almodóvar. “Decidimos situar la historia en un seminario teleológico por varias razones”, comenta el director. “La más importante era que le conflicto moral entre los dos amigos protagonistas era mucho más intenso tratándose de teólogos puesto que el comportamiento ético para el Cristianismo es algo prioritario”.

La luz, los planos, el humo, la banda sonora de Miroslav Tóth… todo es bonito en Siervos. La película pone énfasis en las emociones de los personajes a través de la arquitectura y las localizaciones, evocando así a lo que su director llama “la parálisis y el miedo espiritual”.

Lo mejor: los planos cenitales del edificio principal

Lo peor: con su formalismo se pierde profundidad narrativa

Nota: 7,5/10

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