Series que son un buen negocio (LXX): ‘Unicornio salvaje’, competencia exprés

He aquí una historia ligeramente edulcorada, pero muy entretenida, en la forma tan apreciada en países emergentes. En ocasiones, absolutamente entregados al sueño aspiracional, al ansia comprensible por abandonar la peor de las dos realidades socioeconómicas. Unicornio salvaje narra el ascenso de la nada de una empresa logística en Tailandia, a partir del empeño, empecinamiento más bien, de su fundador.

Provenir de un entorno rural, muy humilde, donde la pobreza y la escasez son rutina, es un buen combustible para poner en marcha esas ansias de progresar económicamente. Que la necesidad agudiza el ingenio, no es para nada algo descabellado ni utópico. Este joven pluriempleado, además posee una cualidad esencial para tener éxito en su emprendimiento: la observación de la realidad, mucha motivación, e instinto de negocio.

En los primeros capítulos, se detalla su innegable vocación de comerciante, y su estímulo por «ser el primero de la fila». Una mentalidad que hará las delicias de los defensores del ‘coaching’ ensoñador y/o los creyentes de la llamada cultura del esfuerzo. Más allá de mantras y pensamiento positivo sobre las bondades de matarse a trabajar por un proyecto, es cierto que la perseverancia (y el hambre) llevan a este joven a la consecución de un gran hito. Parcialmente inspirado en la historia real del primer unicornio de Tailandia. Es decir, una de esas empresas emergentes de rápida capitalización multimillonaria…

Una vez expuesta la realidad socioeconómica del protagonista, con el trascurso de los episodios, hallamos la manera en la que lleva a cabo su particular estudio de mercado e investigaciones comerciales. Ya sabemos por los gurús de Silicon Valley y otras industrias que, inventar no es imprescindible. Se trata “sólo” de mejorar, adaptar o imitar tendencias observadas en otros lugares o empresas. ‘Benchmark‘ lo llaman, compararse y aprender de los mejores, perfeccionando su técnica y servicio. «Si alguien copia tu idea o modelo de negocio, es que funciona».

Sin miedo ninguno a la competencia (Fotograma: Netflix)

Tras haber pasado por capataz de obra, encargado de mina, guía turístico, vendedor ambulante; da con la idea de negocio que además satisface una necesidad no cubierta en el mercado. Un servicio logístico aprovechando el auge imparable del comercio online, y en el mercado asiático, pero con envíos rápidos y muy económicos.

«Donde hay problemas, está el dinero», hay saber verlo, hay que conocer a los clientes, lo que necesitan. Ahora bien, nuestro joven emprendedor necesita hacerlo viable financiera y técnicamente. La historia de toda ‘start-up, la idea tiene que hacerse realidad, algo muy economicista pero cierto. Resulta esencial tener un exhaustivo control de costes financieros para llevar a cabo todos los envíos de paquetes. No se puede sustentar todo en agresivas políticas comerciales, con envíos ultrarrápidos y tarifas mínimas…

Para ello además, la clave está en diseñar un algoritmo para clasificar pedidos y organizar bien el almacenaje y el inventario. Sin tecnología, ni una buena división del trabajo no es viable realizar una logística eficiente que genere beneficios. Por ese motivo, le acompañan en el comité directivo, un director técnico algo peculiar y su admirada directora financiera. Por cierto, y para fortuna de este joven CEO, algo que se queda en amor platónico, vista la cascada de ceses en nuestros días de muy altos directivos por romances intraempresa.

La lealtad y la resistencia a las traiciones y complots, es otra ventaja competitiva que el joven fundador trata de ensalzar en todo momento. Por eso la cohesión del equipo y la motivación en el trabajo se vuelve tan importante a la vista del desenlace final de esta serie. Aunque las condiciones laborales que se observan sean muy chocantes para cualquier occidental.

La curva de aprendizaje para este joven e inexperto funciona bastante bien, pese a los intentos del viejo y perverso Kanin, inversor que se apropia de la idea cuando aparentaba ser su socio inversor. Un despiadado hombre de negocios que se convierte en su némesis y su acicate para competir hasta el extremo. Un rival al que superar, un modelo que siempre funciona. Aunque recibir sabotajes, espionaje industrial y todo tipo de trabas sea duro de soportar.

Así que esta historia tan similar en cierta medida a Tigre Blanco, aunque más cándidamente ingenua, es una buena representación de cómo el emprendimiento desde cero y con el fomento de una buena competencia, por agresiva que sea la de estos repartidores de paquetes (‘riders’), es muy positiva para el servicio y principalmente para que el consumidor que pueda elegir proveedor y sobre todo disfrutar de precios competitivos.