Título original: Monsieur Aznavour
Año: 2024
Duración: 133 min.
País: Francia Francia
Dirección: Mehdi Idir, Grand Corps Malade
Guion: Mehdi Idir, Grand Corps Malade
Reparto: Tahar Rahim, Bastien Bouillon, Marie-Julie Baup, Petra Silander, Rupert Wynne-James, Tiffany Hofstetter
Música: Varda Kakon
Fotografía: Brecht Goyvaerts
Compañías: Pathe Films, Kallouche Cinéma, Mandarin Production, Beside Productions. Distribuidora: Pathé
Género: Drama | Biográfico. Música
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Tenía todas las papeletas para no triunfar en la música de la época: era un cantante feo, de voz ronca y rasgos exóticos (pero no los del lado del planeta «correcto», el de las célébrités). Creció, además, en una Francia pobre y desangrada por el dolor del siglo XX. Esta es la historia real de Charles Aznavour, Monsieur Aznavour, un refugiado armenio de origen muy humilde que se abrió paso en una época asesina, y de cómo se convirtió en uno de los músicos más exitosos del momento. Porque, a pesar de tenerlo todo en su contra, la música de ese patito feo devolvió la belleza a la vida.
Puede que sea el enésimo biopic musical de los últimos años, pero la vida de Charles Aznavour merecía ser contada. Es la historia cinematográfica por excelencia, aquella del que empieza desde lo más bajo para abrirse paso en un mundo hostil. ¡Incluso los nazis acechan en las esquinas! Pero, ¿logra Monsieur Aznavour ser una buena película?

Lo que no cabe duda, respondiendo a la pregunta, es que su banda sonora es uno de los platos fuertes, pero no el único. El carácter histórico de esta cinta, que abarca los años de vida de Aznavour (1924-2018), se ve reflejado en una ambientación muy conseguida y una fotografía de mucha calidad. La narrativa audiovisual acompaña muy hábilmente el pasar del tiempo, con transiciones muy bien construidas que sintetizan tantos años vividos (o sobrevividos) y que se funden con la música que hizo famoso al cantante y compositor. Y el transcurrir de su vida se refleja eficazmente, como pocas veces sucede, en la buena caracterización y maquillaje de los personajes, todo ello con la ayuda de muy buenas actuaciones.
En definitiva y aunque hay mucho humor, todo se conjuga en Monsieur Aznavour para transmitir la nostalgia que el propio compositor imprimía en sus canciones; o como recitaba dolorosamente en ‘La bohème‘: «Je ne reconnais plus ni les murs, ni les rues qui ont vu ma jeunesse en haut d’un escalier [Ya no reconozco ni las paredes ni las calles que vieron mi juventud en lo alto de una escalera]». Porque, al final de una vida llena de tristezas, amores, desamores, desilusiones y reconocimiento, pudo haber dudado el artista en su ocaso si mereció la pena tanto esfuerzo y dolor, pero el mundo hubiera sido más feo sin su música.


