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Locuras de cine: ‘Poultrygeist’

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En 35 Milímetros hemos criticado muchos trabajos cinematográficos, pero aún no habíamos enfocado nuestra lente encima de alguna cinta de Troma Entertainment, la legendaria y casi autodestructiva productora responsable de muchos productos del género Explotation, con barbaridades fílmicas del calibre de El Vengador Tóxico, El Condón Asesino, o éste, su último polluelo, PoultryGeist. ¿Nos acompañáis a comer una ración de pollo zombi?

Antes de nada, debo advertiros, queridos lectores, que éste no es un típico menú de cine, fácil de digerir y de olvidar: estamos hablando de un producto de Troma, y eso quiere decir tres cosas: violencia extrema, sexo, y escatología, y normalmente, aparecerán estos ingredientes muy, muy mezclados, en el más asqueroso de los purés que os podáis imaginar. Obviamente, éste artículo estará repleto de anécdotas de la película, que en su gran mayoría pueden ser dañinas para algunas sensibilidades, así que avisados quedáis.

Los personajes son tan clichés, que dan la vuelta, convirtiéndose en perfectas parodias de ellos mismos

Pasando a la burrada fílmica que nos ocupa en esta ocasión, Poultrygeist es la última cinta rodada por Troma, dirigida por el incombustible cofundador de la misma, Lloyd Kaufman, una auténtica leyenda en el cine independiente, con un presupuesto de 500.000 dólares, extremadamente bien aprovechado, en enormes cantidades de líquidos viscosos varios, sangre artificial y maquillaje.

La historia que narra Poultrygeist sólo puede ser calificada de alucinógena: Arbie y Wendy, tras celebrar su graduación teniendo relaciones sexuales en un cementerio indio -con la penetración anal de un dedo zombi incluida, algo que cobrará una incómoda importancia durante la cinta- se separan durante unos meses prometiéndose amor eterno. tiempo después, Arbie regresa, y descubre el cementerio convertido en un establecimiento de pollo frito, y a Wendy manteniendo una relación lésbica mientras protesta por la apertura del establecimiento. En venganza, Arbie entra a trabajar en el American Chicken Bunker, que está siendo poseído por espíritus indios.

El maquillaje de las producciones de Troma siempre es espectacular y muy particular

¿Ya os habéis recuperado? Pues estamos ante los minutos más tranquilos de la película. A lo largo de sus 103 minutos, podremos ver escenas tan aberrantes como un empleado eyaculando sobre comida mientras otra empleada reza mirando a la Meca, la sodomía y posterior venganza de un pollo muerto, o cientos de zombis con pico de pollo devorando a aterrados clientes en claras alusiones a menús de pollería, siendo la explosión fecal de un hombre obeso -con todo lujo de detalles- una de las escenas más suaves del film. Ah, y un ligero detalle: muchas de estas barbaridades ocurren al ritmo de la música. Sí, aunque os parezca mentira, estamos ante una comedia musical, con actuaciones bastante logradas. No es broma.

La inocentísima Humus es uno de los mejores personajes de la película, con momentos descacharrantes

Ver esta película no es algo cómodo, pero a la vez, es algo rematadamente divertido. Uno de los aspectos más interesantes del film, es que en medio de su crítica sin tapujos a la sociedad americana en su conjunto, y su humor grueso propio de South Park, encontramos un film que quiere aparentar ser un desastre, siendo justo lo contrario. El director se burla de muchos tópicos presentes en el cine, especialmente en el de serie B, incluyendo clarísimas referencias sobre el racismo de los clichés -por ejemplo, el del militar de color traumatizado con anteriores experiencias- llegando a incluir escenas sin ningún sentido a propósito, como el regreso sin ningún tipo de explicación de un personaje que había muerto. Se trata de una película que examina al espectador, al que puede, sin ningún rubor, tildar de tonto, o arrancarle una sonrisa cómplice.

Sin más, si tenéis un estómago fuerte, y sobre todo si no estáis cenando pollo, os recomiendo encarecidamente perder el apetito por las alitas unos días, a cambio de ver una de las películas que más merece, y a mucha honra, el apelativo de Locura. Nos vemos en la pollería, queridos lectores.

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