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‘La noche de los reyes’: Contar historias para sobrevivir

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la noche de los reyes

Título original: La nuit des rois

Año: 2020

Duración: 90 min.

País: Costa de Marfil

Dirección: Philippe Lacôte

Guión: Philippe Lacôte

Música: Olivier Alary

Fotografía: Tobie Marier-Robitaille

Reparto: Issaka Sawadogo, Steve Tientcheu, Denis Lavant, Rasmane Ouedraogo, Bakary Koné, Abdoul Karim Konaté, Laetitia Ky

Productora: Coproducción Costa de Marfil-Francia-Canadá-Senegal; Banshee Films, Peripheria Productions, Wassakara Productions.

Ficha en Sensacine

Sin conocer el trabajo del director, la película que nos acontece me lleva por unos derroteros que desconocía y que, sin embargo, me crea un cierto interés por una cultura que desconozco. El trabajo de Philippe Lacôte funciona tanto para los conocedores de la historia de Costa de Marfil como para los que no. Su magia e intensidad, sobre todo en los primeros veinte minutos, plantea al espectador muchas preguntas. Las mismas que se hace el protagonista llamado Roman (Bakary Koné).

La noche de los reyes nos pone en su piel desde el principio. No entendemos al comienzo lo que ocurre y también como él, queremos sobrevivir contando la historia que le es obligado a contar.

La noche de los reyes
Roman (Koné Bakary) narrando su historia en una escena de ‘La noche de los reyes’

Porque la producción ganadora del National Board of Review (NBR) a Mejor película extranjera del año, y los premios a Mejor fotografía y sonido en el Chicago Film Festival, va de eso. De utilizar el ingenio, la creatividad para crear una historia y sobrevivir.

Una prisión, presos deseando entretenerse, y Roman recurre a lo que es tan antiguo como el mismo ser humano, contar historias.

Un claro homenaje a la tradición oral africana y a otra sub-historia dentro de la historia principal, los conflictos en el país. La prisión como metáfora de la situación actual es una delicia para un espectador occidental acostumbrado a este tipo de narrativas dentro de otras con varios mensajes.

El guion y la atmósfera son sublimes solo afeadas por unos efectos especiales impropios del avance tecnológico actual. Aún así, el espectador intenta descifrar cada una de las historias que suceden tanto dentro como fuera de prisión.

Un trabajo interesante con unas interpretaciones sorprendentes, incluida la del único personaje blanco en la película, el cual lleva un gallo en el hombro y es, curiosamente, el que le intenta salvar de la traición. Metáfora evidente de Jesucristo, ese «genio» que tenía el gran poder de la comunicación y, por lo tanto, de contar historias.

Lo mejor: El homenaje a la cultura oral africana, el guion y la fotografía.

Lo peor: Los efectos especiales en la recta final.

Nota: 6’8/10

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