Tras una larga espera, por fin comienza a asomar la cabeza La casa en el árbol, el debut en la gran pantalla de Luis Calderón, que promete causar una gran sensación entre los amantes del terror noventero que se han criado entre los VHS de los videoclubs, o para los modernitos que extrañan esa época que no llegaron a vivir.
Esta película cuenta la historia de Ale, quien buscará vengarse de una extraña presencia que un día le arrebató parte de su vida. Este slasher generacional cuenta con un reparto de lo más curioso. Actores consagrados como Sandra Escacena o Kándido Uranga; otros, de nueva generación como Claudio Portalo; y debutantes del séptimo arte con carreras en otros ámbitos como Apolonia Lapiedra o Mala Rodríguez. Un cóctel de lo más interesante.
La casa en el árbol promete ser una epopeya terrorífica que conversa con el género desde sus entrañas. Con motivo del reciente estreno de su tráiler, hemos charlado un rato con el artífice de esta cinta que, a pesar de que tener fecha de estreno, nos mantiene en vilo para poder apuntar su salida en el calendario.
PREGUNTA: Antes de empezar con la entrevista quería felicitarte por el trabajo que habéis hecho y me gustaría preguntarte cómo te sientes ahora que ves el proyecto terminado o a punto de terminar
LUIS CALDERÓN: Muchas gracias. En primer lugar, me siento muy cansado, la verdad (ríe). Ha sido un rodaje muy duro. Se ha disfrutado mucho, pero ha sido un proceso muy cansado. He aprendido mucho, pero ahora solo tengo ganas de descansar y recuperar.

P: Debutas ahora con tu primera película, pero me gustaría que me contases un poco quién es Luis Calderón, de dónde viene y por qué tiene tanta pasión por contar historias de terror.
LC: Luis Calderón es un chaval de Sevilla, vive en Alcalá de Guadaira. Es curioso porque pienso que vivimos en un momento muy retro, en el que la nostalgia vende mucho. Fui un niño crecido en los noventa. Recuerdo criarme en los videoclubs, que para mí era un lugar en el que perderme. Recuerdo acercarme a la sección de terror y flipar solo con las carátulas de ciertas películas. Recuerdo la carátula de La última casa a la izquierda o la de Zombie II. Todo ese imaginario se apoderó de mí, creo que también he tenido cierta atracción por lo oscuro, aunque no sé muy bien por qué. Seguramente porque el cine de terror representaba lo prohibido, y eso me atraía.
P: ¿Cómo surgió La casa en el árbol?
LC: Nace de la necesidad de adentrarse en el cine. Somos una productora pequeña (La Barbería Films) y queríamos adentrarnos en la industria y hacerlo a nuestra manera. Venimos de la universidad, donde siempre nos han inculcado que el cine está reservado para unos pocos. Nosotros queríamos romper con eso y nuestra idea de hacer una película de terror visceral pero con un mensaje contundente era una máxima. Digamos que esas eran las dos grandes excusas para hacer la película: romper los estereotipos de quién puede hacer cine y tratar de hacer una película de terror con un mensaje claro.
P: Me parece muy interesante la elección de casting, mezclando a gente más experimentada como puede ser Kándido Uranga y Sandra Escacena, con primerizas como Mala Rodríguez y Apolonia. ¿En qué consistió esta decisión y cómo ha sido el trabajo con los actores?
LC: Para mí, el casting siempre es algo muy importante. Le doy mucha importancia a quién puede dar vida a ese personaje que va a acompañarte durante tanto tiempo. Otra cosa que también me parece muy importante es hacer las cosas desde el hambre, desde las ganas de dar un golpe en la mesa y cambiar un poco las reglas del juego. Por eso, sentía la necesidad de buscar un elenco que de alguna forma representara los valores que quería transmitir con esos personajes. Por ejemplo, trabajar con Sandra ha sido un placer muy grande, yo la conocí en Verónica, como casi todos, y me quedé fascinado. Con esta película, siendo más modesta, siempre me han intentado convencer de que iba a ser muy complicado que ella quisiera sumarse al proyecto, pero creo que la fuerza del guión, la historia y sobre todo su personaje, la terminaron ayudando a tomar la decisión. Ella ha respondido súper bien, siendo un trabajo muy físico y muy sacrificado. Con Kándido, que pienso que es un actor brutal, lo demuestra en películas como Errementari de Paul Urquijo, siento que tenía un cariz especial para su papel. De alguna forma, esto encajaba muy bien con Apolonia o Mala Rodríguez, que son fuerzas en sí mismas. Creo que para la atmósfera que quería conseguir, ellas tenían un recorrido en dos sectores que sigo mucho, y siempre las vi con mucha capacidad para entrar en la película. Fue muy fácil trabajar con ellas.

P: Por lo que tengo entendido, fue un rodaje muy duro, me gustaría que me contases un poco cuáles fueron las adversidades del proyecto y cómo conseguisteis sobrevivir a las jornadas de nocturnidad.
LC: Tú que eres de Sevilla como yo seguro que me entiendes (ríe). Piensa en hacer un rodaje nocturno, en Vizcaya, a veces casi a cero grados. Ya solo dar la primera claqueta fue una adversidad. Yo creo que en este país se está perdiendo el director de cine joven, como pudo ser en su día Amenábar. Yo creo que el sistema de financiación no responde a lo que los directores necesitan. Aparte de eso, creo que el resto de problemas son los típicos que hay en cualquier rodaje. Pero creo que el equipo respondió a la perfección, fuimos todos a una y ahora nos queda competir con el resto de películas en festivales partiendo de una película que ha contado con un tercio del presupuesto menos que el resto.
P: Me interesa mucho conocer el universo particular de la gente a la que entrevisto, y estoy seguro que un director tan apasionado del género como tú tiene unos referentes muy especiales. ¿De dónde dirías que sacas la inspiración para hacer tu trabajo?
LC: Es una pregunta muy chula. Cuando escribí La casa en el árbol había un rombo de de inspiraciones que tenía presente. Por un lado, estaba todo el cine de terror de finales de los noventa y principios de los dos mil, con toda la era post Scream que se hizo en Norteamérica o todo el terror francés tan visceral de aquella época. También bebe de la emocionalidad de directores como Shyamalan o Amenábar, a la hora de contar las historias con cierta sensibilidad. Por otra parte, soy un director al que le gusta mucho el ritmo, y en ese aspecto siempre he tenido muy presente a Nolan. Por último, creo que es una película radical, y las referencias para abordar el mensaje han venido de la mano de gente como Gaspar Noé o Haneke. De alguna forma, también la cultura urbana de este país ha formado parte del proceso de la película. Eso, sumado a autores que me encantan como Almodóvar o Sam Peckinpah, que siempre estarán presentes en lo que hago de una forma u otra, son el caldo de cultivo para haber hecho una película como La casa en el árbol.

P: España está sufriendo una transformación en su panorama cinematográfico, estamos viendo logros a nivel intencionalidad muy importantes, como puede ser el caso de Carla SImón con Alcarrás, que se llevó el León de Oro en Berlín, o el reciente caso de Oliver Laxe con Sirat en Cannes; sin embargo, dentro del país los taquillazos siguen siendo sagas de comedia. ¿Hacia dónde crees que se dirige nuestra industria? ¿Crees que el cine español tiene más acogida fuera que dentro del propio país? ¿A qué achacas este fenómeno?
LC: Yo creo que la industria tiene que cambiar. Creo que está mal compuesta desde el origen, tanto desde el sistema de ayudas como desde la no competencia de nuestras películas en los mercados. Creo que a veces no se premia con dinero el cine que queremos ver como público. No creo que el problema esté en que las comedias rompan la taquilla, sino que únicamente se potencia un tipo de cine. Yo creo que hoy en día se hacen películas pensando directamente en cuál puede recibir una ayuda en lugar de hacer la película que realmente quieres, y hay que luchar contra eso porque saldremos todos beneficiados. Creo que no estamos dándole al público lo que quiere. El sistema de ayudas es un bien primordial, pero creo que hay que buscar un financiar un tipo de cine que conecte más con el público. No puede ser que veamos películas cortadas con la misma tijera y que una película como La casa en el árbol sea imposible de hacer.
P: Ahora que has terminado tu primer proyecto, ¿en qué depositas tus pensamientos? ¿Ya has planeado tu siguiente movimiento o piensas solamente en descansar?
LC: Siempre está uno trabajando en nuevas ideas. Lo que sí es cierto es que ahora me gustaría sentarme a disfrutar de La casa en el árbol, de todo el proceso y del resultado final. Es cierto que siempre hay que tener un par de guiones escritos, pero ahora toca descansar.
P: No solamente has dirigido la película, sino que también has guionizado la historia y has desempeñado labores de producción. ¿Cómo de importante te parece ser dueño absoluto de tu creación y qué importancia tiene relegar tareas a otros compañeros?
LC: El cine es un trabajo en equipo. Sin el equipo, La casa en el árbol sería imposible; sobre todo, hay cierta parte del equipo que ha invertido más de lo que tenían que dar. Hay gente que lleva conmigo un lustro, desde que empezó a originarse todo. Este proyecto nace en 2020 y hasta 2025 no va a ver la luz. Yo estoy muy agradecido a gente como María, Luis o Kevin que han estado desde el principio. Dicho esto, creo que es importante tener el máximo control creativo de tu obra, hay una cierta pretenciosidad que es importante en este aspecto. Este no es un trabajo para mí alimenticio, las películas en este momento nos cuestan dinero. Tengo la suerte de que mi productora puede generar ingresos que no tienen que ver con el cine. Entonces, si hemos apostado por el cine, me parece importante luchar con uñas y dientes por tener el control creativo. No se puede ganar siempre, pero hay que blindarse si se puede.

P: La casa en el árbol es una historia de lo más arriesgada, llena de violencia física, sangre y locura. ¿Cuál es para ti la importancia de contar este tipo de historias? ¿Cómo de valioso es instrumentalizar la violencia para contar la realidad?
LC: Esta pregunta es chula. Recuerdo una entrevista de Tarantino en la que le preguntaban algo parecido y él respondía “porque la violencia es divertida”. (Ríe). En este caso no es así, porque La casa en el árbol trata de ser un ensayo sobre el slasher, en donde siempre hemos visto a una chica indefensa siendo perseguida por un hombre. Para nosotros, esta película pretendía ser un un juego para cuestionar todos esos valores tan masculinos que representan los psycho killers de las películas de terror, que en este caso están representados desde el punto de vista de Ale, que es el papel que representa Sandra.
P: Para terminar con la entrevista me gustaría preguntarte cuál es la importancia de ver La casa en el árbol y por qué la gente debería ir a las salas.
LC: Voy a decir algo que entronca muy bien con algo que dijo el otro día Métrika, que dio un discurso en redes después de que una de sus bailarinas sufriera una agresión tránsfoba durante un concierto. Decía que antes ser un fascista era una vergüenza, y ahora parece que es algo que se lleva con cierto orgullo. Hay gente que piensa que esto es reaccionario y que es outsider, cuando es todo lo contrario. Por eso, creo que es el momento de hacer películas o arte contra esto, que sea combativo. Yo creo que La casa en el árbol lo intenta y espero que lo consiga.


