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Hernán Zin (‘Todos somos Gaza’): «Dirigir sin estar en el terreno es lo más duro que me ha pasado en la vida.»

Desde hace más de tres décadas, el reportero de guerra, escritor y documentalista Hernán Zin (Buenos Aires, 1971) ha recorrido más de 80 países explorando conflictos armados y crisis sociales con una cámara siempre lista. Su mirada directa ha dado voz a vidas silenciadas en Afganistán, Somalia, Siria y, especialmente, la Franja de Gaza.

En 2014, Zin dirigió Nacido en Gaza, un documental que retrataba la infancia en medio de la guerra. Diez años después, regresa con Todos somos Gaza, una continuación que no solo sigue a aquellos niños convertidos en jóvenes, sino que busca mostrar lo que ha sucedido en una de las zonas más sitiadas y menos accesibles para los periodistas.

En esta entrevista, Zin reflexiona sobre cómo ha cambiado su mirada como cineasta y como persona, y por qué sigue empujándose a contar historias que desafían el olvido, frente a la inacción de gobiernos y medios ante esta creciente tragedia humana.

PREGUNTA: Todos somos Gaza es una continuación directa de Nacido en Gaza. ¿Cómo ha cambiado tu mirada como cineasta y como persona entre 2014 y hoy? ¿Qué te sigue empujando a contar estas historias?

HERNÁN ZIN: Lo que me sigue motivando es que el mundo parece que cada día va peor. El título del documental, Todos somos Gaza, no se refiere a somos Gaza de forma literal, sino a que podemos ser Gaza.

La tecnología de la empresa Palantir, que usó Israel para matar civiles en Palestina, es la misma que usa el ICE para matar civiles en Estados Unidos o detenerlos ilegalmente. El hecho de que unos milmillonarios paguen un genocidio demuestra que estamos avanzando hacia un mundo de señores tecnofeudales que quieren controlarlo todo. Vienen a por nuestras casas, a por nuestros puestos de trabajo, con la IA como guía. Y esto es un llamado de atención para despertarnos por Gaza, pero también por nosotros mismos.

Eso es lo que me motiva, porque creo que hay que salvar el planeta y empezar a frenar estos movimientos extremos. Todo está relacionado: la cosificación del otro, ya sea un palestino o un inmigrante que viene honestamente a trabajar, a cuidar a sus hijos, en España o en EEUU. Hay un patrón muy claro. El mundo va hacia una deriva muy peligrosa y creo que Gaza es la punta del iceberg. Y claro que eso me motiva, porque soy un ciudadano con herramientas y con muchas ganas de seguir dando guerra.

Cuando entiendes bien cómo funcionan los temas políticos y cómo se maneja todo, sabes que primero fueron los gazatíes, después serán otros, y al final serán nuestros derechos los que recorten. Así que hagamos uso del egoísmo inteligente. Hagamos algo por Gaza, porque al hacerlo, también estamos haciendo algo por nosotros.

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Fotograma de ‘Todos somos Gaza’

P: Este documental es único porque ha sido rodado por cineastas palestinos que documentan su propia destrucción. ¿Cómo fue dirigir una película sin poder pisar el territorio? ¿Cómo se sostiene creativamente ese proceso?

HZ: Dirigir sin estar en el terreno es lo más duro que me ha pasado en la vida. Siempre he estado en el terreno desde que tenía 22 años. Ahí puedes controlar los riesgos, hablar con la gente, consolarla, ayudarla. Tener que dirigir un equipo desde fuera, con el que se cortaban las comunicaciones todo el tiempo, porque Israel nos bloqueaba la señal de móvil, y no saber qué les estaba pasando, fue muy angustiante.

Tres compañeros resultaron heridos; el primer director de fotografía estuvo en el hospital Al-Nasser después de que un comando israelí entrara y disparara siete tiros, llevándose los equipos. Fueron dos años de pura angustia. Cuando estás en el terreno, solucionas cosas y eres útil. Te sientes protegido hasta cierto punto: siendo europeo, sabes que no te van a bombardear indiscriminadamente, porque Israel no mata a sus propios ciudadanos. Pero en medio del plan de genocidio, no podíamos estar ahí. Dos años muy oscuros, obviamente incomparables con el sufrimiento de los palestinos.

Dirigir en remoto da entidad a los grandes realizadores, y está muy bien que se haga en Palestina, en África o en cualquier lugar del mundo, pero ha sido angustioso. Hubiera dado un dedo por estar ahí con la gente de Gaza, vivirlo con ellos, porque después de todo hay que vivirlo para contarlo bien. Si hablamos con Ramón Lobo o Gerardo Sánchez, todos coinciden: hay que sentirlo para contarlo como se debe.

Yo he tenido la ventaja de haber pasado veinte años yendo a Gaza. He conseguido armar un gran equipo y conozco cada calle, cada esquina de la Franja. En otras declaraciones que he hecho previamente, no he comentado uno de mis objetivos con este nuevo documental: que no se deje de hablar de lo que está pasando allí, que la gente siga consciente de la situación.

P: Has dicho que uno de los grandes objetivos de Todos somos Gaza es “no dejar de hablar de Gaza”. ¿Crees que el cine puede convertirse en una herramienta contra el olvido y la deshumanización?

HZ: El cine es la gran herramienta. Y creo que la gente no alcanza a comprender la dimensión de esta película, no solo como hecho artístico, sino también como hecho de producción, como valor de producción.

Hemos tenido una cámara todos los días durante dos años, en una especie de hospital, en un aeropuerto, transmitiendo en directo a través de redes sociales, pero con cámara de cine, con un equipo de cine, con cientos de personas. Eso no se había hecho nunca en la historia de la humanidad. Y creo que eso es algo que no se está apreciando lo suficiente.

Lo digo para poner en valor el coraje de esta gente, que ha rodado sin agua, sin electricidad, sin comida, sufriendo ellos mismos y viendo sufrir a sus familias. Por eso creo que Todos somos Gaza no se está entendiendo en toda su dimensión. Yo mismo pensé que no iba a poder hacer la película hasta que la terminé, porque nos falló todo: no había Internet, no había comida… era muy difícil. Y aun así, esta gente tiró para adelante.

Desde España hemos hecho la mayor película de nuestra historia sobre lo peor que nos está pasando, y se ha hecho desde España, con la voluntad y el compromiso de técnicos españoles. Y ahí vuelvo a tu pregunta: ¿somos cultura como arte de resistencia o somos solo espectáculo? Pueden convivir las dos cosas, sí, pero para mí lo importante es la cultura como forma de resistencia. Si hay una película que es única en el mundo y única en la historia, deberíamos ir todos a defenderla.

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Hernán Zin, durante el rodaje de ‘Nacido en Gaza’ en 2014

P: ¿Cómo valoras el papel de los medios occidentales en la cobertura del conflicto en este contexto actual de sobreinformación y desinformación?

HZ: Nadie ha podido entrar a Gaza durante dos años y medio, y es la primera vez que pasa en la historia de un conflicto armado o de cualquier geografía. Nadie ha podido entrar, y se ha roto todo, se ha roto el orden de la veracidad. Es terrible lo que está pasando: no dejan informar a la gente. Lo que se hace es una táctica que inventó Trump: inundar todos los días con titulares disparatados, y al final es como una anestesia. Trump decía: “Voy a invadir Venezuela. Voy a invadir Groenlandia”  y la gente se anestesia.

La derecha de Europa copia lo mismo: decir un disparate tras otro, y la gente se anestesia. Israel lo hizo en casa: al principio mil muertos al día, todos son revisados, pero a los 200.000, al matar 2.000 muertos diarios y la mitad niños, la gente ya se anestesia. Nos inundan con mierda, con información basura. Pero la violencia está tan enquistada en las imágenes que a la gente le da igual; pasa a otra cosa o lo ve como si fuera nada.

P: ¿Crees que el cine puede todavía cambiar conciencias o, al menos, llamar la atención lo suficiente como para obligar a mirar?

HZ: Somos contracorriente, y ojalá que la gente lo vea. Todos los días recibo mensajes: diez amenazas de muerte y 90 personas preguntando cuándo sale la peli, que la quieren ver. Todavía hay mucha gente comprometida. No podemos tirar la toalla. Y los primeros en responder a toda esta locura son los jóvenes: cuando yo decía que iba a hacer el documental recibí mensajes de jóvenes de todo el mundo. Eso da esperanza. Claro que también está lo malo, pero eso es lo que hay con este tipo de cosas.

P: ¿Sientes que el cine comprometido tiene hoy más dificultades para encontrar espacios de exhibición y financiación?

HZ: Yo he vivido todas las épocas de documentales: desde los noventa con TVE, después Canal+, luego el auge de las plataformas. Ahora nadie se quiere mojar en lo político; todo lo que huela a política, dicen que no, que lo van a ver… y no. Las propias plataformas están muy asustadas, no se quieren meter en líos, y es el show, hay mucha presión. Estamos en un momento complicadísimo, pero bueno, hay un público que demanda, y todavía existe.

A mí no me importa, a mí lo que importa es contar la historia. Tengo la suerte de que todas las películas que he hecho, treinta, han sido dirigidas muy bien, hasta estar en los Emmys, en los Grammys, y llegar a Netflix, Amazon, HBO… o sea, han estado en todo el planeta. Soy muy afortunado para el tipo de cine que hago, de que haya tenido tanto éxito.

Pero no es fácil. Soy muy cabezón, muy obstinado, y sigo, llamo y me muevo. Para quien empiece, lo tiene difícil, sí, pero bueno, es lo que hay: es un trabajo. Las plataformas están muy censuradas, siendo muy cobardes por el contenido, no te voy a mentir.

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Hernán Zin

P: ¿Qué responsabilidad tenemos, como ciudadanos, ante lo que está ocurriendo en Gaza?

HZ: Tenemos toda la responsabilidad. Nuestros gobiernos no lo han hecho y han dejado que se rompa el orden internacional. Hay que comprar con cabeza, saber que el boicot puede funcionar y apoyar películas, libros o charlas, y movilizarnos no por Gaza, sino por nosotros mismos.

A largo plazo, el juego es un orden que se estableció después de la Segunda Guerra Mundial, con unas reglas que tenían sus defectos, pero eran reglas, y eso saltó por los aires a partir de Gaza. Entonces, deberíamos tomárnoslo muy en serio, ya ni siquiera por los niños de Gaza, sino por nuestros propios hijos.

P: Dentro de diez años, cuando alguien vea Todos somos Gaza, ¿qué te gustaría que pensara… y que se preguntara?

HZ: Se va a preguntar por qué no hicieron nada. Por qué se quedaron de brazos cruzados. Por qué no hicieron lo suficiente. Esa es la pregunta que se harán con respecto a estos años, tan locos desde el COVID hasta ahora. Parecen los años veinte del siglo pasado, que terminaron con una guerra con 50 millones de muertos y una gran depresión.

Estamos en el mismo proceso de erosión del derecho internacional, de la verdad y de la libertad. Estamos en el mismo populismo que hace cien años, y eso terminó muy mal. Y quien mire atrás dentro de diez años dirá: “¿Cómo no reaccionaron?”.