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‘El cautivo’, la mejor de todas las historias

Título original: El cautivo

Año: 2025

Duración: 133 min.

País: España

Dirección: Alejandro Amenábar

Guion: Alejandro Amenábar.

Reparto: Julio Peña, Alessandro Borghi, Miguel Rellán, Luna Berroa, José Manuel Poga, Roberto Álamo, Luis Callejo, Fernando Tejero.

Música: Alejandro Amenábar

Fotografía: Alex Catalán

Género: Drama. Aventuras

Ficha en Filmaffinity

Compartir historias es la cualidad que nos hace humanos, es nuestro poder y es nuestra libertad. Esta idea atraviesa El cautivo, donde, como no podía ser de otro modo, las historias cobran una importancia central, siendo su protagonista uno de los autores más relevantes de la literatura universal: Miguel de Cervantes. En esta película, Alejandro Amenábar transforma al autor en personaje, y Julio Peña lo encarna con tal verdad que consigue otorgar lo más valioso que puede poseer una figura en la pantalla: Humanidad.

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Fotograma de El cautivo (Foto: Disney)

Amenábar dirige y escribe esta cinta que nos traslada al Argel del siglo XVI, durante los cinco años de cautiverio que marcaron la vida de Cervantes y de los que muy poco se sabe con certeza. Su sello se reconoce en todo momento: más allá de la polémica a la que acostumbra el director desde hace años (y es que esta propuesta ya está dando mucho que hablar a la crítica), la película goza de una composición visual impecable, con imágenes que podrían ser cuadros y un gran manejo de luces y sombras como herramienta narrativa. La música, también firmada por el director, acompaña con sutileza sin imponerse sobre la historia.

El inicio de la película es poderoso: un plano largo y crudo en el que se presenta a un joven Miguel de Cervantes muy alejado de la imagen de escritor que todos tenemos en mente. Desde ahí Amenábar imagina y ofrece, en palabras de Antonio de Sosa, uno de los personajes centrales de la película, la mejor de todas las historias de Cervantes: la suya.

Así conocemos a un prisionero que para vencer el aburrimiento y escapar de la esclavitud comienza a contarse historias y a sentir la necesidad de compartirlas con sus compañeros. De este modo surge el relato dentro del relato, donde la invención se convierte en una herramienta de supervivencia y liberación. Y es que a nivel narrativo la película recuerda a Las mil y una noches, con Cervantes imaginando historias al estilo Sherezade para engatusar a quien le mantiene prisionero y así seguir vivo. El cautivo nos recuerda que incluso en los momentos más oscuros, la imaginación nos salva.

Una de las decisiones de Amenábar que sin duda generará debate es la relación entre Cervantes y Hasán (Alessandro Borghi): un vínculo atravesado por la desigualdad y definido por una dinámica de poder, pero que se desarrolla a través de la búsqueda de afecto, intercambio intelectual y disfrute de los pequeños placeres. No se sabe con certeza qué ocurrió en aquellos años en Argel, pero lo que propone el director resulta creíble e interesante. La película se nutre de esa tensión entre lo documentado y lo inventado y por ello resulta muy disfrutable para quienes no buscamos una reconstrucción académica, sino un relato verosímil que emocione y se sostenga con coherencia. Y en ese sentido, El cautivo funciona, porque lo que importa no es la fidelidad al dato histórico, sino el tipo de verdad que sólo se puede contar a través de la ficción.

El reparto combina con acierto a intérpretes veteranos y noveles, siendo Julio Peña el gran descubrimiento. El actor, formado y activo en el mundo del teatro con obras como Embrague en cartelera, se dio a conocer en la serie Berlín y la saga de películas A través de mi ventana de Netflix. Sin embargo, es en El cautivo donde se confirma como una de las jóvenes promesas más interesantes del cine español, con grandes opciones para optar a Mejor actor revelación en la próxima edición de los Premios Goya.

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Julio Peña y Alessandro Borghi en una escena de la película (Foto: Disney)

Y es que su Cervantes no es el autor canónico que figura en los manuales, sino un joven vulnerable, con mirada de niño, lleno de miedos y deseos, necesitado de contar historias. Gracias a la interpretación contenida pero llena de matices de Peña, Cervantes se convierte en alguien con quien identificarnos.

En definitiva, El cautivo es un recordatorio de que toda historia contiene ficción, y es precisamente en esa mezcla, en esa tensión entre lo inventado y lo real, donde reside la magia del relato. Amenábar convierte un episodio oscuro y casi olvidado de la vida de Cervantes en un relato universal sobre la fuerza de las historias, donde enseñar que las palabras pueden abrir más puertas que cualquier llave. Y al salir de la sala, con los molinos todavía flotando en la mente, entiendo que eso es también lo que hace el cine: inventar, emocionar, liberar.