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Crítica – ‘Nido de víboras’

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Nido de víboras

Título original: Beasts That Cling to the Straw

Año: 2020

País: Corea del Sur

Dirección: Kim Yong-hoon

Guion: Kim Yong-hoon

Fotografía: Kim Tae-Soo

Reparto: Jeon Do-yeon, Jeong Woo-seong, Bae Seong-woo, Shin Hyun-Bin, Youn Yuh-jung, Jung-Man Seok, Shin Hyon-bin, Jeong Man-shik, Jin Kyung, Jung Ga-ram

Productora: Megabox Plus M

Género: Thriller, Drama

Ficha en Filmaffinity

Nido de víboras, del debutante en la dirección y en el guion Kim Yong-hoon, bien podría parecerse a una trama típicamente tarantinesca, o al menos relacionable con el término. Su narrativa no lineal dividida por capítulos, algunos de sus personajes y ciertas decisiones en la puesta en escena me hacen caer en la comparación fácil que se tiene con la mayoría de thrillers con toques de comedia negra del presente siglo. De hecho, también podría caer en otro cómodo paralelismo con la base mayoritaria de las tramas del cine de los Hermanos Coen. Pues aquí el motor del argumento es algo tan arcaico como actual y fundamental en el cine criminal (y en esta maldita vida): el dinero.

Aquí, al igual que en la novela que se adapta (Beasts that cling to the straw, 2011), se nos presenta a un grupo no muy variopinto de malaventurados en el que la mayoría son mafiosos o estafadores, a excepción del pobre infeliz de turno con una vida honrada y bastante mísera. Todos ellos convergerán por los perennes derroteros de la casualidad más inoportuna, cuyo destino final sólo puede ser violentamente divertido.

Desde su plano-secuencia inicial se nos deja claro con el recorrido que hace la cámara siguiendo la dichosa bolsa llena de wones que llevará a nuestros protagonistas a tener más de un quebradero de cabeza. Asentando también un tono entre lo hosco y lo liviano, permitiendo esas pequeñas fugas de humor algo chirriantes aunque apetecibles. Pero eso no quita su intención de mantener cierta tensión propia del thriller más convencional. Algo fácilmente identificable en su puesta en escena tradicional y funcional y en los giros de guion insertados casi matemáticamente, cuando todavía no es tarde para abandonar el barco de los lugares, personajes y situaciones antes vistos en otras películas.

Y sin presentar nada nuevo, hay algo en la configuración de todos estos elementos que hace que extrañamente todo encaje dentro de una falsa ordinariez. Quizás por sus actores, la mayoría con los suficientes créditos en IMDb como para entender que esta película se sostiene prácticamente gracias a ellos, de los que un servidor destaca la divertida dupla cómica que se forman entre los personajes de Jung Woo-sung (El bueno, el malo y el raro, Asura) y Ji-hwan Park. No obstante, la palma se la llevaría la inteligente, fría y letal Jeon Do-yeon (La criada, Secret Sunshine), capaz de convertir el concepto de femme fatale en algo actualizado a los tiempos que vivimos, que ciertamente resulta en un empoderamiento, hasta cuando ésta trocea en partes asimétricas a una de las pobres protagonistas.

Por lo tanto, puedo y debo decir (no olvidemos mi responsabilidad ficticia para con el ávido lector de mis textos) que la ópera prima del director surcoreano es justa y suficiente para pasar un buen rato, reírse alguna que otra vez de la estupidez humana y comprender que hay hijos de puta cegados por el yugo de la riqueza tanto aquí como en la China. Bueno, en este caso Corea del Sur. Ustedes me han entendido.

Lo mejor: Su reparto al completo, verdadero valedor de que la cinta funcione

Lo peor: La mezcla que hay entre el thriller violento y humor negro parece quedarse a medio camino.

Nota: 7/10

¡¡YA EN CINES!!

 

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