Título original: Other Mommy.
Año: 2026.
Duración: 93 min.
País: Estados Unidos.
Dirección: Rob Savage.
Guión: Nathan Elston.
Reparto: Jessica Chastain, Arabella Olivia Clark, Jay Duplass, Arian Moayed, Sean Kaufman.
Fotografía: Lowell A. Meyer
Productoras: Atomic Monster, Blumhouse Productions, Spin a Black Yarn, Universal Pictures, Wild Atlantic Pictures.
Distribuidora: Universal Pictures.
Género: Terror | Sobrenatural. Maternidad. Infancia.
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La novela La otra madre, de Josh Malerman, se publicó originalmente en inglés el 25 de junio de 2024, con el título Incidents Around the House. La obra pertenece al género del terror sobrenatural y fue publicada por la editorial Del Rey. La publicación de esta novela tuvo una buena acogida entre los lectores y los críticos especializados en terror. Esto ha hecho que solo dos años después de la publicación llegue a cines su versión cinematográfica de la mano de Blumhouse.
La película nos cuenta la historia de Bela, una niña de 8 años que vive en un hogar tenso por el matrimonio problemático de sus padres, ve cómo su vida se ve trastornada por una entidad siniestra a la que llama «Otra Mamá». Cuando esta presencia malévola emerge de su armario preguntando: ‘¿puedo entrar en tu corazón?’, Bela se niega. Pero pronto las manifestaciones de la «Otra Mamá» se vuelven cada vez más agresivas, amenazando la seguridad de la familia de Bela.
Estamos ante una de las películas más singulares del año, tanto para lo bueno como para lo malo. “La otra madre” es, ante todo, una experiencia difícil de definir, una de esas películas que parecen no tener demasiado claro qué quieren ser, pero que, precisamente por ello, terminan convirtiéndose en algo bastante particular. Su mayor problema reside en una narrativa que no siempre sabe hacia dónde dirigirse, un tono completamente desdibujado, unos efectos especiales bastante cuestionables y una sucesión de ideas absurdas que, en más de una ocasión, rozan lo ridículo. Hay momentos en los que resulta complicado tomarse en serio lo que estamos viendo, y no precisamente porque la película consiga construir un terror especialmente efectivo, sino porque muchas de sus decisiones parecen sacadas de una auténtica locura creativa que no termina de encontrar su sitio. Sobre el papel, todos estos elementos podrían convertirla perfectamente en una de las peores películas de terror del año. Sin embargo, creo que quedarse únicamente con esa lectura sería pasar por alto una parte importante de lo que hace que esta propuesta resulte tan curiosa. Porque, si somos capaces de mirar más allá de sus evidentes defectos, nos encontramos con una película tremendamente entretenida, que encuentra en su propio absurdo una de sus mayores virtudes. Hay algo en su forma de llevar las situaciones al extremo, en sus decisiones más disparatadas y en esa incapacidad para mantener un tono coherente que termina generando un humor involuntario bastante efectivo. Son momentos en los que cuesta distinguir si estamos ante una decisión consciente o ante algo que simplemente se les ha ido de las manos a sus responsables, pero lo cierto es que, en más de una ocasión, resulta difícil no disfrutar de semejante despropósito. Y es que, aunque «La otra madre» no siempre consigue funcionar como película de terror, sí que encuentra una manera de mantenerte pendiente de lo que está sucediendo, aunque sea por pura incredulidad ante lo que decide mostrarte a continuación.

A esto hay que sumarle un ritmo bastante ágil y una narración que, con sus más y sus menos, va directa al grano. La película no pierde demasiado tiempo en rodeos innecesarios y, una vez establece sus principales ideas, se lanza de lleno a desarrollar una propuesta que no deja demasiado espacio para el aburrimiento. Evidentemente, esto no significa que todo funcione, ni mucho menos, pero sí ayuda a que sus excesos resulten algo más llevaderos. Además, entre tanta decisión cuestionable, también hay espacio para algunos momentos de terror que funcionan realmente bien y que demuestran que, detrás de semejante caos, existe cierto potencial que no siempre termina de aprovecharse. Y quizá lo más sorprendente sea que, bajo toda esa capa de locura, la película acaba escondiendo un mensaje bastante íntimo y esperanzador, algo que contrasta con su aparente descontrol y que le aporta una dimensión emocional que no necesariamente esperarías encontrar en una propuesta de estas características. Por otro lado, merece la pena destacar la dirección de Rob Savage, apostando personalidad y consiguiendo imprimirle cierta identidad visual y mantener una energía que termina siendo una de las mayores fortalezas de la propuesta. No estamos, ni mucho menos, ante un trabajo impecable, pero sí ante una película que, para bien o para mal, tiene una personalidad bastante más marcada que muchas otras producciones de terror que llegan a nuestras pantallas cada año.
En definitiva, si nos ceñimos a una valoración estrictamente objetiva, «La otra madre» es una película tremendamente irregular, ridícula por momentos, con una narrativa que no siempre encuentra su rumbo y un tono que parece cambiar constantemente sin terminar de establecerse. Es una especie de licuadora de ideas, situaciones absurdas y decisiones cuestionables que difícilmente podría considerarse un triunfo dentro del género. Pero el cine no siempre tiene que medirse únicamente desde sus aciertos y sus errores más evidentes. A veces, también merece la pena valorar aquello que una película consigue transmitir a pesar de sus limitaciones, y en ese sentido creo que tiene bastante más que ofrecer de lo que podría parecer a simple vista. Desde una perspectiva más subjetiva, me parece una experiencia de lo más entretenida, con una dirección que aporta personalidad, algunos momentos de terror bastante conseguidos y una identidad propia que la convierte en una propuesta difícil de olvidar, aunque no siempre por las razones que sus responsables probablemente tenían en mente.

Personalmente, prefiero encontrarme con una película así, imperfecta, extraña y dispuesta a asumir riesgos, antes que con una nueva entrega de «Insidious» o «Expediente Warren» que vuelva a recurrir a una fórmula que llevamos viendo repetirse durante más de una década. No porque estas sagas no hayan ofrecido grandes momentos, sino porque echo en falta propuestas capaces de salirse de lo establecido y ofrecer algo diferente, aunque el resultado no termine de funcionar en todos los aspectos. «La otra madre» no es ningún gran triunfo para el cine de terror, ni mucho menos una película que recomendaría a cualquiera, pero sí es una de esas rarezas que terminan encontrando su encanto precisamente en todo aquello que las hace imperfectas. Quizá no sea un hito para el género, pero sí una pequeña victoria para ese cine más surrealista, extraño y genuinamente singular que, de vez en cuando, viene bien encontrarse entre tanta fórmula repetida.


