Inicio Críticas ‘Azor’, un negocio sucio a lo suizo

‘Azor’, un negocio sucio a lo suizo

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Título original: Azor

Año: 2021

Duración: 100 min.

País: Argentina

Dirección: Andreas Fontana

Guión: Andreas Fontana

Reparto: Fabrizio Rongione, Stéphanie Cléau, Alexandre Trocki, Elli Medeiros, Yvain Juillard, Gilles Privat, Juan Pablo Geretto, Carmen Iriondo, Pablo Torre Nilson, Juan Trench

Música: Paul Courlet

Fotografía: Gabriel Sandru

Productora: Coproducción Argentina-Suiza-Francia; Alina Film, Local Films, Radio Télévision Suisse (RTS), Ruda Cine.

Distribuidora: Be For Films

Género:  Intriga política | Drama | Finanzas

Ficha en Filmaffinity

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Azor puede definirse como una interesante intriga política sobre el turbio mundo de las finanzas, en el que las ganancias y los negocios en aguas revueltas son la motivación principal.

El matrimonio suizo de los señores De Wiel (Fabrizio Ronglione y Stéphanie Cléau) se embarca en su primer viaje a una Argentina de tiempos convulsos – ¿y cuándo no? – en plena dictadura militar en 1980. Han de retomar relaciones con los principales clientes del banco privado de inversiones suizo del que Yvan De Wiel es socio y heredero del fundador. Al parecer el socio que se encargaba de esas tareas ha desaparecido sin dejar rastro ni explicación alguna desatendiendo el negocio.

El tal René Keys que no deja de aparecer en todas y cada una de las conversaciones, parece ser el argumento principal. Sin embargo, el ambiente de la película es sin duda el hilo argumental. Por encima incluso de los inquietantes personajes con los que se va encontrando el matrimonio protagonista. Diálogos misteriosos con informaciones en clave oculta y de manera cautelosa a lo suizo, y en otras ocasiones más de forma directa, a la argentina.

La música punzante y el halo de misterio es lo que va dando sustancia a toda la trama, complementando la ambigüedad en los diálogos que genera esa falta de claridad de los hechos que por momentos hace dudar de hacia dónde nos lleva la historia.

Fotograma de ‘Azor’ con Stéphanie Cléau y Fabrizio Ronglione, el matrimonio De Wiel (Foto: Vitrine Films)

Gente de las altas esferas, pseudoaristócratas, empresarios, militares de alto rango y hasta distinguidos de las instituciones eclesiásticas componen la selecta cartera de clientes que René Keys gestionaba. El comedido y sensato Yvan De Wiel acude a visitar a cada uno de ellos para retomar los lazos comerciales ante el riesgo de una cada vez más pujante banca comercial (Crédit Suisse) que amenaza con quedarse con el pastel.

Una visión muy ochentera de los negocios donde destaca esa preferencia por lo europeo y lo afrancesado de los pretenciosos adinerados de la época, que fingen ser aristócratas de una inexistente Corte Real argentina. Las escenas trascurren en estupendos exteriores en su mayoría para recrear la grandeza de recursos (también naturales) del país. Clubes sociales y de campo, grandes extensiones de Haciendas, piscinas ideales, hipódromos,…

Afortunadamente existe un punto de inflexión determinante para que el espectador pase de la curiosidad acerca del paradero del tal Keys, y se centre en otros detalles. De Wiel bien asesorado por su esposa (mucho más que una mera acompañante en sus compromisos sociales), afronta la realidad y va directo al grano. Mucha cortesía y trato cordial, pero hay que ir al fondo de la cuestión: hay que sacar el negocio como sea. Como Ricardo Darín en La cordillera (Santiago Mitre, 2017), las apariencias y la moderación son importantes, pero mucho más el logro final, haya lo que haya que hacer. Una visión maquiavélica de los asuntos pecuniarios. Y es que «lo cortés no quita lo valiente».

Buena crítica a los negocios oscuros y sucios, una perspectiva diferente sobre otro de los grandes males de la dictadura militar a parte de la represión violenta. La violencia institucional del régimen en la primera escena sirve simplemente para poner en contexto.

En este caso, importan más los turbios asuntos financieros del régimen y el papel empresarial de la banca suiza con los grandes personajes sociales y militares de aquella Argentina. Una Suiza siempre tan neutral en el plano diplomático pero que a la hora de hacer negocios, es de lo más práctica y funcional. Un negocio es un negocio, sea con quien sea y como sea.

Azor se estrena en cines españoles este viernes 18 de febrero.

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Lo mejor: otra perspectiva de un momento político complejo y el oscuro papel de la banca suiza.

Lo peor: diálogos susurrantes excesivamente misteriosos que puede hacer perder el hilo o el sentido de hacia dónde se dirige la trama.

Nota: 6,5/10

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Filmeconomista. Disfruto del séptimo arte, e intento continuar aprendiendo economía a través del cine: La Filmeconomía. filmeconomia.es

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