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‘Springsteen: Deliver me from nowhere’, el silencio puede ser un poco ruidoso

 

Título original: Springsteen: Deliver me from nowhere

Año: 2025

Duración: 120 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Scott Cooper

Guion: Scott Cooper (basado en el libro de Warren Zanes)

Reparto: Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Paul Walter Hauser, Odessa Young, Stephen Graham, Johnny Cannizzaro, Harrison Gilbertson, Gaby Hoffmann, Marc Maron, David Krumholtz, Chris Jaymes, Grace Gummer

Música: Jeremiah Fraites

Fotografía: Masanobu Takayanagi

Distribuidora: 20th Century Fox,

Género: Drama. Biográfico.

El lugar de donde vienes ya no existe, el lugar al que pensabas ir nunca estuvo ahí, y el lugar en el que estás no sirve de nada a menos que puedas escapar de él… Ningún lugar… Nada fuera de ti puede darte un lugar… En ti mismo, ahora mismo, está todo el lugar que tienes. (Flannery O’Connor, 1952)

Esta cita de Flannery O’Connor podría ser la columna vertebral de Deliver Me From Nowhere, el esperado biopic que se adentra en los abismos creativos del músico estadounidense Bruce Springsteen durante el proceso de composición del más personal de todos sus trabajos: Nebraska.

En un Hollywood empeñado en estrenar cada año una nueva biografía musical que glorifica a artistas hoy convertidos en iconos, la película dirigida por Scott Cooper lejos de seguir una fórmula convencional que repasa la vida del protagonista desde sus orígenes hasta el éxito, opta por detenerse en un instante crucial que marcó la carrera de The Boss.

Asediado por por su propio éxito, Springsteen decidió en 1982 encerrarse en una casa de Nueva Jersey, armado con una grabadora de cuatro pistas y una guitarra acústica, para grabar un puñado de canciones que hablaban del fracaso, la soledad y la redención. El Nebraska fue casi un acto de purificación. Las historias que nacieron allí no eran simples historias de carretera, sino confesiones donde se reflejaban sus propios demonios.

Jeremy Allen White entrega aquí una interpretación sutilmente contenida pero profundamente física y emocional. Sus gestos, sus andares, sus miradas perdidas y sobre todo, su marcado acento y trabajada voz, componen un retrato que trasciende su mayor o menor parecido físico con el artista. El actor de The Bear se adentra en el personaje desde la honestidad. Mostrando la fragilidad de un hombre en crisis y despojado de todo salvo de su necesidad de comprenderse. No sería descabellado afirmar que, con toda probabilidad, reciba este año su primera nominación al Oscar.

El resto del elenco se mantiene a la altura. Jeremy Strong brilla como Jon Landau, el productor que supo ver en Springsteen no solo a una estrella. Un amigo que comprende el silencio de Bruce y protege su visión creativa frente a las demandas implacables de una industria obsesionada con el éxito inmediato. La brújula emocional que mantiene al protagonista en pie cuando todo parece derrumbarse.

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Fotograma de ‘Springsteen: Deliver me from nowhere’ (Foto: 20th Century Studios)

Por otra parte, Stephen Graham, recordado por su papel en Adolescencia, ofrece una interpretación que duele encarnando al padre de Springsteen. Un hombre incapaz de expresar amor hundido en la depresión y el alcoholismo. Cada una de sus apariciones nos recuerda que detrás de la leyenda hay un hijo intentando reconciliarse con las sombras de su hogar y curar las heridas que aún lo acompañan.

Graham encarna un dolor profundo. Strong ofrece el sostén que lo contiene. Y juntos sostienen a un Bruce Springsteen que, entre ambos extremos encuentra finalmente su voz.

La fotografía y el diseño de producción reflejan una sobriedad que sirve precisión al relato. Una estética trabajada a base de espacios cerrados, habitaciones poco iluminadas, diners nocturnos y carreteras desiertas. Una extensión del estado emocional de Springsteen. El montaje acompaña con un ritmo que puede resultar demasiado pausado, pero refuerza esta sensación de encierro y búsqueda interior. Esencial para que el espectador entienda que, mas una película biográfica al uso, esta contemplando un homenaje al proceso creativo en su forma más pura.

Deliver Me From Nowhere no es una película hecha para aquellos que buscan acercarse por primera vez a Springsteen. Es demasiado íntima, demasiado personal. Es un homenaje a la música como salvación. A la creación como territorio de libertad. Un filme que duele y conmueve hecho para recordarnos que, a veces, el lugar que buscamos no está ahí fuera, sino en nosotros mismos.

Nota de lectores2 Votos
8.7
Lo mejor: Un Jeremy Allen White que transmite con fuerza contenida la lucha interna del artista.
Lo peor: Su ritmo pausado y enfoque reducido resultan densos para quienes buscan un biopic más convencional.
8