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‘Space Jam: Nuevas Leyendas’, antiguas leyendas

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space jam nuevas leyendas

Título original: Space Jam: A New Legacy

Año: 2021

Duración: 120 min

País: Estados Unidos

Dirección: Malcolm D. Lee

Guion: Sev Ohanian, Ryan Coogler, Tex Avery, Chuck Jones

Música: Kris Bowers

Fotografía: Salvatore Totino

Reparto: LeBron James, Sonequa Martin-Green, Don Cheadle, Martin Klebba, Xosha Roquemore, Khris Davis, Katie McCabe, Anna Sofie Christensen, Chris Paul, Zendaya

Productora: Warner Bros., Spring Hill Productions

Género: Animación. Fantástico. Comedia. Infantil

Ficha en Filmaffinity

Es sorprendente lo estimulante que resulta poner a dialogar Space Jam: Nuevas Leyendas con su predecesora. Colocar ambas odiseas baloncestísticas en contraposición nos ayuda a entender cómo una misma historia no puede ser contada de la misma forma en dos épocas distintas (por muy obvio que esto parezca). Porque sí, nos enfrentamos en esencia al mismo delirante viaje del héroe, donde será una pachanga con deportistas élite y personajes animados sobre la pista la que definirá el destino de la sociedad contemporánea. Poco habría cambiado entre ambas películas si no fuera porque ha cambiado absolutamente todo.

Que Lebron James acepte el testigo cinematográfico de Michael Jordan supone sentir sobre nuestros hombros los 25 años que han pasado ya desde el estreno de la cinta original. Hace un cuarto de siglo, estando el audiovisual lejos de conocer Internet y, por lo tanto, desconociendo aún la cultura del meme, el remake o el fanfiction, ver a una super estrella de la NBA protagonizando una película junto a los Looney Tunes resultaba un experimento inaudito, un bastardado cruce entre dos lejanos universos que sólo parecían cercanos cuando se observaban desde el unificador prisma de la cultura pop. Pero ahora vivimos en el horripilante 2021, donde el acceso casi universal a la producción de imágenes ha eliminado la naturaleza sagrada de las mismas (y menos mal). ¿Cómo reescribir Space Jam en un contexto artístico en el que crossover es nuestro pan de cada día?

Creo que si hay algo que se le debe aplaudir a la película de Malcolm D. Lee es su poco temor a la autoconsciencia, que deja entrever una tímida (pero presente, al fin y al cabo) crítica a una Warner que no parece acomplejarse a la hora de desnudarse. Porque si vinieron a ver básquet quizás salgan medianamente decepcionados. Space Jam: Nuevas Leyendas es un monumento al legado de la compañía, un intento de cartografiar el extenso terreno que ocupan Warner y sus ya innumerables propiedades intelectuales. La posmodernidad se abre camino en una historia que critica la poca originalidad de un cine contemporáneo cada vez más apoyado sobre la frialdad de los algoritmos mientras se empeña en redactar el más pomposo de los textos apócrifos. Y, por supuesto, funciona.

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Fotograma de ‘Space Jam: Nuevas Leyendas’

Si unir en un mismo filme el universo de la NBA y de los Looney Tunes ya no es suficiente, poner en una batidora todo el cine de Warner y rezar para que el sabor no sea excesivo parece la jugada perfecta. Efectivamente no sería extraño que alguno quedará algo saturado ante la hipérbole de lo que Disney ya intentó en Ralph Rompe Internet (2018). Pero la película sabe cuáles son sus cartas, conoce a la perfección lo mucho que nos gusta una buena blasfemia. Porque la indignación que nos despierta ver a Juego de Tronos, Mad Max: Fury Road, Rick y Morty y Casablanca en un mismo enunciado es sólo la breve antesala a una curiosidad que debe ser saciada.

Aunque es cierto que todo este exceso de referencias entierra por completo la posibilidad de resaltar cualquier otro aspecto de la película, exceptuando el apabullante trabajo de animación e iluminación digital que parecen dejar obsoletos los alardes técnicos de los que Ready Player One presumía (hay demasiados parecidos entre la película de Spielberg y lo último de los Looney). El único humor que funciona en la cinta es aquel que recupera con nostalgia, siguiendo la línea de ese regreso casi crepuscular de The Muppets (2011), el slapstick animado de los Looney Tunes originales. Dejando a un lado esta resurrección de la fórmula clásica del sketch, la cinta falla en cuanto que parece confundir el chiste con la referencia. Space Jam: Nuevas Leyendas farda de lo fluido que resulta patinar sobre lo preexistente mientras se hace progresivamente evidente que la falta de originalidad en su propuesta hace que esta avance a trompicones.

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Fotograma de Space Jam: Nuevas Leyendas

Sea con más o menos consciencia, Warner desvela sus pecados al mismo tiempo que señala sus virtudes. Mientras recopila todos sus proyectos pasados, nos recuerda que la historia del cine está en manos de unos pocos. Mientras reivindica la validez actual de sus iconos históricos, reconoce su dificultad para regalar a las jóvenes generaciones venideras nuevos referentes tan carismáticos como aquellos que ya acompañaron a nuestros padres. Mientras critica la falta de frescura y humanidad del cine contemporáneo, parece fomentarla y celebrarla. ¿Pero cómo no hacerlo cuando, con sus más y sus menos, la película acaba funcionando?

De veras creo que desde esta aparentemente inofensiva propuesta podríamos desarrollar un eterno debate que empezaría por la posmodernidad cinematográfica, seguiría por el oligopolio que define la industria actualmente y los peligros que este conlleva, haría una breve parada en el pensamiento de Mark Fisher y terminaría en una inevitable reflexión sobre la muerte del cine.

Y por supuesto en esta charla se dejaría caer también la polémica con el doblaje, en la cual no quiero entrar en exceso porque siento que ya se ha debatido demasiado (por si acaso la curiosidad te estuviera matando por dentro, te diré que la actuación de Lola Índigo no es ni un desastre absoluto ni una sorpresa apabullante). Pero voy a dejar mi soliloquio aquí, ya que al fin y al cabo Malcolm D. Lee no falla el triple (por mucho que necesite lanzar a tablero para acertar el tiro) y quizás le esté dando demasiada importancia a una película en la que Lebrón James hace un dab.

Lo mejor: Detectar una pizca de autoconsciencia en esta imparable oda al fanservice

Lo peor: Que la comedia clásica de la animación marca Warner quede sepultada sobre la omnipresente referencia

Nota: 6/10

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