Series que son un buen negocio (LXXI): ‘Rabbit hole’, datos para la conspiración

Una entretenida y trepidante miniserie donde encontramos a un viejo conocido, Kiefer Sutherland, partícipe de las muy interesantes 24 ó Sucesor designado.

En la serie de Rabbit Hole, de una incompresiblemente única temporada, Sutherland interpreta a una especie de consultor casi con dotes de prestidigitación para planificar y buscar siempre la salida ante situaciones y problemas complejos. De ahí el título, un tipo que entra y sale de la madriguera siempre con soluciones alternativas, porque es de improvisar poco. Busca ir siempre un paso por delante, como Sun Tzu en ‘El Arte de la Guerra’.

Para tipos hiperreflexivos y conspiracionistas como el personaje de Mel Gibson en Conspiración muchas de las cosas que suceden en el mundo están lejos de ser pura casualidad. También es cierto, que la caricaturización tiene en parte cierta razón de ser. Ello no es óbice para pensar que las élites y los gurús tecnológicos autoerigidos en ingenieros sociales, sean instigadores de muchas de las situaciones que cualquier buen observador de la realidad puede percibir.

En los inicios de la miniserie, se muestra como un avispado consultor de negocios. Capaz de llevar a cabo la manipulación de las expectativas e influyendo en las decisiones en los mercados financieros. Sin embargo, su destreza y competencias van más allá. Recibe encargos bastante especiales, una consultoría muy específica, más propia del espionaje gubernamental que del industrial o corporativo.

Resulta básico también comprender la naturaleza del personaje para entender su forma de obrar y sus motivaciones. Un tipo muy controlador, manipulador, planificador al extremo. Muy pero que muy detallista. Tanto que los capítulos de esta miniserie cuentan con múltiples giros de guión, escapismo y una organización pormenorizada de su equipo de trabajo. Un tipo que tiene múltiples escondrijos (madrigueras) y pisos francos repletos de artilugios tecnológicos y armas con los que escapar de sus perseguidores y evitar ser localizado. Por ello, usa sólo dinero en metálico, nada de tarjetas de crédito, ni mucho menos teléfonos móviles con datos. Sólo desechables. Pero, ¿qué hay de delirante en el comportamiento del protagonista?

Tanto Kiefer Sutherland, como su amigo de la infancia y su padre cuentan con la preparación propia de los espías. Lo que convierte a la miniserie en una divertida escapada hacia delante de los personajes, pero siempre con esa clara motivación: una teoría de la conspiración. Un más que atractivo argumento para reflexionar. Ese delirio aparentemente paranoico sobre el peligro de los datos. Recapacitando en profundidad, y alejándose del ruido de la acción de la intriga, se puede aceptar como un riesgo bastante real en nuestra sociedad.

Kiefer Sutherland siempre «ojo al dato» (Fotograma: SkyShowTime/Paramount+)

La propuesta es sugerente. Los datos lo mueven todo, es el producto a tener cuenta, en base a lo que se articula toda la Economía y la Política actual. Gracias a la analítica de datos se pormenorizan las acciones de los individuos al detalle, e incluso influir en sus decisiones políticas (caso del Brexit). Se pueden predecir cosas que ni uno se imagina de los mercados financieros (El índice del miedo). Son los ‘Me gusta’, las visitas, las preferencias en cada sitio web. El BigData puede procesar toda la información para predecir y motivar comportamientos.

El arte de manipular, usar la psicología económica, no es tanto una paranoia conspiranoica, ni un aspecto sólo determinante para la geopolítica. El padre de Kiefer en esta ficción, como ex agente CIA, desgrana bien ese funcionamiento gubernamental, ya aplicado anteriormente con otras tecnologías y métodos. Los algoritmos de control: socavar la veracidad y confianza de la gente en los medios, polarizar la sociedad, marginar a intelectuales y expertos, y elegir candidatos políticos mesiánicos pero muy controlables…

La clave de toda la acción se centra en este grupo de espías liderados por Kiefer Sutherland para preservar ese libre albedrío. En total riesgo dados los algoritmos y elementos tecnológicos de control social que pretenden socavarlo. Es muy revelador cómo la principal lucha en la miniserie es evitar que se promulgue una nueva (y supuesta) Ley de Privacidad de Datos. Con el clásico pretexto de recibir seguridad y aparente bienestar, cediendo sin cortapisas todo al control social y gubernamental. Qué mejor manera que controlar socialmente a las personas a través del uso de los datos: crédito social, monedas digitales centralizadas, censura en redes sociales…

En definitiva, una recomendable miniserie que siendo algo fantasiosa por la ingente cantidad de (ingeniosos) giros y extrema planificación, consigue abordar un relevante tema de reflexión: la autonomía y las elecciones libres. Una clara advertencia ante los planes de control social, y el acceso ilimitado a datos por determinados organismos, no sólo empresas. Ni siquiera a horroríficos sistemas domóticos… Con un planteamiento neutro además, pues no termina por decantarse por los conspiranoicos patológicos, ni por los que ridiculizan por oscurantistas a los que hacen este tipo de planteamientos.