Series que son un buen negocio (LXXIX): ‘Pluribus’, otro fallo en Matrix

«Ahora todas las personas de la Tierra somos uno. Sólo queremos que seas feliz». Es la premisa de esta miniserie Pluribus, y por supuesto el argumento o justificación que utilizan los ingenieros sociales y políticos paternalistas que simplemente quieren ocuparse de ‘nuestro bienestar’, con planes imposibles de entender ni de aceptar.

Ya veremos qué ocurre dentro de no-sé-cuántos meses, independientemente de si «nos estamos planteando» esperar pacientemente a la segunda temporada tras haber aguantado capítulos dosificados por semanas y a cuenta gotas. Casi a la vieja usanza, con el costumbrismo que mató a la televisión tradicional. «Nosotros sabemos» que es gancho comercial, así que no arriesguen tanto que el público se cabrea, como los dos protagonistas, y se acabó la fiesta…

Independientemente de ello, Pluribus se desenvuelve en su primera temporada de forma original, interesante e intrigante. Su argumento no es nada inédito, ni es de un brillo intelectual o filosófico reseñable, pero sí que permite aferrarse a la pantalla con cierta atención.

Esta nueva propuesta vuelve a los fallos en Matrix, a los errores de la ingeniería social. Da igual que sea una simulación, una programación o una conspiración. Lo verdaderamente importante es que aunque sea por simple estadística no todo el mundo es tan obtuso como para convertirse de inmediato y entregarse a tanta simpleza. Sin embargo, en ocasiones no hay que subestimar la fortaleza del efecto rebaño. Afortunadamente, hallamos muchas historias en las que el ímpetu del disidente, la persistencia en el pensamiento crítico y divergente, suele terminar imponiéndose o al menos resistiéndose.

Una de los dos personajes principales es irreverente, políticamente incorrecta, o simplemente de naturaleza diversa. Es una persona crítica, volcánica, ácida y mordaz. Habla sin tapujos, de una felicidad no forzada. No debe tener Instagram ni una mandíbula férrea con la que sostener una impostada sonrisa empática. Lo cual es esperanzador para la Humanidad. Bravo por aquellos que deciden la píldora roja, en lugar de la azul. Esa es Carol Sturka (Rhea Seehorn), si bien no es una elegida en sentido estricto como Neo (Keanu Reeves), sino una cascarrabias que no asume el positivismo sin más, ni el conformismo como plan vital. Eso lo dejaremos a los fervientes creyentes de la psicología positiva o del mismísimo coaching.

Carol y su compañera existencial asignada, Zosia (Fotograma: AppleTv+)

Esta protagonista es una de las únicas en el mundo capaz de resistir el embelesamiento que produce la nueva secta que domina el mundo. Junto con otras doce que devienen en apóstoles o inconvencibles frente a tanto servicial y zalamero. El objetivo alienígena es el de hacer sucumbir a estos últimos humanos a su modo de vida hipnótico. El virus alienígena vuelve a todos lelos complacientes, e incapaces de poder mentir… Esto debe ser la (amarillenta) leche.

Ecologismo impostado, les hubiera gustado ser vegetarianos pero son amables sometedores de voluntades, y caníbales. Lobos con pieles de cordero, los de siempre bajo diferentes formas. La apariencia amable o buenos modales están relativamente bien, pero la falsa candidez y la ofensa a la propia inteligencia dan ganas de comportarse y maldecir a grito pelado como Sylvester Stallone y Wesley Snipes en Demolition Man,

Aunque no es una gran película la del cómico Ricky Gervais, en Increíble pero falso, nos enseña cómo ser diferente tiene sus ventajas. En ese mundo donde nadie miente, por qué no aprovecharse un poco y ser la nota discordante. Cierto es que Jim Carrey tenía bastantes más problemas en la maldición del Pinocho contemporáneo de Mentiroso compulsivo. Muchos de esos doce disidentes naturales, se dejan seducir por las ventajas de ser complacidos a todas horas, incluso la propia Carol tan gruñona y explosiva, termina por amoldarse a la tan servicial y dispuesta asistente Zosia. Marcar el número ‘0’ en el teléfono y pedir un deseo cual Aladdin con su Genio de la Lámpara, es como tener el mando a distancia del propio Carrey en Como Dios. No pareciera mala opción a priori. Aunque lógicamente es la gran trampa con la que sucumbir a tentaciones peligrosas, terminar sometido a la Secta.

Carol y su compañero de intrigas, Manousos (Fotograma: AppleTv+)

Carol es conocedora de que está inmersa en una gran simulación a lo Show de Truman con una perversa finalidad, pero su reactividad inicial con el desgaste del tiempo y la soledad le hace mella. Está muy bien valorar la individualidad, es deseable. Pero no todo puede hacerse solo. Aprovechándose de esas debilidades humanas, los alienígenas te suman a su causa, siempre «con tu consentimiento».

Por suerte para ella aparece el otro protagonista de la serie. A él no pueden darle nada, los alienígenas no pertenecen a su mundo ni son de su agrado. El paraguayo, genio y figura. La terquedad y resistencia de Carol Sturka y Manousos Oviedo (Carlos-Manuel Vesga) son gratificantes. Ya sea en la larga odisea por las Américas de éste, o las gamberradas con las que pasa el día a día aquélla. En cualquier caso, reconforta la tranquilidad, el sosiego y la introspección. Sabiendo convivir con la situación.

Nada de imperativo biólogico ni de «violadores de mentes». Estos dos divergentes se niegan a ser encasillados en la nueva realidad de pseudohumanos. Shailene Woodley nos mostró el camino Divergente. Pese a los esfuerzos de los ingenieros sociales, esos padres fundadores de las distopías, nadie quiere ser etiquetado ni teledirigido como una mercancía. Las burbujas ideológicas y partidismos son sólo útiles para los que se benefician de ello, no para el común de los mortales.

Al fin y al cabo, tener un temperamento fuerte es ventajoso si aleja de los devotos hipócritas que en este planeta buscan vender sus causas o quieren programar las sociedades según los valores y estándares óptimos para (su) Bienestar. «Por el medioambiente y el planeta, por mejorar los servicios públicos, por tu bien/bienestar, por tu seguridad, por tu felicidad»… El control social, los experimentos y la manipulación, son buenos elementos en esta miniserie Pluribus. Con todo el misterio por resolver desgraciadamente. Esperemos que no hagan de la gracia un cuento alargándolo innecesariamente, que «nos sabemos de qué va la historia».

Si en ocasiones hay síntomas de sentirse como Luke Wilson en Idiocracia, puede ser buena señal. Hasta las comedias más aparentemente ridículas son de lo más reveladoras. Tal vez no se sea un elegido, una mente preclara o un rebelde sin causa, pero tampoco una dócil marioneta. Lo más relevante es que la capacidad de pensamiento crítico ayude a discernir si se está rodeado de idiotas o de listillos sectarios…