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¿Dónde estaban las series políticas españolas?

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Con el estreno de la serie Vota Juan miramos hacia atrás y hacia los lados para ver qué ha sido de la política en la ficción televisiva.

Hay ausencias que brillan. Huecos vacíos en butacas que abultan más que los propios asistentes, quienes para disimular intentan en vano colocar sus abrigos en esos espacios molestos. Es inútil. Esos huecos hay que llenarlos de verdad. Así era hasta hace demasiado poco el panorama de ficción televisiva en España. Todo un abanico de temas, formatos e ideas, pero molestamente incompletas. Teníamos dramas hospitalarios, comedias costumbristas, surrealismos disparatados, recreaciones históricas…pero, ¿y la política? ¿Dónde estaban las series políticas en España?

Con el reciente estreno de Vota Juan la ficción en nuestro país ha recibido un trago de agua fresca que ni sabía que necesitaba. La nueva comedia maquinada por Diego San José y Juan Cavestany para TNT y con la cabeza de lista de Javier Cámara ha ventilado el habitáculo de temas sobre los que hacer series en España. Y es que la política, como el sexo, las drogas o la ciencia ficción, hasta fechas muy cercanas, era un tabú en nuestra televisión.

Ya fuera por miedo o vértigo a descarrilar, la política no ha sido una carta válida para jugarla hasta ahora. Quizá el descalabro que supuso Moncloa, ¿dígame? allá por 2001 sirvió para que nos vendásemos los ojos y se apostase de nuevo por otro drama de hospitales. Quizá. Tampoco funcionaron los ridículos telefilmes pastiche sobre el 23-F. Hacía falta algo más.

Si miramos de reojo a otros países observamos como la política en televisión ha sido un gozoso filón de reconocimiento. Ya en 1980 en esa maravillosa tierra de la creación audiovisual como es Gran Bretaña surgió Sí, ministro, una comedia satírica con ese humor tan afilado como es el inglés.

‘Veep’ es uno de los ejemplos a los que más se recurre para mostrar el éxito de la política en la pequeña pantalla.

Y no tenemos que remontarnos tan hacia atrás. En Estados Unidos la alocada y entrañable Parks and Recreation (2009-2015) replicó la fórmula del falso documental que tanto éxito cosechaba por entonces The Office US (contaba con los mismos creadores) y miró a la política de forma algo translúcida y desfigurada, pero sacando valor al lado humano de sus personajes. Algo muy parecido salió con Veep (2012- ), donde se probó por enésima vez que la política bien llevada a la pantalla podía atrapar al espectador – y a los premios.

Vota Juan bebe intensamente de esas dos comedias. No es difícil encontrar puntos en común entre el deshumanizado personaje de Javier Cámara y el patetismo de Julia Louis-Dreyfus (Veep), o la vulnerabilidad de Michael Scott (The Office). El propio Cámara admitió durante el preestreno de Vota Juan sentirse entusiasmado con este nuevo personaje: “Me gusta humanizar a la bestia”.

Con la explosión de Netflix y su éxito en las producciones locales, el resto de televisiones tradicionales se han visto obligadas a dar esos pasos que tanto les hacía temblar hace unos años. Fariña, La peste, Matadero…son algunas de las apuestas que han conseguido estirar el abanico de los temas que pueden consumirse en la pequeña pantalla. Se trata de un cambio más causado por la feroz competencia que por propia convicción. Y aun así la jugada está saliendo bien.

‘Borgen’ se postuló como uno de los dramas políticos mejor llevados en televisión.

“La política española es una serie mal escrita”, aseguró ayer uno de los creadores de Vota Juan Diego San José durante la presentación de la serie en la Fundación Telefónica de Madrid. Y aunque el también guionista de la maravillosa Fe de etarras insistió que con Vota Juan se había evitado dar “codazos” a la realidad de nuestra política actual, lo cierto es que con esta nueva serie se ha abierto una rendija de luz para todo un mundo de prometedoras historias. Un Borgen, o un House of Cards a la española podría no estar tan lejos ya.

¿Dónde estaban las series políticas en España? Desaparecidas, o colocadas forzosamente de forma tangencial, en tramas secundarias, sin luz ni sombra, alejadas. Estaban en la recámara de las mesas de guion, en el banquillo calentando, esperando a que el partido pidiese nuevos recambios frescos y con ganas de correr.

“Confiamos en que la política haya venido para quedarse”, dijo Javier Cámara.

Y nosotros también.

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