Título original: Voy a Pasármelo Mejor
Año: 2025
Duración: 110 min.
País: España
Dirección: Ana de Alva
Guion: David Serrano, Luz Cipriota
Reparto: Izán Fernández, Renata Hermida, Rodrigo Gibaja, Rodrigo Díaz, Alba Planas, Raul Arévalo, Karla Souza
Música: Alejandro Serrano
Fotografía: Joan Bordera
Montaje: Miguel Ariza
Productoras: El Estudio, Paraíso Torres, Beta Fiction Spain, RTVE
Distribuidora: Beta Fiction Spain
Género: Comedia, musical, romance
—
La etapa en la que el cine español se encuentra ahora es muy curiosa. Por un lado artístico, tenemos la apertura de puertas a una enorme cantidad de producciones en el sector, apostando más por mayores riesgos creativos ya sea de veteranos como Víctor Erice con Cerrar los Ojos o Javier Macipe con La Estrella Azul entre muchos otros, además de haber un recorrido más internacional pero por un lado comercial. Pero hay un tipo de producciones que se ve que funciona económicamente, o al menos una fórmula que se trata de replicar y es el del género familiar.
Santiago Segura, del mismo modo que hizo con el humor casposo con la saga Torrente en la década de los 2000, encontró una fórmula de comedias familiares con la saga Padre no hay más que uno. Muchos intentan replicar sin llegar a los talones de los mismos resultados de taquilla o simpatía del público, ni siquiera el propio Segura con A todo tren ni Vacaciones de verano ha conseguido replicarla.
Ahora todos intentan crear la siguiente ‘Padre no hay más que uno’ con un montón de comedias familiares (tirando ya por lo infantil) preparadas o en producción para estrenarse en los próximos años. Pero entre todas estas producciones, hay una película cuyo marketing ha añadido a esa categoría y sorprende no por ser secuela sino por la antecesora en sí, la excepción a la regla.

Fotograma de ‘Voy a Pasármelo Bien’ (Foto: Sony Pictures España)
Han pasado tres años ya desde Voy a pasármelo bien, una comedia familiar que no seguía las tendencias modernas de las que Segura se suele apoyar, contaba una historia de amor juvenil nostálgica situado en los años 80 con números musicales con canciones de Hombres G. David Serrano a parte de entregarnos una obra con un claro sello personal, corazón y hasta meta cinematográfica, creó de lejos la mejor película de esta categoría.
Un merecidísimo éxito de crítica y público en los cuáles tantos niños como adultos se engancharon a los personajes, las increíbles actuaciones, particularmente del cast infantil, la personalidad y sobre todo, un claro entendimiento generacional por ambas partes de la nostalgia, los primeros amores y la reflexión hacia el arte. Todo esto fue reflejado en una comedia familiar pero simpática y drama sensible pero no moñas, fue cursi pero increíblemente honesta.
Aun así, resultó una sorpresa cuando anunciaron una secuela. Volvía el elenco infantil y los autores originales del guion pero está vez con una distribuidora más pequeña, además del riesgo de continuar una historia ya cerrada y que se rompiera fácilmente la continuidad y el tono establecido por la anterior entrega. En un principio el marketing lo pintaba así, con un poster horrible y trailers en los que aunque se agradece volver a ver estos jóvenes talentos, se iba a inclinar más a un tono infantil en vez del familiar que tan bien estableció la primera.
Parecía que se iba a apoyar más en clichés y que no tendría el corazón de la primera, y sí a eso le sumamos la sustitución de Serrano (quien aun así vuelve a firmar el guion) en la dirección por la extremadamente joven debutante Ana de Alva, son los ingredientes para una secuela muy débil y posiblemente cínica…pero tras salir de la sala a uno se le calla la boca.

Fotograma de ‘Voy a Pasármelo Mejor’ (Foto: Beta Fiction)
Es inferior a la primera, eso estaba claro, pero aun así el material promocional no solo no hace justicia a lo que es la película en sí, sino que a parte resulta ser una secuela competente que respeta la esencia y la continuidad de su primera parte. Tiene un gran corazón tanto en la comedia como en el drama, sorprende muchísimo la dirección de la extremadamente joven Ana de Alva. Ella aporta dinamismo y energía a la película, acercándose al tono de Serrano pero sin sentirse una copia. Hay ideas visuales muy buenas, planos secuencias efectivos y un sentido del ritmo que sabe cuando darse un respiro y dejar espacio a los personajes, así de cómo un etalonaje más colorido que el de la anterior entrega.
Al igual que los propios actores, los personajes también han madurado y sorprendentemente en la película hay momentos tranquilos en los que se puede ver su desarrollo, primeras experiencias y conflictos emocionales en una mezcla entre una comedia juvenil enérgica y una sorprendente carga dramática. A excepción de una actriz que ya la mencionare, el reparto joven vuelve a ser muy bueno, superior al de muchas películas actuales.
Pero quienes se roban el show son por supuesto Rodrigo Gibaja, quien vuelve a tener una increíble energía y aunque a veces su comedia no se sienta tan fresca. El chico tiene un encanto y un talento para enganchar descomunal y a parte sabe dar una sorprendentemente sútil pero emocionante actuación dramática, que deja ver a un personaje más complejo de lo que puede aparentar ser. Lo mismo se puede decir también de Rodrigo Díaz, a quien se le da más tiempo que en la anterior para enfocarse en su personaje en una trama en la que apenas hay diálogos y se basa más en el silencio y las inseguridad, dándonos también algunas de las escenas más potentes en la película.
También tanto personajes conocidos como los de Michel Herráiz y Javier García como las nuevas adiciones, tal son el caso de Camela Camacho y Alba Planas, compaginan muy bien entre sí. Lo mismo se puede decir de las tres diferentes historias de amor principales están ejecutadas de una manera que no se sientan forzadas ni fuera de lugar a pesar de los tonos diferentes de cada una, en especial las dos tramas secundarias funcionan muy bien para el desarrollo de estos personajes y se mantiene fiel tanto a la continuidad como al final más maduro de la primera. A pesar de que la conclusión de esta entrega sea más cursi, no deja de ser tierno porque no rompe con el esquema establecido.
Sin embargo, la historia de amor más débil es perfectamente la principal entre Izán Fernández y Renata Hermida, siendo está última la única que su actuación, aunque no terrible, palidece al nivel de la anterior, es una trama que si bien al principio te rompe unos clichés y aborda el fin del primer amor adolescente.

Fotograma de ‘Voy a Pasármelo Mejor’ (Foto: Beta Fiction)
Pero a mitad de la película se va por una ruta más tradicional y desgraciadamente aunque las secuencias de sueños son ingeniosas en papel y hasta incluso visualmente, ambos actores no llegan a tener la química fuerte que tuvieron en la primera como el resto del reparto. Desde Gibaja con Díaz, hasta Díaz con Montejo, quienes apenas tiene diálogo y hasta el propio Fernández con Camacho, enganchan y conmueven muchísimo más que la pareja protagonista, quienes tuvieron esa magia en la primera película. Y respecto a los números musicales se encuentran sentimientos encontrados, porque por un lado Alva muestra destreza en su dirección, bebiendo de cierta influencia a La La Land e incluso de producciones madrileñas en las cuáles el propio Serrano ya trabajo.
Pero al no tener una temática específica las canciones, se puede sentir en la mayoría de ocasiones fuera de lugar y hace que se sienta que está no era una historia que necesariamente debiera ser un musical. En la anterior entrega,había un significado en las canciones de los Hombres G y el hecho de que solo Fernández y Hermida fueran los únicos quienes protagonizaron esos números, era una clara muestra de la conexión de ambos pero aquí cualquiera puede cantar y bailar. Los números escenas no están mal hechos como Joker: Folié a deux ni que las canciones sean malas como en Emilia Pérez, pero llegan a sacarte de la historia.
Voy a pasármelo mejor es inferior a la primera, eso no es una sorpresa. La primera se sintió como el propio Serrano contando una historia muy personal e íntima, de ahí la fuerza meta y la carga emocional y aquí más bien vemos a una joven talento con mucho potencial viendo crecer a estos queridos personajes creados por él, y eso hace que esta secuela que se veía innecesaria sea muchísimo mejor de lo que tenía derecho a ser. Una evolución de sus propios personajes, que les hace justicia, divertirá y emocionará a niños y adultos por igual y a aunque sea increíblemente cursi, tiene muchísimo corazón y hasta ingenio. Es destacable una escena en el último tramo ubicada en un coche, no puedo decir nada más salvo que es una maravilla. El marketing no le hará justicia y sin duda habrá un montón de contenido de baja calidad en este género, pero Los Pitus son su propia cosa aparte.


