Título original: Los Tigres
Año: 2025
Duración: 109 min.
País: España, Francia
Dirección: Alberto Rodríguez
Guión: Rafael Cobos, Alberto Rodríguez
Reparto: Antonio de la Torre, Barbara Leine, Joaquín Nuñez, César Vicente
Música: Julio de la Rosa
Fotografía: Pau Esteve Birba
Montaje: José M.G. Moyano
Productoras: Movistar Plus+, Kiwalski Films, Feelgood media, Mazagón Films AIE
Distribuidora: Buena Vista International
Género: Thriller
Dentro del panorama cinematográfico español, pocos dúos han conseguido una conexión creativa tan sólida y fructífera como la formada por los guionistas y directores Rafael Cobos y Alberto Rodríguez. Su colaboración comenzó en 2005 con el estreno de “7 vírgenes”, una película que no solo marcó el inicio de su alianza profesional, sino que también dejó entrever el talento y la sensibilidad narrativa que caracterizarían todas sus obras posteriores. Desde entonces, han mantenido una estrecha relación artística que ya supera las dos décadas de trabajo conjunto. A lo largo de los años, Cobos y Rodríguez han construido un universo cinematográfico reconocible y coherente, donde la tensión narrativa y el retrato social se entrelazan de manera magistral. Películas como “La isla mínima”, “Modelo 77” o “Grupo 7” son ejemplos emblemáticos de su capacidad para reflejar la realidad urbana y las complejidades humanas con un estilo sobrio, intenso y profundamente callejero.
En esta ocasión, el tándem creativo vuelve a sorprender con su nueva película, “Los Tigres”, presentada recientemente en el Festival de San Sebastián, donde ha sido galardonada con el Premio del Jurado y el reconocimiento a la Mejor Fotografía. Este nuevo éxito reafirma la madurez artística de ambos cineastas y su capacidad para seguir emocionando y cautivando al público a través de historias potentes, llenas de realismo y humanidad, con una visión compartida del cine como herramienta para explorar la condición humana y plasmar, con autenticidad y fuerza, la esencia de nuestra sociedad.
En “Los Tigres” se nos presenta la historia de Antonio y Estrella, dos hermanos que llevan toda la vida en el mar. Antonio es el Tigre, un buzo imbatible, el compañero que todos quieren abajo en las profundidades. Estrella asiste a su hermano en la barcaza en la que trabajan, ella le mantiene unido a tierra ya que fuera del agua Antonio es un auténtico desastre. Cuando Antonio tiene un accidente y le comunican que sus días de buceo van a acabar pronto, el futuro que se les presenta es oscuro y complicado. Por lo que Antonio deberá por él mismo y por su familia adentrarse en un mundo peligroso y arriesgado.
Como era de esperar, la película se consolida como uno de los thrillers más intensos, viscerales y asfixiantes del año, destacando a la hora de la construcción del suspense y en la manera de hacer que la tensión y la adrenalina no sean simples recursos narrativos, sino elementos vivos que se integran con naturalidad en la historia. Todo ello se articula a través de una gran puesta en escena como nos tiene acostumbrados Alberto Rodríguez y una fotografía capaz de reflejar tanto la crudeza del entorno como la intimidad emocional de los personajes. La trama se adentra en los terrenos del narcotráfico, la salud y los errores que marcan la vida, pero más allá de estos temas, el eje central de la película gira en torno a una historia profundamente humana: la de dos hermanos que solo se tienen el uno al otro y al mar como refugio. Es en esa relación fraternal donde el relato encuentra su verdadera fuerza y su dimensión más humana.
Los protagonistas, Antonio, interpretado por Antonio de la Torre, y Estrella, encarnada por Bárbara Lennie, ofrecen interpretaciones cargadas de matices y sensibilidad. Antonio representa la resignación silenciosa, un hombre que sufre en soledad y que intenta, a su manera, mantener a flote un mundo que se desmorona a su alrededor. Estrella, en cambio, es la mente inquieta y emocional del dúo: un torbellino de sentimientos reprimidos que se siente atrapada en su propio hogar y en las circunstancias que la rodean. Ambos personajes forman un contrapunto emocional que sostiene la película de principio a fin. A pesar de sus diferencias, son el auténtico corazón de la historia, y su vínculo funciona como el motor que impulsa la narrativa. Por muy adversas que sean las circunstancias y por mucho que el mundo parezca derrumbarse, siempre se tendrán el uno al otro, aferrándose a ese lazo como a una tabla de salvación en medio del océano que los rodea y, en cierto modo, los define.
A pesar de todo, la película cae en algunos de los clichés propios del género, lo que la vuelve algo predecible en ciertos momentos. Elementos como los personajes secundarios, la progresiva complicación de los acontecimientos o la relación entre Antonio, su exmujer y sus hijas son recursos narrativos que, aunque están bien ejecutados y tratados con sensibilidad, resultan familiares y ya explorados en muchas otras historias. Por otro lado, la película dedica un tiempo considerable a mostrar el oficio de buzo y la relevancia que este tiene dentro del relato; si bien este aspecto aporta realismo y profundidad temática, también provoca que la narración tarde en arrancar y que su primer acto se perciba como el más débil en cuanto a ritmo e intensidad.
Como conclusión, “Los Tigres” se alza como una de las mejores películas españolas del año, una combinación entre el drama humano y el thriller acuático para ofrecer una historia de hermandad, redención y supervivencia. Su atmósfera densa crea un equilibrio entre la tensión, la narrativa y la emotividad íntima. No somos conscientes de la suerte que tenemos de tener a Rafael Cobos y a Alberto Rodríguez en nuestro cine.


