Título original: Historias del buen valle
Año: 2025
Duración: 122 min.
País: España, Francia
Dirección, guion y montaje: José Luis Guerín
Fotografía: Alicia Almiñana
Música: Anahit Simonian
Productoras: Los Ilusos Films, Perspective Films
Distribuidora: Wanda Visión
Género: Documental
Crítica en Letterboxd
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Reseña recogida, editada y extendida de la crónica de la Sección Oficial de la 73º edición del Festival de San Sebastián
José Luis Guerín, no será uno de los nombres más sonados, pero quién conozca su filmografía sabe que es probablemente uno de los pocos directores puramente autorales en el cine español moderno. Sus trabajos no son narrativas tradicionales, sino reflexiones e investigaciones profundas sobre la huella del cine. Ese es tanto el caso tanto en trabajos documentales como la aclamada En construcción, al igual que en los de ficción, los cuales pueden cruzar la línea del falso documental. Guerin ya le meta verdad a la fantasía o viceversa, no cuenta historias sino viajes cinematográficos.
Es un autor quién hace caso omiso a los estándares estéticos y narrativos de la industria española y cuyos trabajos sirven como lecciones de introspección, memoria, tiempo y cine. Se puede decir que durante los últimos 30 años ha sido el nuevo Erice, aunque con un estilo más extremo. Ambos autores comparten una larga pausa entre sus filmes, siendo la ausencia de guerin menos intensa pero bastante notable. Su nueva película, la primera en diez años tras triunfar en el Festival de Sevilla con La academia de las musas, no es solo un documental social, es un testimonio humanista en donde en la aparente sencillez de estas personas se encuentra la mayor profundidad.
En esta ocasión, Guerin viaja a Vallbona, un barrio del extrarradio de Barcelona aislado por un río, vías férreas y autopistas. Sus habitantes, conformados por personas de diferente partes del mundo y con culturas variadas, crean una única, a través de su unión y aislación de la gran ciudad. Sin embargo la industrialización y modernización de la metrópolis catalana va cogiendo cada vez más terreno. Este es un pueblo que presencia la evolución y a la vez la muerte de su hogar, un lugar más apartado y libre que va cambiando constantemente.
En su visita a Guerin, no le interesa solo el conflicto social sino ante todo conocer y entender a todas las personas del barrio. Adultos, ancianos, niños, agricultores y etc., son la clave para no solo entender su visión sobre el barrio y la cultura, sino también de la vida, el amor y el paso del tiempo. Al igual que el barrio, la gente crece y envejece. Algunos son niños y jóvenes con la posibilidad de tener un futuro, a pesar de las duras condiciones. Otros son ancianos quienes se han pasado toda la vida, respirando y viviendo de la naturaleza rural apartada de la metropolis, y cuyo tiempo se está desvaneciendo, hasta llegar al punto de irse cómo los amores que recuerdan.
Fotograma de ‘Historias del buen valle’ (Foto: Wanda Visión)
Guerin funciona como un narrador fantasma, quién utiliza su cámara como sus propios ojos a la hora de ser testigo de la naturaleza de este barrio y la muerte de ello debido a la modernización y a la industrialización, así de cómo las conversaciones con los habitantes del pueblo tanto jóvenes como viejos. Pueden derivar desde lo más simple y sencillo hasta llegar a comprender tantos las diferentes filosofías sociales y políticas que ellos tienen, así de como el inevitable paso del tiempo de los veteranos, al igual que el futuro que les espera a los más jóvenes por vivir, a través del inevitable y hasta cierto punto trágico cambio.
Con un inicio magistral grabado en 16mm que transiciona mágicamente a la crudeza del digital, Guerin a través de entrevistas y de su propia visita crea una de los mayores testimonios poéticos que se han visto en esta última época cinematográfica en una transición similar a la de la humilde gente de este barrio. No solo se apoya del diálogo a través de las entrevistas, Guerin una vez que los conoce, su cámara se siente más cercana a ellos. Son muchísimas historias, y ninguna tiene una conclusión cerrada, pero sientes que los conoces personalmente. Se siente un trabajo muy completo por todas las capas de complejidad humana que consigue destapar con paciencia, tiempo y delicadeza.
Cada gesto y expresión importa al igual que sus costumbres culturales, sus alegrías, penas, miedos y pérdidas. Las historias se unen en un fantástico desenlace que emociona, tras haber conocido a todas estas personas y su constante aislación a través de una sociedad rural fascinante, paralelo a la actual urbanización. A penas se puede comentar de ella, porque es una experiencia que hay que vivir. Más que un documental es una visita reflexiva y puramente humanista. Acerca tanto lo bello como a las inevitables dudas que llegan sobre el paso del tiempo.
Es una pena que su éxito en San Sebastián, no haya sido suficiente para darle el estreno comercial que merece, al no seguir los estándares comerciales y ser de una naturaleza puramente autoral. Es una de los trabajos más bellos que se han visto en el cine español moderno en todos los sentidos. Risas, lágrimas y reflexión en un cúmulo de emociones en una película aparentemente simple y minimalista pero atrapante en su emoción y profundidad. Un milagro cinematográfico a la par de la testimonial Cerrar los Ojos, que confirma a Guerin como una de las voces más importantes y sinceras de nuestro cine.


