Título original: O Agente Secreto
Año: 2025
Duración: 161 min.
País: Brasil, Francia, Alemania, Países Bajos
Dirección y guión: Kleber Mendonça Filho
Reparto: Wagner Moura, Carlos Francisco, Tânia Maria, Robério Diógenes, Alice Carvalho,
Gabriel Leone, Maria Fernanda Cândido, Hermila Guedes, Isabel Zuaa, Udo Kier
Fotografía: Eugenia Alexandrova
Montaje: Eduardo Serrano, Matheus Farias
Música: Tomas Alvez Souza, Mateus Alvez
Productoras: CinemaScópio, MK Productions, One Two Films,
Lemming Film, Arte Francé Cinema
Distribuidora: Elástica Films, La Aventura
Género: Drama, comedia
Crítica en Letterboxd
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Reseña recogida, editada y extendida de la crónica de la Sección Perlak de la 73º edición del Festival de San Sebastián
La nueva película del cineasta brasileño Kleber Mendonça Filho fue una de las más celebradas en el pasado festival de Cannes, alzándose con los premios de Mejor Director, Mejor Actor y el premio FIPRESCI. Durante el resto del año se ha ganado el aplauso de la crítica internacional, con muchos poniéndola como una de las mejore películas del año, al igual que también ha conseguido hacer buenos números en la taquilla brasileña.
El agente secreto es sin duda una de las fuertes candidatas en los OSCARS de este año, con la posibilidad de alzarse con el premio de mejor película internacional o incluso mejor actor para Wagner Moura, como ya sucedió en los Globos de Oro y en más premios.
El prólogo, es sin duda lo mejor de la película, ofreciendo una mezcla entre humor negro y suspense pero tratado con un realismo y crudeza brutal. Causa intriga sobre cuál es la historia que nos va a contar, ofreciendo buena comedia, intriga y una gran ambientación. La historia se divide en tres partes y la primera sigue reflejando esa promesa.
Ofrece una ambientación muy conseguida, en parte gracias al arte y sobre todo la gran banda sonora que tiene por ofrecer. Presenta unos personajes que se ganan fácilmente la simpatía del espectador. No solo destaca el simpático fugitivo Armando, interpretado por Wagner Moura en un papel aclamado, sino también los amigos y aliados que le acompañan en su fuga política en una trama policial que ofrece un planteamiento interesante.

Sin embargo el momento en el que la historia de Mendonça se dispara en el propio pie es cuando se introduce unos flashfowards a la actualidad protagonizada por unas estudiantes. La calidad de estas secuencias respecto a lo que se nos había presentado no tiene nada que ver. Las actuaciones, diálogos y valores de producción dejan muchísimo que desear y es introducido de tal manera que desconcierta. Al empezar la segunda parte, empiezan a aparecer problemas que hacen que la película vaya perdiendo fuerza.
Se siguen introduciendo más personajes y tramas a medida que la historia avanza, tal vez demasiados. Esto último no es que sea malo, de hecho se empieza a ofrecer reflexiones interesantes sobre la Dictadura militar de Brasil en los años 70 y los fugitivos políticos son creíbles. Pero hay un punto en el que se acaba alargando y frena el ritmo, y podría ser justificable sí la tercera parte hubiera dado una resolución satisfactoria.
El último tramo empieza con una buena tensión y acción, consigue mantener el interés sobre cómo va acabar todo para Armando. Pero en vez de mostrarlo, Mendonça decide explicarlo, y ahí es cuando empieza a cobrar sentido esas secuencias protagonizada por estudiantes, aunque de manera muy predecible y anticlimática.
La mayoría de los muchos personajes a los que tanto tiempo se les había dedicado en los dos primeros actos desaparecen completamente, sin apenas hacerle mención. El epílogo ofrece una reflexión vaga sobre la dictadura y la memoria histórica con diálogo expositivo y al igual que en esas secuencias del presente, da mucho que desear en todos los aspectos de producción, sobre todo a la hora de compararla con el resto del filme.

Es de ahí como uno siente que un drama histórico que se alarga debido a sus ambiciones épicas, decide cerrar de la maner más perezosa y triste posible. La memoria histórica de las víctimas de la dictadura fue mejor tratado y de manera más íntima en la pasada Aun estoy aquí de Walter Salles.
La actuación de Moura es buena y la dirección de Mendonça Filho es bastante decente a excepción de las escenas del presente, pero resulta desconcertante tanto la celebración como los premios que han recibido. Son dos personas con muchísimo talento que no consiguen explotar debido a la magnitud de sus ambiciones.
Moura consigue hacer un buen trabajo con sus tres personajes, llegando a ser irreconocible, pero no llega a impresionar ni conmover tanto como se ha hablado en el último año. Mendoça tiene una buena visión y estilo, así como un respeto honesto por la historia que está contando y los personajes que la protagonizan. Pero todas las buenas intenciones se tropiezan en esas secuencias que arruinan el potencial, sintiéndose como si hubieran sido realizadas por un equipo completamente distinto.
Es una pena que una película con no solo buenas intenciones y grandes ideas sino talento, se tropiece de tal manera. Se respeta mucho el trabajo y talento de Mendoça, quien ya ha demostrado en sus anteriores trabajos que es un director muy eficaz. Las reflexiones que quiere hacer de la dictadura y la memoria histórica se quedan cortas.
Al final en sí es como Tiburón, la película que más se menciona en el filme. El tiburón es amenazante y causa intriga pero cuando es revelado, ya no es que sea falso, sino que este se hunde de una manera tan decepcionante.


