Título original: Caminando con el diablo
Año: 2026
Duración: 84 min.
País: España
Dirección: Rubén Pérez Barrena
Guion: Jesús Miguel Quintana, Rubén Pérez Barrena
Reparto: Marina Salas, Tamar Novas, Iván Marcos, Álvaro Lafora, Jorge Asín, Annick Weerts, Vicente Vergara, Alejandro Cano, Enrique Cazorla
Música: Juanjo Javierre
Fotografía. Javier Salmones
Producción: La Canica Films.
Distribuidora: Filmax
Género: Thriller
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El thriller rural siempre ha sido un terreno fértil para que los cineastas exploren las zonas más oscuras del ser humano. En nuestro país, el género puede remontarse a títulos como El crimen de Cuenca (Miró, 1980), pero sin duda, en la última década ha vivido un renacimiento con películas muy celebradas como La isla mínima (Rodríguez, 2014), Tarde para la ira (Arévalo, 2016) o As bestas (Sorogoyen, 2022).
Esta semana llega la última aportación, Caminando con el diablo, debut en el largometraje del director aragonés Rubén Pérez Barrena. Un inquietante e interesante relato sobre el duelo y la degradación moral ambientado en la España de los años ochenta.
La película sigue a una pareja marcada por la tragedia tras la desaparición de su hijo. Una herida emocional que nunca termina de cicatrizar y que se intensifica cuando el encuentro con una familia de turistas desencadena una cadena de actos cuyas consecuencias resultan absolutamente devastadoras.
Caminando con el diablo se adentra en un territorio donde la culpa, el dolor, la frustración y la desesperación pueden llegar a deformar la percepción de la realidad. Corrompiendo por completo la identidad de aquellos que lo padecen. Moldeando a los personajes hasta tal punto que cada una de sus decisiones les conducen hacia un descenso inevitable.
Su guion apuesta por un desarrollo pausado, efectivo para un thriller psicológico, que permite al espectador adentrarse en el oscuro mundo interior de los protagonistas. Si bien en algunos momentos, el espectador pueda sentir cierta sensación de previsibilidad, esto no disminuye el impacto de las escenas clave ni de un par de giros narrativos muy sorprendentes.
Con todo ello, el gran acierto de la cinta es, sin duda, el trabajo interpretativo de Tamar Novas (Rondallas) y Marina Salas. Ambos actores construyen una dinámica con actuaciones incómodas y profundamente perturbadoras. Novas interpreta un personaje lleno de contradicciones, atrapado entre la contención y los estallidos de rabia, mientras que Salas aporta una dimensión más silenciosa, canalizando el sufrimiento de su personaje con una intensidad contenida que transmite todo el peso de la tragedia.
La atmósfera de Caminando con el diablo se construye a partir de un paisaje árido y silencioso. Un recurso habitual en este tipo de producciones que Pérez Barrena utiliza para reflejar y extender el estado emocional de los personajes. Los espacios abiertos, aparentemente infinitos, transmiten una sensación de aislamiento absoluto. Convirtiendo el campo en un territorio inhóspito y hostil donde la violencia parece latente.
Este clima de tragedia se amplifica con cada gesto, mirada y silencio de los protagonistas. El director demuestra una notable habilidad para mantener esa tensión a través de una puesta en escena sobria que privilegia este minimalismo. Y es que cuando la violencia irrumpe, lo hace de manera abrupta, intensificando el impacto y subrayando la sensación de inevitabilidad que atraviesa toda la historia.
Como ópera prima, la película revela a un director con personalidad y todo un talento a seguir. Caminando con el diablo es un debut sólido que combina una narrativa psicológica intensa con un estilo visual cuidado, capaz de mantener al espectador inmerso en la tensión durante unos 84 minutos de metraje que resultan totalmente absorbentes.



