‘Bridget Jones. Loca por él’. Volver a empezar

Título original: Bridget Jones: Mad About the Boy

Año: 2025

Duración: 126 min.

País: Reino Unido

Dirección: Michael Morris

Guion: Helen Fielding, Abi Morgan, Dan Mazer.

Reparto: Renée Zellweger, Chiwetel Ejiofor, Leo Woodall, Hugh Grant, Colin Firth, Casper Knopf, Mila Jankovic, Josette Simon, Leila Farzad, Emma Thompson, Jim Broadbent, Shirley Henderson

Música: Dustin O’Halloran

Fotografía: Suzie Lavelle

Género: Comedia romántica

Ficha en Filmaffinity

Ha tenido que pasar casi una década para que Renée Zellweger (Judy) haya vuelto a interpretar uno de sus personajes más icónicos. Si en la anterior entrega de la franquicia Bridget Jones el gran conflicto giraba en torno a la maternidad, ahora es la viudedad la que marca el tono de la historia. Y no, no es un spoiler. El propio tráiler ya adelanta que el querido señor Darcy no estaría presente más que por un breve cameo de Colin Firth).

Bridget Jones. Loca por él no es tanto una comedia romántica como las anteriores películas se habían enmarcado. Parte más hacia una exploración agridulce del deseo maduro, el duelo aún palpitante y esa necesidad humana de reírse entre lágrimas. Hoy, Bridget es también esa mujer madura que se niega a pedir perdón por seguir deseando, por seguir equivocándose, por no haber encontrado aún “la forma correcta” de vivir la segunda mitad de su vida.

Con dirección de Michael Morris (To Leslie) y guion coescrito por la propia Helen Fielding —creadora del personaje—, la película sabe mostrar un buen equilibrio entre humor y nostalgia sin renunciar al cinismo elegante de su protagonista. El regreso de Hugh Grant, con la misma canallesca ternura de siempre, añade una capa de reconciliación con el pasado que evita el tono forzado de otras secuelas. Y la presencia de Emma Thompson, otra recurrente de estas películas,  sirve además como contrapunto brillante: otra mujer madura, sabia, cansada, pero no rendida.

La historia fluctúa entre el flirteo de la protagonista con un joven encantador (Leo Woodall) y la conexión que siente con el serio y racional profesor de su hijo (Chiwetel Ejiofor). Como en las mejores comedias románticas, el centro emocional no está en la pareja, sino en la protagonista que decide seguir intentándolo. Cuatro años viuda, madre de dos hijos, más consciente que nunca de su fragilidad y de su libertad.

Y es aquí donde la película encuentra su mayor valor: en mostrar, sin aspavientos, la vida interior de una mujer que ya no quiere cumplir expectativas ajenas. El guion no edulcora ni idealiza: habla del miedo a quedarse sola, del sexo sin promesas, del amor como un espacio posible, aunque no necesario. La maternidad no es aquí un arco de redención, sino un escenario más donde Bridget sigue construyéndose, a ratos torpemente, a ratos con lucidez.

Más allá del reencuentro con un personaje querido, la película propone una reflexión luminosa sobre el lugar de la mujer de mediana edad en el relato contemporáneo. Esa mujer que ya no necesita justificarse, que ha perdido, ha amado, ha criado y ha deseado, y que sin embargo sigue buscando —con humor, rabia o ternura— un sentido, un refugio o, simplemente, un poco de paz.