Sala de profesores
Leonie Benesch en un fotograma de 'Sala de profesores' (Foto: A Contracorriente Films)

‘Sala de profesores’, ¿pero es que nadie va a pensar en los niños?

 Título original: Das Lehrerzimmer

Año: 2023

País: Alemania

Dirección: Ilker Çatak

Guion: Ilker Çatak, Johannes Duncker

Fotografía: Judith Kaufmann

Reparto: Leonie Benesch, Leonard Stettnisch, Eva Löbau, Michael Klammer, Anne-Kathrin Gummich, Kathrin Wehlisch, Sarah Bauerett, Rafael Stachowiak,

Productora: if… Productions, ARTE, ZDF

Género: Drama

Ficha en Filmaffinity

La escuela, ese microcosmos rígido y sistematizado en el que, con algo de suerte, el alumnado debería poder aprender sobre Matemáticas o Historia. Pero, en realidad, de lo que más nos empapamos sin apenas darnos cuenta son de las dinámicas imperantes y los mecanismos necesarios (con sus virtudes y grandes defectos) para la perpetuación de ese complejísimo macrocosmos llamado sociedad. Porque las instituciones tanto públicas como privadas no dejan de ser un reflejo del Estado y su funcionamiento y, a su vez, un magnífico campo de estudio para el cine en sus radiografías de la actualidad del momento a las que pertenezcan. Una máxima cristalina y bien interiorizada por Sala de profesores, la última película del alemán Ilker Çatak, recientemente nominada a los Óscar.

En ella tenemos en el centro del cuadro (literalmente, debido a su formato en 4:3) a la profesora Carla Nowak (magnífica y sutil Leonie Benesch), una joven idealista convertida en absoluta y sufrida protagonista cuando decida, aparte de ser fiel a su integridad moral ante el implacable sistema escolar y las partes que lo componen, investigar bienintencionadamente los recientes y numerosos hurtos acaecidos en el instituto donde imparte clase a chicos de primaria. Tras una acusación que cae sorprendentemente (o no tanto) en saco roto, nuestra docente titular tendrá que hacer frente al efecto dominó que ésta encadena y a su propios principios sobre la honestidad.

Sala de profesores
Fotograma de ‘Sala de profesores’ (Foto: A Contracorriente Films)

Para ello, el director berlinés apuesta de manera clara por no convertir todo esto en la búsqueda del culpable y la verdad (¿qué narices es eso hoy en día?), sino en ir apuntalando hacia los márgenes de la imagen una serie de temas tales como el racismo, la desinformación, la lógica y la razón o la ansiedad. Y mientras no para de lanzar a cada secuencia una gran pregunta o dilema, la película va construyéndose entorno a un sólido y efectivo thriller de personaje enfrentado al espacio (la narración jamás sale del centro escolar) y sus elementos: ya sean grupos de padres que la cuestionan, las políticas de tolerancia cero del colegio que rozan el autoritarismo o los propios alumnos y su búsqueda particular de la verdad (que enorme y fatigante secuencia la de la entrevista para el periódico escolar).

Çatak, que basa el guion coescrito con Johannes Duncker en algunas experiencias personales, también sabe utilizar a la perfección tanto la partitura minimalista de Marvin Miller y sus arreglos de cuerda catalizadores de una tensión creciente, como de la fotografía de Judith Kaufmann, responsable en gran medida de ese acabado naturalista. Sobre todo en su perfecta conjunción con las admirables actuaciones de todos los chavales que aparecen a lo largo del metraje. Personajes que se valen en este contexto por sí mismos al ser representados casi a la misma altura que los adultos, equiparándose e incluso superándolos en cuanto a suspicacia, inteligencia y motivo último de algún que otro grito de rabia en el personaje de Benesch.

La película, a excepción de algunas fugas que escapan de su marcado carácter pedagógico y realista, sabe mantener la compostura hasta cuando no sabe muy bien como dar por concluida la lección. Amén por la ya mencionada actuación de la actriz de 32 años y también por la fantástica réplica que le da el personaje de Oskar (Leonard Stettnisch), punto de contingencia en la mayoría de postulados narrativos y dilemas éticos de la historia. Una que nos recuerda lo crispado que se puede poner el personal en cuestión de segundos, lo frágil que puede llegar a ser la palabra democracia y lo inconclusa y complicada que es la realidad (que no los hechos). Ante todo, recordad: estudiar magisterio es un caramelo altamente envenenado.

Nota de lectores1 Vota
9.5
Lo mejor: Ahora mi antigua profesora de de Ética por fin podrá poner una peli alemana que no sea La ola (2008) en sus clases
Lo peor: Trabajar. En concreto como docente en un colegio
7