Título original: No other choice
Año: 2025
Duración: 139 min
País: Corea del Sur
Director: Park Chan-wook
Guion: Park Chan-wook, Don McKellar, Lee Kyoung-mi, Jahye Lee
Música: Jo Yeong-wook
Reparto: Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Lee Sung-min, Yeom Hye-ran, Yoo Yeon-seok
Género: Thriller. Comedia. Drama
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La novela The Ax, publicada en 1997, es una de las obras más inquietantes de Donald E. Westlake. Conocido sobre todo por sus historias criminales con toques de humor y en este caso sorprendió con esta obra mucho más oscura y amarga, que funciona tanto como thriller psicológico como sátira feroz del mundo corporativo.
La novela está narrada en primera persona, lo que intensifica su impacto y en este caso hizo una crítica contundente al capitalismo corporativo y a la deshumanización del trabajo. La novela retrata un entorno en el que las empresas despiden sin contemplaciones y donde la identidad personal está profundamente ligada al empleo. Devore no solo pierde su sueldo, pierde su lugar en el mundo. Su deriva violenta nace del miedo, del orgullo herido y de la sensación de haber sido descartado por un sistema que antes le daba sentido.
Y partiendo de una novela tan potente y con capas, el cineasta Park Chan-wook decide adaptar esta novela con su nueva película: No hay otra opción, la historia sigue a un hombre de mediana edad llamado Man-su que se embarca decidido en una búsqueda de trabajo tras ser despedido inesperadamente de la compañía de papel en la que trabajó durante 25 años.

Siempre que Chan-wook estrena película se percibe algo especial en el ambiente cinéfilo. No es simplemente el lanzamiento de un nuevo título, es la sensación de estar ante la obra de un autor con mayúsculas. A estas alturas de su carrera, con más de sesenta años y una filmografía ya consagrada, lo lógico sería pensar que podría acomodarse o repetirse. Sin embargo, ocurre justo lo contrario: sigue afinando su mirada, arriesgando en lo formal y demostrando que su cine no pierde pulso ni ambición.
En ese sentido, con No hay otra opción, vuelve a demostrar que entiende el lenguaje cinematográfico como pocos. No se limita a contar una historia; la construye a través de la puesta en escena, del encuadre y del movimiento de cámara. Cada plano parece tener un propósito claro, cada transición está pensada con precisión quirúrgica. Hay una armonía constante entre lo que se cuenta y cómo se cuenta. La cámara no es un mero instrumento, es una voz más dentro del relato. Y cuando esa voz tiene personalidad, cuando hay intención detrás de cada decisión visual, el resultado roza lo poético. No es un despliegue técnico vacío, sino una forma de implicar al espectador desde lo emocional.
Pero más allá del envoltorio formal, la historia también encuentra su fuerza en el equilibrio entre el thriller y la sátira. La película se mueve con soltura entre el humor negro y una crítica incisiva hacia ciertos aspectos de la sociedad actual, especialmente aquellos relacionados con la competitividad, el éxito y la presión social. Park no subraya los mensajes, los deja fluir con naturalidad, permitiendo que el espectador reflexione sin sentirse sermoneado.
Esa combinación de tensión e ironía le da a la película un tono particular, incómodo por momentos, pero también sorprendentemente entretenido. Gran parte de ese equilibrio funciona gracias al trabajo del reparto, encabezado por Lee Byung-hun, que ofrece una interpretación sublime con un personaje que no es fácil de querer: es egoísta, orgulloso y, en ocasiones, moralmente cuestionable. Sin embargo, Lee consigue dotarlo de humanidad. A través de pequeños gestos, miradas y silencios, logra que entendamos sus miedos y frustraciones. No justifica sus decisiones, pero sí permite que comprendamos de dónde nacen.

Aun así, y pese a todas sus virtudes, No hay otra opción, me deja un ligero sabor agridulce. Hay algo en su ritmo que, por momentos, no termina de encajar del todo. La película avanza con firmeza, pero en ciertos tramos parece perder algo de inercia, como si la tensión se diluyera más de la cuenta antes de volver a recomponerse. No son fallos constantes ni especialmente graves, pero sí lo suficientemente perceptibles como para romper esa sensación de redondez que uno espera de una obra de este nivel. También el tono, tan medido en la mayor parte del metraje, tiene pequeños desajustes.
La mezcla entre sátira, thriller y drama funciona casi siempre, pero en contadas ocasiones la transición entre registros no resulta tan fluida como debería. Son detalles puntuales, sí, pero están ahí y dejan una leve sensación de irregularidad. Por otro lado, aunque la película consigue sorprender en varios momentos, su estructura acaba resultando algo reiterativa. Ciertas dinámicas se repiten más de lo necesario, lo que provoca que el conjunto se alargue en exceso.
En conjunto, la película confirma que Park Chan-wook no solo mantiene el nivel, sino que sigue explorando nuevas formas de contar historias complejas con una identidad visual inconfundible. Una película que sorprende, pero también incomoda; que deslumbra en lo estético, pero no descuida el trasfondo. Y eso, a estas alturas de su carrera, no hace más que reforzar su condición de maestro.


