‘La Grazia’, las dudas de un buen hombre

 

Título original: La Grazia

Año: 2025

Duración: 133 min.

País: Italia

Dirección: Paolo Sorrentino

Guion: Paolo Sorrentino

Reparto: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani

Fotografía: Daria D’Antonio

Género: Drama, Comedia, Política

Crítica en Letterboxd

Corren tiempos acelerados, dominados por la inmediatez y la incapacidad de detenerse a pensar. Una sensación que persiste tanto en lo cotidiano como en el ámbito político, marcado por la polarización y el enfrentamiento constante. En este contexto, Paolo Sorrentino se decide por el extremo opuesto: la duda, la pausa y una mirada que, sin renunciar a la ironía, busca cierta forma de bondad.

Hace algo más de un año se estrenó en España Parthenope, una obra marcada por el exceso, la grandilocuencia y cierta irregularidad, en definitiva, los rasgos del cine de Paolo Sorrentino llevados al extremo. Con La Grazia, el director napolitano parece reencontrarse con una mayor sobriedad, sin renunciar a su identidad. Este registro formal recuerda a Las consecuencias del amor, película que catapultó al director italiano al ganar dos premios David Di Donatello. No obstante, en la nueva película del director napolitano están presentes su humor grotesco y esos chascarrillos existenciales que invitan a una sonrisa más reflexiva que cómplice.

Muy pocos directores poseen una capacidad visual tan reconocible como la de Paolo Sorrentino. Incluso desde una aparente contención formal, sus imágenes conservan un fuerte impacto estético. Aunque aquí modera su habitual barroquismo, cada encuadre es un tableau vivant. El acompañamiento musical, elemento clave en su filmografía, refuerza los espacios que habitan unos personajes, cuando menos, singulares. Aunque modifique su estilo, los temas habituales de la filmografía de Sorrentino son el pilar del film. La añoranza al amor de juventud o vital, el paso del tiempo, las incongruencias de existir… Pero sobre todo la capacidad de volver a querer vivir, tras haber perdido la esperanza muchos años atrás.

La Grazia posee ese humor coral y grotesco que caracteriza al cineasta, así como esas secuencias poéticas que penetran en la historia en forma de metáfora. Toni Servillo vuelve a deslumbrar como protagonista una vez más, y Anna Ferzetti y Milvia Marigliano destacan en un reparto inspirado.

Los personajes, a pesar de ser en su mayoría menos excéntricos que en otras obras del director, tienen esa gracia sorrentiniana tan característica. Aunque no hablan en cursiva en todo momento, como acostumbran las creaciones de Paolo, esa cierta sobriedad les aporta un mayor realismo.

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Fotograma de ‘La Grazia’ (Imagen: Mubi)

Por encima de todos, destaca Mariano de Santis, el protagonista. La representación de un buen hombre. Un inadaptado inmovilista que trata de ejercer su profesión de la mejor manera, a pesar de perder la pasión hace demasiado tiempo. Como es habitual en la filmografía del napolitano, el protagonista ve pasar el tiempo, con cierto tono solemne, hasta que una sucesión de elementos le inspiran esperanza por reencontrarse con la pasión, con la alegría de vivir. La forma de vida del personaje de Toni Servillo es inherente al mundo sorrentiniano, ver pasar el tiempo con cierta melancolía, mientras los encuentros genuinos hacen progresar al interior del personaje.

La palabra pretencioso es la más utilizada por los detractores del director napolitano, aunque las pretensiones no tienen por qué ser malas. La Gran belleza, La Juventud y Parthenope parecen tenerse en gran estima, mientras sus personajes no se dan importancia. En ellas, Sorrentino logra crear sus mejores mundos y personajes. En cambio, en La Grazia no se observa esa explosión de sabores, pero se inspira la humanidad con más cercanía y menos abstracción. Su epílogo es excelente, aportando una vez más calma, con un cierre metafórico magnífico.

Es un film político sin ritmo trepidante, en el que la corrupción se muestra con mayor cercanía, como algo mundano. Mariano de Santis se aparta de ella, y entre sus múltiples dudas, el tiempo le aporta una decisión, sea correcta o no, totalmente contrastada. Un punto a favor de la creación de personajes de La Grazia es la relación entre su trabajo y su actitud. No obstante, no todo es pausa y lentitud, al igual que en The Young Pope, Sorrentino conjuga lo moderno con lo clásico, lo solemne con lo banal, con una maestría única.

En un mundo donde parece obligatorio tener una opinión sobre todo, Sorrentino se aparta del espectáculo excesivo, rehúye las certezas y encuentra refugio en las preguntas. Se reinventa, redescubre su estilo desde una nueva mirada y, una vez más, logra conmover con esa sensibilidad que solo él domina.

¿De quién son nuestros días?

Nunca lo sabremos.

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LO MEJOR: SU CAPACIDAD DE CONMOVER
LO PEOR: SU RITMO LENTO PUEDE GENERAR RECHAZO
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