Título original: La Fiera.
Año: 2026.
Duración: 113 minutos.
País: España.
Director: Salvador Calvo.
Guion: Alejandro Hernández.
Fotografía: Ángel Iguácel.
Música: Roque Baños.
Reparto: Carlos Cuevas, Miguel Bernardeau, Miguel Ángel Silvestre, Candela González, José Manuel Poga.
Compañías: Mod Producciones, Atresmedia Cine.
Género: Drama | Basado en hechos reales. Deporte. Amistad.
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Carlos Suárez, Darío Barrio y Álvaro Bultó formaban parte de un mismo círculo de amigos unidos por una pasión muy concreta: los deportes extremos, especialmente el salto BASE y el vuelo con wingsuit. Más que simples aficionados, compartían una filosofía de vida basada en la intensidad, la libertad y la búsqueda consciente del riesgo. Viajaban a saltar a distintos países y compartían proyectos audiovisuales y experiencias en montaña. Para ellos no era solo adrenalina: hablaban mucho de preparación, técnica, concentración y respeto por el entorno. Se movían en un ámbito pequeño y muy especializado, donde la confianza entre compañeros es clave. La historia de los tres como grupo es la historia de una amistad forjada en situaciones límite, de una generación pionera del salto BASE en España y de cómo un entorno donde el margen de error es mínimo puede cambiarlo todo en cuestión de segundos.
Por eso es importante esta película, no solo por conocer esta historia si no por conocer a las personas que hicieron esto posible. “La Fiera” es la historia de tres amigos a los que les unía su pasión por los deportes extremos, que descubren la experiencia más cercana a volar: el salto BASE con traje de alas.
No puedo empezar esta crítica sin subrayar que Salvador Calvo («Adú», «Valle de Sombras») es, sin duda, uno de los cineastas con la puesta en escena más clara, sólida y potente de nuestro país. En esta película lo vuelve a demostrar con una dirección firme y muy consciente de lo que quiere contar y cómo quiere hacernos sentir. Especialmente en las secuencias de vuelo, donde consigue que el espectador se sienta dentro de la acción: la adrenalina se mezcla con la inquietud y la tensión está siempre presente. No se limita a mostrar; logra que vivas cada instante y más porque eso se uno a sus personajes que destacan por encima de todo. No tanto porque estén construidos desde una complejidad extraordinaria o por lo minucioso de su escritura, sino por el fuerte sentimiento de hermandad que nace entre ellos y que termina trasladándose al público. Acompañamos cada vuelo, cada tropiezo, cada duda. Sentimos sus miedos y sus anhelos porque la película sabe detenerse en lo emocional sin caer en el exceso.
También se percibe un profundo respeto hacia este deporte y hacia todo lo que lo rodea: las personas que lo practican, las que lo aman y las que lo hacen posible. Esa honestidad es la que convierte a “La fiera” en algo más que una historia de acción; la transforma en un relato sobre la superación, la necesidad de perseguir lo que uno ama y la importancia de mantenerse fiel a aquello que nos hace sentir libres, pese a las voces en contra. Además, manejando con acierto equilibrio entre acción y drama, alternando momentos intensos y vibrantes con otros más íntimos y reflexivos, logrando un balance que mantiene el interés y refuerza el impacto emocional del conjunto.
Sin embargo, y por desgracia, la película no es perfecta. El principal problema reside en cierta sensación de repetición: la historia insiste varias veces en la misma fórmula narrativa, lo que termina restándole frescura y provocando que algunos tramos se hagan algo pesados. La intensidad que al principio resulta vibrante acaba perdiendo fuerza precisamente por esa reiteración. Además (y esto ya entra en un terreno más personal) la decisión de mezclar ficción con elementos de corte documental, sin decantarse del todo por ninguno de los dos caminos, no termina de funcionar. Más que enriquecer el relato, esa combinación interrumpe su fluidez y, en determinados momentos, incluso anticipa información que habría sido más efectiva descubriéndose dentro del propio desarrollo dramático.
En definitiva, “La Fiera” funciona como propuesta de entretenimiento y transmite un amor sincero por este deporte, además de construir un sentimiento de hermandad genuino que es, sin duda, su mayor acierto. No obstante, tropieza en la construcción narrativa y en la manera de articular su ritmo. Aun así, Salvador Calvo confirma que es un cineasta de enorme talento, y resulta admirable el respeto y la sensibilidad con los que aborda una historia basada en hechos reales.


