Título original: Frankenstein.
Año: 2025.
Duración: 149 min.
País: Estados Unidos.
Dirección y guión: Guillermo del Toro.
Reparto: Oscar Issac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph Waltz
Fotografía: Dan Laustsen.
Montaje: Evan Schiff.
Música: Alexandre Desplat.
Productoras: Double Dare You, Demilo Films, Bluegrass Films.
Distribuidora: Netflix.
Género: Terror. Drama | Monstruos.
La novela “Frankenstein” o el moderno Prometeo nació en 1816, cuando Mary Shelley, con tan solo 18 años, pasó un verano en Ginebra junto a su esposo Percy Bysshe Shelley, Lord Byron y John Polidori. Aquel año, conocido como “el año sin verano” por las fuertes tormentas y el clima inusual, el grupo decidió entretenerse proponiendo un concurso de historias de terror. Fue entonces cuando Mary, inspirada por los avances científicos de su tiempo y por reflexiones filosóficas sobre los límites del conocimiento humano, tuvo una pesadilla que dio origen a la historia de un científico que crea vida a partir de restos humanos. La obra fue publicada en 1818 de forma anónima y posteriormente reconocida como una de las primeras novelas de ciencia ficción, además de un clásico del romanticismo gótico.
Las adaptaciones cinematográficas de Frankenstein comenzaron muy pronto, con una primera versión muda producida en 1910 por los estudios Edison. Sin embargo, la versión más influyente fue la película de 1931 dirigida por James Whale, con Boris Karloff en el papel del monstruo. Esta adaptación fijó la imagen icónica de la criatura que no aparece en la novela original. El éxito de la cinta dio lugar a secuelas como «Bride of Frankenstein» (1935) y «Son of Frankenstein» (1939). A lo largo del siglo XX y XXI, el mito ha sido reinterpretado en numerosas versiones, desde «The Curse of Frankenstein» (1957) de los estudios Hammer, hasta «Mary Shelley’s Frankenstein» (1994) de Kenneth Branagh, una de las adaptaciones más fieles al texto original. También ha inspirado parodias como «Young Frankenstein» (1974) y múltiples referencias en la cultura popular. Así, Frankenstein ha trascendido su origen literario para convertirse en un símbolo universal que refleja la ambición humana, el miedo al rechazo y las consecuencias de desafiar los límites de la naturaleza.

Para el cineasta Guillermo del Toro, Frankenstein ha sido una de las historias más importantes e influyentes de su vida. Desde su juventud, se sintió profundamente identificado con el monstruo de Mary Shelley, al que siempre vio no como una figura aterradora, sino como un ser incomprendido que busca amor y aceptación, y hacer su propia versión siempre ha sido uno de sus sueños como director. Comenzó su carrera en México con «Cronos» (1993), una reinterpretación del mito del vampiro, posteriormente dirigió películas como «El espinazo del diablo» (2001) y «El laberinto del fauno» (2006). También incursionó en el cine de gran presupuesto con títulos como «Hellboy» (2004), «Pacific Rim» (2013), “El callejón de las almas perdidas” (2021), “Pinocho” (2022) y «La Forma del agua» (2017), película con la que obtuvo el Óscar a Mejor Director y Mejor Película.
Del toro lleva años demostrando porque es uno de los mejores cineastas, destacando por su estilo tan personal, único y extravagante, hoy después de tantos años desde que comenzó su carrera como cineasta consigue llevar al cine aquella historia que no sólo inspiró su carrera, sino que también definió su visión del monstruo como símbolo de la soledad, la creación y la compasión.
Y su versión de Frankenstein es ya una de las películas más destacadas del año, una auténtica carta de amor no solo a la novela original, sino también al propio género fantástico que tanto ha definido la carrera de Guillermo del Toro. En esta reinterpretación, el director mexicano combina su maestría visual con una profunda sensibilidad emocional, explorando temas universales como el amor, la identidad y, sobre todo, la fraternidad. Lejos de limitarse a contar una historia de terror, Del Toro convierte el mito del científico y su criatura en una reflexión sobre la naturaleza humana y los límites de la creación. El relato se transforma en una poderosa metáfora sobre el rechazo y la búsqueda de aceptación, donde un hombre, en su intento de desafiar a la muerte y crear vida, termina enfrentándose a una versión distorsionada de sí mismo: una criatura que encarna tanto sus miedos como sus culpas.
Una visión donde la criatura deja de ser solo un monstruo y se convierte en un espejo del alma humana, un símbolo de la soledad y del deseo profundo de ser comprendido. Combinando lo macabro con lo tierno y lo trágico con lo bello. Su Frankenstein no solo revisita un clásico literario, sino que lo reinterpreta desde una mirada profundamente humana, recordándonos que, en el fondo, todos somos creaciones en busca de amor y redención.

Todos los integrantes del elenco están fantásticos, desde las interpretaciones magnéticas de Oscar Isaac y Mia Goth hasta la elegancia y complejidad de Christoph Waltz. Sin embargo, quien verdaderamente se roba la atención es Jacob Elordi, que entrega una interpretación conmovedora y profundamente humana del monstruo. Su criatura no es un simple ser creado por la ciencia, sino un alma inocente atrapada en un cuerpo descomunal: un gigante con la mente curiosa de un niño, deseoso de aprender, comprender y formar parte del mundo que lo rechaza. Elordi logra transmitir una mezcla de ternura, tragedia y vulnerabilidad que redefine al personaje y lo convierte en el corazón emocional de la película.
En conclusión, «Frankenstein» de Guillermo del Toro es mucho más que una adaptación: es un verdadero regalo para los amantes de la novela de Mary Shelley, del mito del monstruo y del propio cine del director. Una obra profundamente emocional, elaborada con un cuidado artesanal y un amor evidente hacia las criaturas que habitan los márgenes de la humanidad. Aunque su ritmo pueda parecer pausado en ciertos momentos y parte del segundo acto se sienta ligeramente denso, el resultado final es una experiencia cinematográfica impecable. Su fuerza visual, su atmósfera gótica y su narración cargada de simbolismo demuestra aquello que todos ya sabemos, Del Toro es un maestro del cine fantástico, capaz de transformar una historia clásica en una reflexión íntima sobre la soledad, la compasión y lo que realmente significa ser humano.


