Título original: Gou zhen
Año: 2024
Duración: 110 min.
País: China
Dirección: Guan Hu
Guion: Guan Hu, Ge Rui, Wu Bing
Reparto: Eddie Peng, Tong Liya, Jia Zhangke, Zhang Yi,
Hong Yuan, Jing Lang, Zhao Yi, Vision Wei
Música: Breton Vivian
Fotografía: Weizhe Gao
Montaje: Matthieu Laclau, He Yongyi
Productoras: The Seventh Art Pictures, Huayi Brothers, Momo Pictures
Distribuidora: Surtsey Films
Género: Drama
—
El cine asiático ha ido ganando terreno, popularidad y prestigio en el mercado internacional durante los últimos años. El cine japonés siempre ha sido digno de respeto desde el siglo pasado pero a esto le sumamos ya el surcoreano con muchísimos directores conocidos, el de Hong Kong con Wong Kar-Wai como principal exponente. Y luego tenemos el de China, el cual a pesar de tener a figuras como Zhang Yimou (La casa de las dagas voladoras y Hero) y haber llamado la atención con la consagración de Ne Zha 2 como la película animada más taquillera de la historia, lo cierto es que el cine chino todavía no goza de la popularidad que se merece sobretodo el de los últimos años, no solo de esos éxitos de taquilla mayormente desconocidos en oriente sino también de joyitas como la última obra de Guan Hu, Black Dog.
Ya desde el inicio, la película engancha con uno de los mejores planos iniciales de los últimos años. Una composición que llenaría de orgullo al americano John Ford pero que tiene su propia identidad visual, la cual se propaga durante toda la película. Unos colores grises y apagados pero que crean un diseño visual que rebosa de un sentido del naturalismo tan bello, como una llama de fuego en la niebla que sirve de antemano como narrador visual a la historia que se nos cuenta. Tras esa relación entre el ex-convicto y el perro salvaje se cuenta un proceso socio-político que marcó la evolución económica de China, una demolición de esos edificios viejos cuyas paredes presenciaron mucho y que ahora se encuentran casi abandonados, el renovar y dejar morir.

Fotograma de ‘Black Dog’ (Foto: Surtsey Films)
Pero no todo lo que brilla está en la imagen o en las ideas. La caracterización de Eddie Peng como el ex-convicto Lang es muy reservada pero totalmente convincente, apenas dice unas palabras pero comprendes todo su arco, sobre todo conforme la historia te va revelando más de él, aunque tenga que ser a través de diálogo expositivo un poco forzado. Por otra parte el perro es una demostración del poder del adiestramiento de perros en el cine que el CGI nunca será capaz de replicar. De hecho la mayoría de los animales que aparecen en la película son tan reales como la unión entre ambos protagonista, traspasó la ficción con el actor llegando a adoptar el perro. La denuncia al maltrato de los perros en el país está bien metida y enriquece la historia.
Guan Hu es el autor de esta belleza con la que ganó el Certain Regard de Cannes en la edición del año pasado. Un director popular en China que tiene bajo su firma varios taquillazos, desde blockbusters bélicos como Los 800 hasta participando antologías populares como My People, My Country, se sincera y hace una muestra de su sensibilidad narrativa y visual apoyadas de unos planos generales y largos inmensos como el ambiente en sí. Una historia con un corazón tan grande y cercana que engancha y conmueve en sus silencios, al igual que en su belleza tan profunda en ese decadente pueblo fantasmal donde el pasado que tanto pesaba ya pierde su pesa y se va esfumando mientras uno sigue su camino.


