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Cine Grindhouse en Sevilla: Descubriendo la cara B del séptimo arte

Cuando entras en la Sala X de Sevilla un día concreto del mes, no sabes muy bien qué esperar. Las luces se apagan, la pantalla se enciende y, de repente, te encuentras sumergido en un universo donde las reglas del cine convencional no aplican. El ciclo de Cine Grindhouse celebra su tercer año de vida y lo hace a lo grande: con un homenaje a las terceras partes de sagas que, si las segundas nunca estuvieron a la altura, estas prometen superar cualquier expectativa… o al menos, dejarte con la boca abierta.

Al frente de este proyecto está Bifu, el organizador del ciclo, coleccionista y auténtico arqueólogo del cine. Con él, cada proyección es más que ver una película: es una experiencia compartida, un viaje hacia los rincones más insólitos de la videoteca mundial, donde lo raro, lo olvidado y lo inesperado se convierten en protagonistas.

Cine Grindhouse no se limita a proyectar títulos comerciales ni a repetir fórmulas de Hollywood. Es un espacio comunitario donde se recupera la esencia del cine de medianoche: comentar, reír, sorprenderse, discutir y disfrutar de la película sin complejos. Para Bifu, la clave está en aceptar tu lado “cinéfago”: dejar de lado la pedantería, entregarse a la diversión y descubrir películas que quizás nunca volverás a ver en ninguna plataforma de streaming.

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Bifu, organizador del ciclo Cine Grindhouse, en un momento de la entrevista (Foto: Victoria Mateo)

PREGUNTA: ¿Cómo nació la idea de proyectar este tipo de películas aquí, en la Sala X? ¿Y qué significa para vosotros rescatar este tipo de cine en pantalla grande?

BIFU: Llevo toda la vida coleccionando películas de este tipo de género, y de muchos otros, pero sobre todo de este. Desde que tengo uso de razón. Mi padre, un día, me llevó al videoclub y me dijo: “Ya que empiezas a entender más o menos, vamos a alquilar una película”. Y alquilamos La guerra de las galaxias. No se me olvidará nunca. Ahí me quedé prendido por el cine.

Empecé a entenderlo, a disfrutarlo…y a disfrutar del cine que, para algunos, no es cine. Porque al final, hasta que lo dice Tarantino, parece que no lo es. Pero para mí, este es el cine de verdad. El cine donde se crea la magia. El cine mainstream es muy cuadriculado, muy medido. Aquí, en cambio, es donde está la fantasía.

P: Este año celebráis vuestro tercer aniversario. Además, con una sesión especial sobre terceras partes. ¿Qué significa para vosotros llegar a este tercer año consecutivo?

B: Pues mira, sorprendente, la verdad. Cuando empecé, pensaba que al principio habría bastante movimiento, porque a mí me conoce mucha gente. Me muevo mucho en la farándula, en eventos culturales y todo ese tipo de cosas. Así que me imaginaba que, al principio, sí iba a tener cierta fluidez. Pero lo que me sorprende es que, después de tres años, siga funcionando tan bien.

Y lo más curioso es que ya no son solo mis amigos los que vienen. Ahora viene gente asidua, gente nueva, curiosa, gente que se acerca a ver qué hacemos… y se quedan. Y luego repiten. Al final, se ha convertido en un plan divertido: venir por la tarde, desde las seis hasta las diez de la noche, pasar un buen rato, y luego volverte a casa en autobús, tranquilo, con el buen sabor del día.

P: Durante estos tres años, ¿qué retos habéis encontrado por el camino?

B:  Ninguno. Mi objetivo siempre ha sido que guste. Esa era y sigue siendo mi máxima: hacer que guste. No es que ganemos mucho dinero con esto. Lo que saco me sirve, sobre todo, para mantener mi colección, que es lo que me apasiona. Compro VHS, DVDs y todo tipo de formato físico. Y con eso, me doy por satisfecho.

En cuanto al reto, consiste en eso: en intentar que las sesiones gusten, que las películas sean amenas. También en entender cuál es el tiempo ideal, porque normalmente, más de una hora y media o una hora cuarenta de este tipo de cine… cuesta. Ese es el mayor reto. Pero también ayuda que yo soy consumidor. No me subí al carro después; ya lo era desde antes. Sé qué películas funcionan y cuáles no.

P: ¿Y qué papel juega la Sala X en todo esto?

B:  La Sala X es el espacio. No encuentro otro sitio que tenga estas características, estas facilidades, esta calidad. Al final, tenemos aquí una pantalla como la de tu casa, pero muchísimo más grande. Y eso marca la diferencia. Además, tiene de todo: una barra, servicios, seguridad… todo lo que puedo necesitar. Por eso me encaja tanto.

También he jugado un poco con la historia de la sala. La broma de hacer cine Z en una antigua sala X siempre gusta. Y, además, tiene sentido: en Estados Unidos, este tipo de proyecciones, los grindhouse, el blaxploitation, el spaghetti western, se hacían en salas así. Eran lugares donde, durante el día, se proyectaba cine porno, pero en ciertas horas se programaban sesiones dobles con ese tipo de películas. Así que, de alguna forma, estamos recuperando ese espíritu.

P: ¿Y qué criterios sigues para seleccionar las películas?

B:  Hablando de manera egoísta, elijo lo que quiero poner. No hago encuestas, no pregunto a nadie; simplemente digo: “Hoy me apetece ver un spaghetti western”, por ejemplo. «Hoy me apetece ver cine quinqui, hoy cine de tal tipo…» y eso es lo que pongo.

No le pregunto a ChatGPT qué películas poner (risas), sino que voy directamente al género, al subgénero, y decido: “venga, vamos con esto”. Además, baso la programación en la sorpresa. No anuncio las películas que proyectaremos; la gente las descubre aquí, en directo. Lo único que adelanto es la temática general.

Y esas temáticas pueden ir desde algo tan conocido como el típico cine de acción y fantasía, hasta subgéneros más curiosos: zombis italianos, plantas carnívoras… cosas así. Juego tanto con producciones extranjeras como con españolas. Por ejemplo, aquí en España somos pioneros en el género del fantaterror. Ponemos clásicos como ¿Quién puede matar a un niño? de Chicho Ibáñez Serrador o películas de Jess Franco. En EEUU, por ejemplo, venden DVDs y VHS de películas de Amando de Ossorio o de Chicho que aquí ni se distribuyen.

P: ¿Y qué perfil de público suele venir a las sesiones?

B: La mayoría de la gente que viene son personas a las que les gusta este cine, o curiosos que dicen: “Vamos a reírnos de la película”.
Y al final, acaban prendidos. Eso es justamente lo que intento. No se trata de venir a burlarse. Sí, hay películas que son auténticos despropósitos, pero siempre intento encontrar ese punto donde hay diamantes en bruto de verdad.

Yo no lo hago para reírme de ellas; las disfruto de verdad. Ayer, por ejemplo, fui al cine a ver Fritos a balazos, una película de acción de esas súper cutres. Yo soy amante de este tipo de cine. No me verás viendo El cautivo; yo voy a ver Fritos a balazos. Es lo que a mí me apasiona.

P: Y ahora, con las plataformas de streaming, ¿qué valor tiene ver este tipo de cine aquí, en una sala?

Es un cine que, como hemos dicho, mucha gente ha olvidado. Hay quienes ni siquiera lo conocen, o prefieren verlo en casa antes que en una pantalla como la de esta sala. Pero lo más importante es el punto de la comunidad, de verlo juntos, como se hacía antiguamente.

Recuerdo que, cuando era pequeño, cogía los últimos VHS que quedaban. Alquilábamos una película y la veíamos todos los colegas. No porque cada uno tuviera dinero para alquilar la suya, sino porque uno alquilaba y todos disfrutábamos juntos. Por ejemplo: “Mi padre ha alquilado ‘La Momia’, pues vamos a verla”. Y también estaba el atractivo de la carátula, del formato físico.

Hoy en día, buscas cualquier cosa y la encuentras al instante. Pero antiguamente, si ponía Terminator 3, no significaba necesariamente la secuela de Terminator. Podía ser una italianada auténtica, totalmente distinta.

P: ¿Crees que estas pelis ganan una nueva vida con eventos como este?

B: Sí, sin duda. Además, está el punto de verdad en común, con tranquilidad y sin pedantería. No es ese cine de “el cine tiene que ser arte”. El cine, sobre todo, tiene que entretener. Hay películas muy artísticas, claro, y me encantan. A mí Kurosawa, por ejemplo, me entretiene, pero yo quiero que esto sea para todos los públicos. Aquí puede venir una persona mayor, un chaval joven… y disfrutar de la película, hablar, hacer ruido, comer palomitas, tomar una cerveza…

Se trata de devolver ese espíritu del cine de medianoche, de la sesión golfa, pero sin el punto pedante. Eso es lo que busco. Lo que pasa es que ya tenemos una edad y, ahora, lo hacemos por la tarde.

P: ¿Y qué le dirías a alguien que piensa que este cine es tan malo que ni merece la pena verlo?

B: Que solo hay que darle una oportunidad. Yo entiendo que soy muy friki y que esto me engancha, y consigo sacarles valor, sacarles jugo incluso a películas que parecen una castaña. Pero no hace falta más: solo hay que darles una oportunidad. Este tipo de cine, a lo mejor, lo ves solo en tu casa y tienes que estar un poquito loco… pero si lo ves aquí, con tus colegas, se disfruta un buen rato. Si vas sin pretensiones, te lo pasas de puta madre, de verdad.

P: Entonces, para ti, ¿el cine Z es cine cringe?

B: Para mí, esto es el cine. Es el único cine que existe. Tú entras en mi casa y el 95 % de mis películas están ahí. Por ejemplo, La tienda maldita la tengo. A lo mejor El Padrino no. No busco las películas típicas que todo el mundo ya tiene o comprará algún día.

Yo soy coleccionista, y lo que realmente me interesa es cine raro: terror japonés, cosas curiosas. Por ejemplo, viajo y compro películas de allí, siempre que tengan subtítulos en inglés para poder apañármelas. Me gusta ese cine de excavación, como yo lo llamo, ese cine arqueológico que hay que buscar y descubrir.

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Exterior de la Sala X de Sevilla

P: Claro, eres un poco ‘arqueólogo’ del cine.

B: Hay muchísimas producciones que, en su día, salieron en DVD o Blu-ray y ahora prácticamente han desaparecido. Ya sabes que hoy en día cada vez se editan menos películas en físico. Las distribuidoras solo apuestan por aquellas que saben que van a vender, las que tienen un público asegurado. Pero antes no era así: se editaban muchísimas en DVD… y, sobre todo, en VHS.

Todos tuvimos en casa aquellas cintas, incluso copias medio piratas, distribuidas por sellos pequeños o casi caseros. Y ahí estaba la magia. Por eso creo que lo que hacemos tiene una función importante. Porque, con tanta digitalización y tantas plataformas, hay un riesgo real de que este tipo de cine se pierda. Y, al final, lo que mantenemos es una pequeña filmoteca, un archivo permanente.

Yo soy muy nostálgico. Me encanta el formato físico por esa sensación de tener algo real, algo que puedes tocar. Además, mi algoritmo no es Netflix: es mi estantería. Ahí es donde está el placer. Ese punto de buscar, de descubrir, de excavar en el cine.

P: Y si tuvieras que recomendar cinco pelis para entrar en este mundillo, ¿cuáles serían?

B: Si me preguntas ahora, te diría cinco películas que se me vienen a la mente: Condenados a vivir, un western español… bueno, no es un spaghetti western, es un chorizo western (risas), El ejército de las tinieblas, que de pequeño me voló la cabeza. La Guerra de las Galaxias, aunque no sea de este género, porque fue la que recuerdo de mi padre. Tiburón, la primera, para mí la mejor película que se ha hecho con diferencia. Y para cambiar un poco el paradigma… La jungla de cristal 3. Para mí, es la mejor película de acción que se ha hecho: Bruce Willis con Samuel L. Jackson haciendo una buddy movie, espectacular.

P: ¿Y si pudieras invitar a un director, vivo o muerto, a una proyección?

B:  Lo tengo clarísimo: Jess Franco. Para mí es uno de esos directores cuya filmografía completa me he visto. Si quisieras verla toda, una película al día, tardarías medio año en completarla. Pero Franco… por lo que representaba y porque sé que le habría gustado, es la elección perfecta. Otros directores han hecho buenas películas, pero quizás con un punto más de pedantería. Jess Franco era punk. Estoy seguro de que se habría sentado aquí, como uno más, a disfrutarlo.

P: ¿Y hacia dónde te gustaría llevar Cine Grindhouse en el futuro? Complementar las proyecciones con presentaciones, coloquios, debates,…

B: Mientras el público quiera y lo que el público quiera, yo estoy encantado. La película la decido yo, pero si la gente quiere hablar, opinamos. Doy pie a que todo sea un poco improvisado, también.

Y, ¿hasta dónde quiero llegar? Con mantenerme, me conformo. Pero si podemos hacer algo con el Festival de Cine de Sevilla, por mí encantado. Ver estas películas en pantalla grande, en los cines de Nervión, sería espectacular. Hace unos años, no sé si todavía lo hacen, existía el Maratón Grotesco Palomitero, y yo he mamado mucho de eso. Era muy fan de ir a esas sesiones, y hoy en día he recogido ese legado. Y hay que reconocer a quienes fueron pioneros en esto.