Título original: Al otro barrio
Año: 2024
Género: Comedia | Remake
Duración: 108 minutos
País: España.
Dirección: Mar Olid.
Guion: Daniel Monedero y Francisco Arnal | Remake: Khaled Amara, Mohamed Hamidi, Michaël Souhaité.
Reparto: Quim Gutiérrez, Sara Sálamo, María de Nati, Javier Herrera, Hamza Zaidi, Jorge Suquet…
Fotografía: Sergi Gallardo.
Música: Vanessa Garde.
Al otro barrio es dirigida por Mar Olid, una mujer de rostro agradable y personalidad aparentemente humorística, a juzgar por su carrera en la industria. La opera prima de la directora de más de una decena de episodios de Los Serrano es un remake de la francesa —que no conocía— Bienvenidos al barrio, de Mohamed Hamidi. Es algo a tener cuenta, considerando la oleada de remakes que está viviendo el cine español, porque podría ser sinónimo de escasez creativa. Sin embargo, este inconveniente podría diluirse si se quisieran manejar bien las cartas, algo que esta comedia solo consigue parcialmente.

La premisa es interesante, divertida y tiene potencial para resultar emotiva o, incluso, ¿revolucionaria? Quizás exagero: no todo debe ser una revelación, pero sí ofrece elementos atractivos en la historia de la empresa pija de Andrés, que se ve obligada a trasladarse al barrio más marginal de la ciudad, Los Caños, con una multa millonaria por defraudar a Hacienda. Adaptarse al barrio genera altibajos y algún giro narrativo que mantiene mi interés; personalmente, Al otro barrio me convence lo suficiente pese a su desaprovechado potencial.
En el guion, Daniel Monedero y Francisco Arnal logran trasladarme a un estado de interés, calidez y gracia en las situaciones, mientras que Mar Olid ofrece una puesta en escena agradable y dirige a los actores con gran acierto, especialmente a Quim Gutiérrez, magnético y vibrante en su rol de triunfador y carismático, una acertada corporeidad, gesticulación, entonación. Sara Sálamo y María De Nati brillan notablemente: la primera con su relación con el barrio y la segunda con una relación con alguien del barrio. Convencionalmente, la película resulta sobresaliente, pero ahí reside su posible problema.

Al tratar temas como el clasismo y la xenofobia en un barrio marginal (poca valentía al no decir que es la Cañada Real, literalmente), se espera profundidad y reflexión en su mensaje, es decir, hacer uso de la crítica o sátira social —al menos, sutilmente— . Sin embargo, al parecer prefieren optar por la comodidad y el riesgo mínimo, no llevar más allá al pensamiento. Lo que me invita a pensar que ni sus creadores terminan de creer en ella. Me frustra que el resultado sea un cine comercial, que, al menos, no exagera en moralina, pero escatima en interés autoral.
El humor, elemento central, me funciona pero me confunde. Porque no encuentro profundidad cómica, sino una sucesión de gags de corte xenófobo y clasista cuyo efecto principal es la carcajada automática y superficial, porque lo único bueno de este humor no son los diálogos, sino el reparto. Al otro barrio me divierte por las contradicciones que se me ofrecen y los actores, pero en esencia es otra comedia superficial, poco autoral, que desperdicia la oportunidad de explorar las clase baja en profundidad, dejando que el reggaeton —varias veces usado— rebaje el intelecto de dicha sociedad, lo cual están muy equivocados…


