Little Amélie

‘Little Amélie’, el proceso de enamorarse de la vida

 

Título original: Amélie et la métaphysique des tubes

Año: 2025.

Duración: 77 min.

País: Francia.

Directores: Mailys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang

Guion: Liane-Cho Han Jin Kuang, Eddine Noël, Aude Py, Mailys Vallade. Novela: Amélie Nothomb

Animación: Juliette Laurent

Compañías: Maybe Movies, IKKI Films, 2 Minutes France Télévisions, Puffin Picture, 22D Music

Distribuidora: Haut et Court, Selectavision

Género: Animación. Drama.

Como muchísima otra gente, Amélie Nothomb creyó durante su infancia que los adultos la infravaloraban. Esa sensación que uno trata de no replicar cuando le toca ser quien cría a un hijo, pero que se va olvidando cuando se dejan los recuerdos pasados atrás. A raíz de eso escribió Metafísica de los tubos (2000), una autoficción que narra la infancia de una niña belga en Japón, y que Mailys Vallade y Liane-Cho han adaptado al cine en una versión entrañable de animación fantástica, Little Amélie.

Esta película tiene a Amélie como su eje central, una neonata que se percibe a si misma como un Dios. Un ente del que todos se preocupan y que solo necesita un poco de chocolate para ser misericordioso. Amélie es comparada con la lluvia por su nombre, y porque es “preciosa y peligrosa, inofensiva y mortal”. Todo le sale bien porque están constantemente pendiente de ella, y eso le genera una sensación de invulnerabilidad que solo empieza a menguar cuando observa la melancolía de sus cercanos, y entiende que vivir también tiene una parte dolorosa. Ahí es cuando pierde su omnipresencia.

Definitivamente es una niña normal, como lo ha sido cualquier espectador que la vea. No es casualidad que una película que apele tanto a la nostalgia de lo que es imposible revivir haya arrasado en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, San Sebastián y Annecy llevándose el Premio del Público, y esté en la carrera por ganar el Premio Oscar a mejor largometraje de animación.

Todos nos hemos emocionado en el coche de camino a ver el mar por primera vez o hemos trazado una línea en la pared para ver si hemos crecido, y Little Amélie hace rememorar aquellos momentos como si acabaran de suceder. Pero también hemos descubierto lo caprichosa que es la muerte y nos hemos mostrado vulnerables ante ella.

Imagen
Fotograma de ‘Little Amélie’ (Foto: Selectavision)

La animación de Little Amélie es sencilla. Tampoco necesita mucho más. La ópera prima de Mailys Vallade y Liane-cho está envuelta en un aura onírica cuyo secreto es el minimalismo en el trazo y la dilución de los paisajes. Este estilo de animación infantil con acuarela genera nostalgia solo de imaginarlo. ¿Quién no ha pintado con acuarelas durante su infancia? Es sin duda una gran decisión, pero que le quita dramatismo a los momentos más tristes de la protagonista y su familia.

El espectador lo ve todo desde los ojos de Amélie, y por ese motivo no llegamos a saber demasiado de su familia. Un bebé es egocéntrico, así que no necesita saber nada de nadie mientras le presten atención. Solo con su niñera Nishio-san construye una relación que va más allá de lo superficial. No tiene miedo a responder preguntas como «¿por qué hay gente que muere joven?» Nishio-san es la única que no la infravalora, y se lo compensa centrando en ella su atención. Aún así, se echa un poco en falta profundizar un poco en la situación familiar, en la abuela a la que tanto amaba Amélie o en la envidia que siente su hermano hacia ella.

Little Amélie es todo lo que promete ser. Una representación llena de metáforas de las experiencias tempranas de un niño, con la firme intención de ablandar los corazones y provocar lágrimas nostálgicas. No hay segundas tramas, no hay desarrollo de personajes secundarios, y no hay grandes misterios en la trama, más allá de ver a una autoproclamada deidad convertirse en persona al descubrir todos los sorprendentes detalles de la humanidad. 77 apacibles minutos de la parte más bondadosa del ser humano.

Nota de lectores0 Votos
0
Lo mejor: La delicadeza con la que trata la infancia y la protagonista
Lo peor: El nulo desarrollo de personajes secundarios
8.5