Título original: Mamlaket Al-Qasabaka
Año: 2025
Duración: 105 min.
País: Irak
Dirección: Hasan Hadi
Guion: Hasan Hadi
Reparto: Baneen Ahmad Nayyef, Sajad Mohamad Qasem, Waheed Thabet Khreibat, Rahim AlHaj
Fotografía: Tudor Vladimir Panduru
Género: Drama
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En la Irak de los 90, en pleno embargo comercial de la ONU, Lamia, una niña de nueve años, debe ingeniárselas para reunir los ingredientes necesarios y preparar la tarta obligatoria con motivo del cumpleaños del presidente Sadam Hussein. Lamia, que vive con su abuela y apenas tiene para comer, se ve obligada a buscarse la vida porque, si no lo consigue, puede enfrentarse a un castigo severo: la prisión o, incluso, la muerte.
En su opera prima, Hasan Hadi ofrece un drama ácido e irreverente que nada tiene que ver con la tarta que le da nombre. Hadi combina con destreza elementos de fábula y realismo crudo, con una visión que recuerda, por momentos, al cine de acusado realismo poético (como The white balloon, de Abbas Kiarostami, o Cometas en el cielo de Marc Forster), con escenas donde la belleza de los paisajes contrasta con la inmundicia y dureza de los barrios pobres de Bagdad.
La tarta del presidente es un enfrentamiento visceral con la falta de humanidad, con la corrosión de un poder dictatorial que juega a la guerra y la sumisión desde la comodidad de algún sofá aterciopelado. Lo que parte de una inocente búsqueda de ingredientes se convierte, en realidad, en un tránsito abrupto a una madurez forzada, un periplo por la inmundicia vista desde los ojos de una niña. El director no rehuye las escenas duras, pero las equilibra con momentos de humor negro, compasión y ternura: desde la relación entre Lamia y su abuela hasta la silueta siempre presente del gallo Hindi, compañero casi simbólico de la travesía.
Los 105 minutos de película narran, en realidad, la pérdida de la inocencia de Lamia, apenas una niña enfrentada a una realidad que sobrepasa a cualquier adulto. Así, La tarta del presidente es una cinta donde ternura y crueldad se entrelazan en un equilibrio constante en la cuerda floja. La tarta, un McGuffin al más puro estilo Hitchcock, confronta al espectador con la inmundicia del ser humano, en una odisea de supervivencia que no es más que el esfuerzo de la protagonista para no dejarse arrastrar por esa corriente destructiva que la rodea.
Del mismo modo, la narrativa se sostiene en gran medida gracias a la fuerza natural de sus intérpretes no profesionales, en especial Baneen Ahmad Nayyef, cuya Lamia es un alma frágil, a la vez que valiente, un espíritu que se rebela frente al absurdo de un sistema que exige obediencia incluso a los más pequeños. Porque La tarta del presidente es una invitación a la reflexión, una confrontación directa no solo con los totalitarismos, sino con instituciones como la ONU, parcialmente responsable de la subida de precios de los alimentos y del sufrimiento de las clases sociales más bajas.
En definitiva, Hadi nos recuerda, entre harina, huevos y levadura, que hacer una tarta, a veces, no es una actividad tan lúdica como pueda parecer, porque un postre también puede convertirse en un acto de supervivencia, un hito heroico y despiadado que degenere hasta a la niña más inocente.



