‘Franz Kafka’, la biografía contra el mito

Titulo original: Franz
Año: 2025
Duración: 127 min
País: República Checa
Dirección: Agnieszka Holland
Guion: Marek Epstein, Agnieszka Holland
Historia: Mike Downey
Biografía sobre: Franz Kafka
Reparto: Idan Weiss, Peter Kurth, Jenovéfa Boková, Ivan Trojan, Katharina Stark, Sandra Korzeniak, Aaron Friesz, Carol Schuler
Música: Mary Komasa, Antoni Komasa-Lacarkiewicz
Fotografía: Tomasz Naumiuk
Compañías: Coproducción República Checa-Alemania-Polonia; Marlene Film Production, X Filme Creative Pool, Metro Films, ZDF/Arte, Bac Films, ARTE
Género: Drama – Biográfico. Literatura

Crítica en Letterboxd

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Había algo de justicia poética en que Agnieszka Holland, cronista de la asfixia moral en Europa, tomara las riendas de un proyecto sobre Franz Kafka. El encuentro prometía la colisión definitiva entre una cineasta que entiende el peso de la historia y un escritor que convirtió ese peso en arte. Sin embargo, al salir de la sala, uno no puede evitar la sensación de haber asistido a una reconstrucción impecable, pero carente de ese «hacha para el hielo» que el propio Kafka exigía a la literatura.

El problema fundamental de la cinta no es su estructura fragmentada, que sobre el papel resulta estimulante, sino una especie de pedagogía de la imagen. Holland parece más preocupada por explicarnos quién fue el hombre que por hacernos experimentar por qué su sombra sigue proyectándose sobre nuestro presente. Es un biopic de una corrección técnica abrumadora, pero que observa a su sujeto desde una distancia académica, casi museística, enumerando hitos y obsesiones sin lograr que estos se conviertan en una experiencia emocional que te llegue a las entrañas.

Resulta fascinante, y a la vez frustrante, ver cómo la película cae en la paradoja de la nitidez. Holland dirige con una solvencia técnica que no admite reproches, pero lo hace con una reverencia que termina siendo una cárcel. La puesta en escena es elegante, clásica, de una belleza melancólica que nos regala una Praga de claroscuros preciosistas. Pero, ¿dónde está el riesgo? ¿Dónde está la distorsión formal que el universo kafkiano pide a gritos?

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Fotograma de ‘Franz Kafka’

Es irónico que una película sobre el arquitecto de la pesadilla burocrática resulte tan… ordenada. Todo está en su sitio, perfectamente contextualizado y explicado. Holland opta por una fragmentación que es más un rompecabezas de guion que una verdadera apuesta sensorial. Se echa de menos esa sensación de asfixia, ese absurdo que no necesita explicación porque se siente en la nuca.

En el epicentro de este engranaje, Idan Weiss carga con la responsabilidad de dar vida al escritor. Su trabajo es digno y físicamente preciso; captura esa fragilidad quebradiza, esa incomodidad de quien parece pedir perdón por ocupar un espacio en el mundo. Es el Kafka que todos reconocemos en las fotos color sepia: tímido, enfermizo, atormentado. Pero quizás ese sea el problema: es demasiado reconocible. A la interpretación de Weiss le falta ese misterio indescifrable, la contradicción de una mente que, bajo una apariencia de debilidad extrema, era capaz de generar incendios metafísicos.

No se puede negar que el apartado técnico es un trabajo grandioso. El diseño de producción y la fotografía logran capturar esa Europa en crisis, ese ambiente de fin de época que tan bien conoce Holland. Pero esta solidez visual no se traduce en una atmósfera verdaderamente «kafkiana». El montaje, aunque fluye sin tropiezos, refuerza esa sensación de estar ante un relato expositivo, un viaje hacia fuera en lugar de ese descenso a los abismos del interior que la obra del checo demanda.

Al final, lo que nos queda es un monumento de oro para un hombre que habitó siempre en el barro. Holland ha levantado una estructura admirable, de una pulcritud que asusta, pero ha olvidado que a Kafka no se le honra con el orden, sino con el abismo. Es una película tan preocupada por ser ‘la biografía definitiva’ que termina traicionando la esencia de quien nunca quiso ser descifrado. Nos deja la sensación de haber asistido a una lección magistral de historia, cuando lo que necesitábamos para entender a Kafka era perdernos, desesperadamente, en una pesadilla.

 

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LO MEJOR: LA FOTOGRAFÍA
LO PEOR: POCA PROFUNDIDAD, SE QUEDA EN LA SUPERFICIE DE LOS HECHOS.
5