En el cine, muchas veces el espectador se fija primero en la actuación o en la fotografía, pero hay un lenguaje silencioso que define a los personajes incluso antes de que hablen: lo que visten. La diseñadora de vestuario Daniela García concibe la ropa como una forma de psicología visual, un código narrativo capaz de revelar pasado, emociones y transformación sin necesidad de diálogo. Formada en Comunicación y especializada en producción cinematográfica en la New York Film Academy en Los Ángeles, su trabajo se mueve entre el realismo emocional del drama y la estilización de los nuevos formatos audiovisuales.
En esta entrevista, ella habla sobre el vestuario como herramienta narrativa, su proceso creativo dentro del set y la manera en que la moda puede humanizar a un personaje. Desde el distressing hasta la colaboración con dirección y arte, la diseñadora desvela cómo cada textura, color o desgaste forma parte de una historia que el público percibe, incluso sin darse cuenta.
PREGUNTA: ¿En qué momento descubriste que el diseño de vestuario era el camino desde el cual querías contar historias en el cine?
DANIELA GARCÍA: Desde que tengo uso de razón, la moda ha sido una constante en mi vida, especialmente dentro del entretenimiento y la televisión. Siempre he percibido la moda como un elemento fundamental en la construcción de la personalidad y como una herramienta clave dentro de la psicología humana. Esta inquietud se relaciona directamente con la carrera que estudié, Comunicación, donde confirmé mi interés por profundizar en el lenguaje cinematográfico. Todas las áreas vinculadas al cine me resultan profundamente estimulantes; el acto de crear y comunicar un mensaje a la sociedad a través del arte siempre me ha generado una gran conmoción.

Al comenzar mi certificación en Filmación en la New York Film Academy, en Los Ángeles, comprendí de manera integral lo que implica llevar a cabo una producción cinematográfica y tuve la oportunidad de explorar distintos roles dentro del set. El diseño de vestuario fue uno de ellos, y desde el primer proyecto se sintió natural para mí, ya que fusiona perfectamente mis dos grandes pasiones: la moda y el cine.
P: Tu trabajo está muy enfocado en el desarrollo del personaje. ¿Cómo traduces la psicología y el arco narrativo de un personaje en ropa?
DG: Es una de las partes que más disfruto del proceso creativo. Procuro evitar simbolismos demasiado literales en las paletas de color, como asociar el azul exclusivamente con la tristeza o el rojo con el amor. En cada proyecto me propongo explorar nuevas formas de representar las emociones tanto internas como externas de los personajes. La selección de telas, estampados y texturas es esencial para elevar el vestuario no solo desde lo estético, sino también desde lo narrativo.
P: Has trabajado tanto en cortometrajes como en vertical mini series. ¿Cómo cambia tu proceso creativo según el formato y el ritmo de producción?
DG: Cada producción prioriza aspectos distintos. En los cortometrajes, el proceso creativo suele ser más detallado a nivel narrativo. En cambio, las series verticales ponen un gran énfasis en lo visual: todo y todos deben verse estéticamente atractivos, casi como en una telenovela. En ese contexto, los looks suelen ser más elevados y vanguardistas. Por otro lado, dependiendo del género del cortometraje, existe mayor libertad para jugar con el realismo; muchas veces, mientras más cotidiano y crudo se perciba el vestuario, mayor credibilidad adquiere la historia y se fortalece la narrativa.
P: El distressing y el aging son parte importante de tu especialidad. ¿Qué te atrae de trabajar con prendas que tienen “historia” visual?
DG: Son esos pequeños grandes detalles los que aportan veracidad a la historia. Una vez que se define qué va a vestir el actor, el siguiente paso es cuestionar su entorno: por qué situación está atravesando, qué ha vivido o qué acaba de superar. El distressing no solo aparece en escenas de accidentes o situaciones extremas; también responde a la época, al contexto social y al desgaste natural de una prenda que ha acompañado al personaje a lo largo de su vida.
P: ¿Cómo equilibras las exigencias narrativas del guión con las tendencias de moda actuales?
DG: Equilibrar las exigencias narrativas del guión con las tendencias de moda actuales implica, para mí, priorizar siempre la historia. Las tendencias funcionan como una herramienta de referencia, nunca como el punto de partida. Me interesa tomar ciertos elementos contemporáneos, siluetas, cortes, paletas o detalles, y adaptarlos al universo del personaje, asegurándome de que no distraigan ni contradigan su contexto emocional, social o narrativo. El vestuario debe sentirse orgánico dentro del mundo del personaje, incluso cuando incorpora guiños a lo actual.

En el drama, el vestuario cumple un papel fundamental en la carga emocional del relato. Actúa como una extensión silenciosa del estado interno del personaje, acompañando su evolución psicológica y su arco narrativo. A través del color, el desgaste, las texturas y la repetición de prendas, el vestuario puede reforzar emociones como la vulnerabilidad, la tensión o el deterioro emocional sin necesidad de diálogo. En este género, muchas veces menos es más: un look contenido, realista y honesto puede amplificar el impacto emocional de una escena y generar una conexión más profunda con la audiencia.
P: Muchos de tus proyectos pertenecen al drama. ¿Qué papel juega el vestuario en la carga emocional de este género?
DG: En el drama, el vestuario es una herramienta emocional silenciosa pero poderosa. Acompaña el estado interno de los personajes y evoluciona con ellos a lo largo de la historia. A través de decisiones como el color, la textura, el desgaste o la repetición de ciertas prendas, el vestuario puede expresar vulnerabilidad, tensión, pérdida o transformación sin palabras. En este género, vestir a un personaje no se trata de embellecerlo, sino de hacerlo humano, creíble y emocionalmente cercano para la audiencia.
P: ¿Cómo es tu dinámica de trabajo con directores y otros departamentos creativos en el set?
DG: Como diseñadora de vestuario, siempre busco iniciar el proceso con una conversación profunda con el director para comprender su visión creativa. También considero fundamental dialogar con el departamento de diseño de producción para entender cómo se verán los espacios, qué tonalidades se utilizarán y qué atmósfera se busca crear. A partir de ahí, puedo planear el vestuario con mayor claridad, definiendo colores y texturas de manera consciente. La colaboración es clave, ya que una decisión de vestuario podría opacar el trabajo de otro departamento o verse afectada por las necesidades de la cinematografía. Lo que más amo de mi trabajo es entender que sin colaboración no hay película: todos dependemos del aporte colectivo.
P: ¿Qué diseñadores, películas o referencias visuales han influido en tu estética como diseñadora de vestuario?
DG: Como buena mexicana, las telenovelas que veía durante mi infancia han influido directamente en mi manera de abordar las mini series verticales. También soy una gran fan del cine y la televisión de los años 2000. Una de mis mayores referencias es Sex and the City y su icónica diseñadora de vestuario, Patricia Field, quien también estuvo detrás de The Devil Wears Prada. En un contexto más contemporáneo, admiro mucho el trabajo de Kameron Lennox en The Studio, donde el vestuario logra combinar nostalgia con tendencias actuales. Además, los vestuarios de época son una fuente constante de inspiración; Linda Muir creó piezas exquisitas en Nosferatu, y su trabajo me motiva a aspirar, algún día, a diseñar vestuarios con ese mismo nivel de belleza y detalle.
P: Desde tu experiencia en Los Ángeles, ¿cómo ves la relación entre cine independiente, moda y nuevas plataformas de contenido?
DG: Aunque la industria atraviesa un momento complejo, existen muchos cineastas independientes y audiencias comprometidas con mantener el cine vivo. Hay un debate constante sobre si el cine tradicional desaparecerá en el futuro, pero considero que la industria se está adaptando a distintos formatos y plataformas. La moda, por su parte, se mantiene sólida como un medio poderoso para comunicar mensajes sociales.
P: ¿Qué te gustaría que el público percibiera de tus personajes a través del vestuario, incluso sin escuchar una sola línea de diálogo?
DG: Me entusiasma profundamente la idea de que la audiencia pueda comprender y sentir las emociones de los personajes únicamente a través del vestuario. Que se identifiquen, que recuerden a alguien o que conecten emocionalmente con la historia. En pocas palabras, busco humanizar la experiencia del espectador.
Para cerrar la entrevista, Daniela comparte algunos de los pasos más recientes de su trayectoria profesional. Actualmente forma parte de la Costume Society of America y trabaja en el vestuario del proof of concept Crushed, producido por Tyler Langford y dirigido por Gabrielle Burton. A esto se suma la finalización del rodaje de The Vanished Champ Strikes Back, uno de los proyectos más ambiciosos de DramaBox hasta la fecha, producido por Apoorv Arora, una mini serie vertical que busca innovar dentro del género.

Su trabajo continúa recibiendo reconocimiento internacional: en diciembre de 2025 obtuvo el premio a Mejor Diseño de Vestuario en el Athens International Monthly Film Festival. Además, en marzo tendrá lugar la premiere de su debut como directora, Cruda Verdad Dura Moral, en el Worldwide Women’s Film Festival.
Con nuevos proyectos en marcha y ampliando ahora su mirada también hacia la dirección, García sigue consolidando una voz propia: una que entiende el vestuario no como ornamento, sino como narrativa emocional capaz de contar historias incluso antes de que los personajes hablen.


