Título original: Shelby Oaks.
Año: 2024.
Duración: 99 min.
País: Estados Unidos.
Director: Chris Stuckmann.
Guion: Chris Stuckmann.
Fotografia: Andrew Scott Baird.
Música: Aaron J. Morton.
Reparto: Camille Sullivan, Sarah Durn, Michael Beach.
Compañías: Paper Street Pictures, Intrepid Pictures, Title Media.
Distribuidora en España: DeAPlaneta
Género: Terror. Intriga | Secuestros / Desapariciones. Familia. Cine independiente USA.
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Chris Stuckmann es uno de los casos más interesantes de transición de creador digital a cineasta profesional. Su trayectoria comenzó en YouTube en 2009, cuando empezó a publicar reseñas de estrenos cinematográficos desde su casa, con un estilo directo, honesto y muy personal. En una época en la que la crítica de cine tradicional aún dominaba el panorama, Stuckmann apostó por un formato cercano: hablaba a cámara, explicaba qué le había hecho sentir una película y analizaba aspectos como guion, dirección o actuaciones sin tecnicismos innecesarios.
Con el paso de los años, su canal creció de forma constante. Sin embargo, Stuckmann no veía su canal como un destino final, sino como un paso hacia algo mayor. Desde joven quería ser director, y mientras hacía reseñas también escribía guiones y realizaba cortometrajes independientes, pero el salto definitivo llegó cuando decidió dirigir su primer largometraje profesional, «Shelby Oaks». La película, un proyecto de terror psicológico, fue financiada en parte mediante crowdfunding, apoyado por la comunidad que lo había seguido durante más de una década. Este respaldo demostró que su audiencia no solo confiaba en su criterio como crítico, sino también en su visión como creador.
Y ya ha llegado, la película cuenta cuenta como una joven que se dedica a hacer exploraciones urbanas para subirlo a internet desaparece en una de ellas junto a sus tres amigos. Su hermana hará lo posible para poder encontrarla pero todo se convierte en obsesión al darse cuenta de que el demonio imaginario de su infancia puede haber sido real.

Solo el hecho de haber levantado una película así con un presupuesto muy por debajo de lo que suele manejar el terror actual ya merece reconocimiento. En una industria donde incluso el cine de género medio se apoya en cifras cada vez más elevadas, sacar adelante un proyecto sólido con recursos limitados tiene un valor especial. Y en el caso de “La maldición de Shelby Oaks”, hay un añadido importante: detrás está Chris Stuckmann, alguien que no solo ama el cine, sino que lo ha estudiado durante años desde dentro, analizando qué funciona y qué no en el terror contemporáneo. Se nota que entiende el género y que sabe cuáles son sus herramientas.
Pero dejando a un lado el contexto y el “mérito” del proyecto, lo importante es la película en sí. ¿Es realmente buena o la estamos valorando con indulgencia por tratarse del salto al largometraje de un creador de YouTube? La respuesta, y lo digo con total convicción, es que la película funciona muy bien por méritos propios. Tiene una puesta en escena muy cuidada, con una dirección que demuestra planificación y sensibilidad por el encuadre y el ritmo. Sin embargo, donde realmente destaca es en la atmósfera: consigue construir una sensación de inquietud constante, de amenaza latente, que se va filtrando poco a poco hasta envolverlo todo. Uno de los mayores aciertos es cómo juega con los formatos. La película alterna entre el estilo found footage, la narrativa más tradicional e incluso momentos que recuerdan al falso documental con entrevistas. Esa mezcla podría haber resultado caótica, pero aquí está bien integrada. No solo hace que la historia sea más dinámica, sino que le da personalidad. El cambio de registros mantiene la atención y evita que el relato se vuelva monótono. Además, desde el primer minuto consigue atraparte: su primer acto es especialmente potente, cargado de tensión, pequeños sobresaltos bien medidos y una sensación de que algo no encaja. No significa que el resto decaiga, pero sí es cierto que el arranque deja el listón muy alto.
En cuanto a las interpretaciones, Camille Sullivan sostiene la película con una actuación muy convincente. Su personaje está construido desde la vulnerabilidad y la determinación, y ella consigue que conectemos con su angustia y su búsqueda. Esa conexión emocional es clave para que el terror funcione: cuando empatizas con lo que está en juego, cada giro y cada momento inquietante pesan más.

Eso no quiere decir que la película sea perfecta. Tiene elementos bastante reconocibles dentro del género y, en términos narrativos, no rompe moldes. Hay decisiones y giros que pueden anticiparse si se tiene cierto recorrido viendo cine de terror. Cumple muy bien como propuesta sólida y eficaz, pero no necesariamente destaca por reinventar la fórmula. Además, el tercer acto (y especialmente el tramo final) se siente algo precipitado. Todo se intensifica y avanza a gran velocidad, casi sin dejar espacio para asimilar lo que está ocurriendo. Aunque el clímax tiene fuerza, esa aceleración puede dejar la sensación de que faltó un poco más de desarrollo para que el impacto fuera aún mayor.
En definitiva, “La maldición de Shelby Oaks” no viene a revolucionar el género ni a proponer algo radicalmente nuevo, pero tampoco lo necesita. Es una película de terror bien construida, con personalidad, atmósfera y momentos realmente logrados. Puede que no marque un antes y un después, pero demuestra que detrás de la cámara hay un director con criterio, pasión y capacidad para contar historias inquietantes. Y eso, tratándose de una ópera prima, es una carta de presentación más que prometedora.


