Título original: Him.
Año: 2025.
Duración: 96 min.
País: Estados Unidos.
Dirección: Justin Tipping.
Guión: Zack Akers, Skip Bronkie, Justin Tipping.
Reparto: Tyriq Withers, Marlon Wayans, Julia Fox, Tim Heidecker.
Fotografía: Kira Kelly.
Montaje: Taylor Madson.
Música: The Haxan Cloak.
Productoras: Monkeypaw Productions.
Distribuidora: Universal Pictures.
Género: Terror. Thriller | Deporte. Fútbol americano.
En los últimos años ha surgido un subgénero conocido como terror negro “Black Horror”, una corriente que combina los recursos tradicionales del terror con reflexiones profundas sobre la experiencia afroamericana y las estructuras de poder en la sociedad contemporánea. Este nuevo subgénero nace y tiene su apogeo gracias al cineasta Jordan Peele, ya que películas como “Get Out”, “Us” o “Candyman” redefinieron el papel del terror como un vehículo para denunciar el racismo sistémico, la violencia histórica y las tensiones sociales aún presentes. Un terror que se construye a partir de una aparente cordialidad que esconde dinámicas de control, apropiación y deshumanización; con metáforas de la desigualdad estructural y la sombra de una sociedad que prefiere ignorar sus propios monstruos. El terror negro se caracteriza por poner en el centro a protagonistas afrodescendientes, desmontando estereotipos comunes en el cine de horror tradicional, donde a menudo eran personajes secundarios o sacrificables, funcionando como un espejo incómodo: utiliza monstruos, rituales, violencia y metáforas para revelar que el verdadero miedo muchas veces proviene de estructuras de opresión reales. Por eso ha logrado conectar con audiencias amplias, no solo por su calidad narrativa y visual, sino porque invita a reflexionar sobre la identidad, el privilegio y la memoria a través de emociones intensas y relatos inquietantes.
Además de las mencionadas anteriormente, en este subgénero también destacan cintas como “Nope”, “His House”, “Antebellum”, “Bad Hair” o la serie “Lovecraft Country”, y ahora se une a esa gran lista: “El mejor” o “Him” en su idioma original. Una película que narra la historia de Cameron Cade, un quarterback en ciernes que ha dedicado su vida y su identidad al fútbol americano, pero justo antes de comenzar el campeonato anual de fútbol americano profesional es atacado y sufre un traumatismo cerebral que podría poner fin a su carrera. Hasta que Isaiah White, un legendario quarterback ocho veces campeón y megaestrella cultural, se ofrece a entrenar a Cam. Pero a medida que avanza el entrenamiento todo se va volviendo cada vez más y más oscuro.
Sin duda estamos ante una de las propuestas más potentes del año en cuanto al terror se refiere, utilizando el horror como excusa para hablar de temas profundamente humanos, temas como la presión familiar, las expectativas sociales, la ambición y el miedo al fracaso, todas ellas conectadas por una idea central: el terror a decepcionar y a no alcanzar el sueño que uno siente que merece. Cameron Cade, ve cómo de un momento a otro su mundo se desmorona. Hasta ese instante, su identidad, su valor personal y su futuro parecían estar completamente definidos por su talento deportivo, pero cuando todo eso se pone en duda, surge la pregunta que articula toda la película: ¿hasta dónde es capaz de llegar alguien para recuperar aquello que cree que le pertenece? Esa lucha interna es el verdadero motor del relato, pero que en realidad lo que vemos es a un chico que arrastra el peso de no querer defraudar a su padre, un joven que siente que su único valor reside en el éxito y que teme volverse irrelevante si no cumple con las expectativas que otros han depositado en él. En este sentido, la película retrata con precisión la fragilidad de la masculinidad y la ansiedad que genera la idea de perderlo todo desde la reputación, el respeto y el sueño de una vida mejor. Frente a él encontramos a Isaiah White, interpretado de forma magistral por Marlon Wayans, quien ofrece una de las actuaciones más sorprendentes y contundentes de su carrera. Su personaje es extravagante, incómodo y, al mismo tiempo, hipnóticamente carismático. Es la representación viviente de un hombre que alguna vez tuvo todo al alcance de la mano, pero lo perdió por completo, funcionando como un espejo distorsionado de Cameron: el recordatorio de lo que puede ocurrir cuando el éxito se convierte no en una meta, sino en una obsesión que devora todo lo demás. Siendo así un retrato intenso sobre la identidad, el deseo y el miedo paralizante a no ser suficiente.
Es un viaje psicodélico cuidadosamente construido, donde cada elemento visual está pensado para crear una sensación de incomodidad creciente. Tanto visualmente como la puesta en escena son exquisitas, combina espacios opresivos, composiciones asimétricas y una iluminación calculada que transforma lo “cotidiano” en algo perturbador. Sintiendo todo con una atmósfera que se siente incómoda, cerrada y profundamente claustrofóbica.
El principal problema de «El mejor” radica en la forma en que fue promocionada, pues se presentó como una película de terror convencional cuando, en realidad, su propuesta es mucho más compleja. Si bien el horror es, por supuesto, su género base, la historia opera en múltiples capas narrativas y temáticas que desbordan los límites del terror tradicional. Esto provoca que, en muchos momentos, el propio género parezca quedar en un “segundo plano”, eclipsado por una ambición más autoral que apuesta por metáforas, simbolismos y una construcción psicológica que puede resultar pretenciosa o excesivamente densa para ciertas personas. Este enfoque, aunque interesante, inevitablemente dividirá al público, y aunque esa complejidad es parte de su personalidad, también es una barrera: no todos estarán dispuestos a seguir su ritmo introspectivo. Además su tercer acto, que, si bien es espectacular en términos visuales y tremendamente entretenido para los amantes del gore, corre el riesgo de romper parte de la coherencia tonal que la historia había construido hasta ese momento. Es un estallido final que funciona como un auténtico festival para el público más extremo, pero que también puede percibirse como un desvío abrupto, casi como si perteneciera a otra película. Es un fenómeno similar a lo ocurrido el año pasado con «La sustancia»: un desenlace tan desbordado e impactante que, pese a su potencia, deja cierta sensación de desconexión respecto al camino recorrido.
En general estamos ante como mínimo uno de los ejemplos más interesantes, radicales y complejos del año. Una historia envuelta de terror pero que engloba una infinidad más de temas tan necesarios como el miedo, el rechazo, el fracaso y sobre todo que te arrebaten lo que es tuyo, por desgracia no es perfecta y peca de ser muy soberbia en varios aspectos, pero por propuestas así es por lo que el cine de terror siempre valdrá la pena.


