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‘Ondina’, un romance pasado por agua

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Lo mejor: El magnetismo que desprende la interpretación de Paula Beer

 

Título original: Undine

Año: 2020

Duración: 90 min.

País: Alemania

Dirección: Christian Petzold

Guion: Christian Petzold

Fotografía: Hans Fromm

Reparto: Paula Beer, Franz Rogowski, Maryam Zaree, Jacob Matschenz

Productora: Coproducción Alemania-Francia; Schramm Film, Les Films du Losange, ZDF, Arte, arte France Cinéma, Canal+, Ciné+

Género: Romance. Drama

Ficha en Filmaffinity

El realizador alemán Christian Petzold regresa a los cines españoles, tras su exitosa acogida por la pasada Berlinale y el reciente Festival de Cine de Sevilla, donde la película ha recibido dos premios, para presentarnos una historia fabulosa en el sentido literal de la palabra. Una revisión moderna y realista, aunque con algún que otro apunte fantástico y surreal, del mito de la ondina, un hada acuática, representante del ideal de amor no correspondido y violento, que asesina a los hombres que le son infieles. Una historia universal que ya ha sido ampliamente tratada por la literatura y el cine de numerosas y variadas formas.

Ondina, por su temática y simbología, puede recordar a obras más populares entre el gran público como La joven del agua (Night Shyamalan, 2006) o la oscarizada La forma del agua (Del Toro, 2017), pero se aleja de estas referencias al usar solo su ambiente fantástico como una figura estética, sin excesos, con ligeros toques surrealistas.

Partiendo de esto, Ondina es una película agradable, un drama romántico e íntimo en el que su ritmo pausado no riñe en absoluto con el desarrollo de la trama. La protagonista de esta historia, una historiadora que trabaja en un museo arquitectónico en Berlín, sospecha que su novio Johannes (Jacob Matschenz) le es infiel con otra mujer y rompe su relación con él. Tras esto, la joven vive un encuentro causal con Christoph (Franz Rogowski), un buzo industrial que acudió a una de sus charlas, y en una de las mejores secuencias del filme, ambos se enamoran.

Ondina
Beer y Rogowki, en una escena de la película.

A partir de este instante, la película explora la relación de ambos personajes, sus mejores y peores momentos sentimentales (y algún momento acuático confuso), para desembocar en una dolorosa tragedia y un giro de guion que dejará a muchos con su corazón en un puño. Una historia triste y trágica, pero bonita a pesar de todo.

La actriz Paula Beer ofrece una interpretación protagonista maravillosa, premiada con un Oso de Plata, logrando transmitir un halo de erotismo y misterio cual sirena en torno a su personaje. La complicidad que mantiene con Rogowski en todo momento hace pasar por creíble la relación de ambos personajes y la historia en sí, una relación marcada por la pasión, los celos, y la muerte.

Cierto es que en su ambiguo último tramo, Ondina se retrae y ofrece un epilogo denso tras un dramático clímax. Donde la figura femenina pasa a un segundo plano y Rogowski toma el timón de la historia que, aunque no naufraga en su final, bien podría haberse ahorrado al restarle intensidad al desenlace.

Llama especialmente la atención el uso de música clásica, concretamente de J.S. Bach, en distintos momentos de la trama. Una deliciosa melodía a piano que transmite distintos matices emocionales dependiendo de la escena en la que se emplea.

Cautivadora e inquietante. Melancólica y dolorosa. Ondina se figura como otra historia de amor trágico, extraña, fantástica, pero ampliamente disfrutable.

Lo mejor: El magnetismo que desprende la interpretación de Paula Beer

Lo peor: Su epilogo. Le sobran minutos de metraje.

Nota: 9/10

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