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Iñárritu, Hollywood y la (in)esperada actitud del hipócrita

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Ah, los Óscar y yo. Yo y los Óscar. La historia de amor – odio que vivo con ellos desde hace algunos años, cuando me di cuenta de que no todo es oro lo que reluce, me trae por el camino de la amargura (no, en realidad no).

Yo antes veía los Óscar enteros. Aún recuerdo cuando vi la gala de James Franco y Anne Hathaway porque mi enamoramiento por el susodicho me cegaba. Y tanto que me cegó, vaya tostón fue.

Las promos al menos fueron graciosas.

Ahora tengo menos aguante. Tengo menos aguante porque como ya he dicho, tengo una relación de amor – odio con el mundillo que ha creado la industria palomitera. De verdad que lo intento. El problema es que soy consciente de que algunos premios (no todos, ya sean Óscar o no) son una gran industria de “a ver quién se vende mejor” y no siempre se plasma el buen trabajo de todas las películas que se estrenan y eso me cabrea, por eso trato de no tomarme en serio todo lo que ocurre en las galas.

Aún así, reconozco que me distrae enormemente ver y comentar la alfombra roja de los Óscar y enterarme de que películas y quiénes han sido reconocidos de forma mundial. En el apartado de la alfombra roja, me encanta escuchar qué tienen que contar todos y sí, ver a un actor o a una actriz arreglado/a también me suscita decir: “¡¡¡¡QUÉ MONA/O VA Y QUÉ VESTIDO/TRAJE LLEVA!!!!”. Eso me pasa con cualquiera que vea arreglado, la verdad, sea la/el vecina/o de al lado, sea Charlize Theron. Aparte de los comentarios que realizan sobre la película, ciertamente no me interesa más: primero porque no me gusta la moda y no me interesa el diseñador y segundo porque aunque me interesara no me gastaría un duro por él. Sobre los ganadores, siempre me faltan películas que ni han sido nominadas, pero es una forma de vivir el cine, no tanto como el arte que es, si no como mero entretenimiento (fue creado por eso).

Lovely Charlize Theron.

Y es que, con la tontería de los premios, el público se interesa por otras películas de las que antes no sabían, en Hollywood se crean más puestos de trabajo y ¡SORPRESA! la enorme rueda que es la industria del cine sigue girando, nada nuevo. Como ya dijo Louis B. Mayer, productor durante los años 30: “Descubrí que la mejor manera de manejar a la gente del cine era colgándoles medallas… Si les ofrecía trofeos y premios se matarían entre ellos para producir cualquier cosa que yo quisiera. Por esa razón se crearon los Premios de la Academia” (extracto traducido por fuertecito no ve la tele). Más claro, agua.

“¿Si piensas así por qué los ves?” Porque me gusta el cine. Su industria no es lo mejor, pero el cine es arte y entretenimiento y me encanta en todas sus vertientes. “¿Entonces por qué te quejas, Anabel?” Porque no todo es perfecto y hay que reconocer los errores del cine.

Así, la gala de los Óscar 2016 ha sido especialmente reivindicativa. De hecho, se puede decir que ha sido la más reivindicativa hasta la fecha pues, mientras que en España se ha politizado o se ha reivindicado continuamente en cualquier gala de los Goya (por poner un ejemplo), en Norteamérica no siempre ha sido así.

Bien es conocido por todos el polémico #OscarsSoWhite, popularizado al darse una auténtica situación racista en Hollywood en las nominaciones (señalar que Hollywood es racista es como decir que el agua moja). No, señores, claro que no hay que dar premios a personas de color por el mero hecho de serlo. Pero siento decir que, por poner un ejemplo, Idris Elba tiene un talento interpretativo descomunal y, siento decirlo también, no comparable a, por ejemplo, Matt Damon. Lo siento pero no. Que no. Elba a años luz de Damon. Damon es majo. Y ya.

Idris Elba respira tranquilo tras haberle dicho que es buen actor.

Otra de las reivindicaciones que comenzó el año pasado (sí, el año pasado puede decirse que es cuando “comenzó” todo; muy triste) fue el movimiento feminista denominado #AskHerMore, en el cual se instaba a que se dejara de preguntar a las mujeres de la industria sobre qué llevaban y más sobre su cometido en la película que presentaban. A saber en qué ha quedado todo.

Elizabeth Moss, tan cerca y a la vez tan lejos.

Por supuesto, la homofobia está a la orden del día en esos lares. ¿Qué pasó con Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005)? ¿De verdad da tanto miedo catalogar a una grandísima película sobre una pareja gay como “la Mejor Película en los Óscar 2006”? Y, más recientemente, Carol (Todd Haynes, 2015), ni se han atrevido a nominarla. ¿Qué os pasa? Os noto asustados, académicos. Mujeres desnudas dándose besos. Jesús, no, trauma. (Es ironía. En la realidad tampoco me sale muy bien).

MOMENTAZO

Estas reivindicaciones se podrían estirar hasta la saciedad, pero no estoy aquí para eso (bueno sí, pero de verdad que como empiece no acabo y yo he venido a por UNA PERSONA EN CONCRETO).

Y es que, teniendo en cuenta todo lo que he dicho y que años de discriminaciones en general avalan el “lado oscuro” de Hollywood no debería sorprenderme que llegara el amigo Iñárritu y nos gritara en la cara “¡Miradme, soy idiota!”. Voy al grano:

Alejandro González Iñárritu y su trupe miran mal y se niegan a aplaudir a Jenny Beavan, la ganadora del Óscar a Mejor Vestuario por Mad Max (George Miller, 2015). Beavan es ganadora de otro Óscar por Una habitación con vistas (James Ivory, 1985) y ha tenido varias nominaciones por distintas películas.

 

 

¿Por qué hace(n) eso? Ah, no sé. No, perdón, la pregunta es otra: “¿por qué me sorprendo?”. Pues lo hago. Gónzalez Iñárritu. Esa persona que después de ese maleducado gesto se levantó para recoger el Óscar al Mejor Director y dio un discurso sobre los prejuicios infundados por el color de piel. Prejuicios. PREJUICIOS.

No sé si no le aplauden y le miran con arrogancia porque sus enormes egos no les permiten comprender que hay más películas que las suyas (y mucho mejores) que se merecen llevarse premios; no sé si no le aplauden porque es mujer, porque no va con vestido como el resto o porque no es directora o actriz, por lo que “no es conocida” y no se merece el respeto que otros trabajadores más conocidos puedan tener (si Iñárritu es tan buen director tiene que saber perfectamente que él solito no hace una película) o, simplemente, porque estaban cansados y les costaba aplaudir. Si fuera así, vaya palo escribir esto para nada. Aunque si sabes que va a pasar por tu lado la susodicha, qué menos que aplaudir en ese momento y luego sigues descansando. O yo qué sé.

Sea el motivo que sea, tal falta de respeto se basa en prejuicios y los prejuicios llevan a la discriminación. Y luego viene él y dice que no hay que discriminar por el color de piel. Él. El primero que discrimina por vete tu a saber qué motivo. Implosiono aquí y ahora.

Yo ante la aparente falta de coherencia de este señor.

Estos aires de grandeza o/y soberbia ya se han podido apreciar no sólo en Iñárritu si no también en el director David O. Russell (otro que tal baila), quien puso esta cara (en el 0:14) cuando Emmanuelle Riva ganó el BAFTA 2012 por Amor (Michael Haneke, 2012) en la misma categoría en la que estaba nominada Jennifer Lawrence (que también pone cara de “¿pa’ esto he venío?”).

Le leo el pensamiento a David O Russell: “¿Cómo no se lo ha llevado mi niña mimada, a quién pago por pegar tres gritos tontos? Solo porque una vieja interprete a alguien con carencias físicas y psicológicas y que luego tiene un desenlace digno de… BAH, ¡¡¡TONGO A MI JENNI, QUE SIEMPRE INTERPRETA EL MISMO PAPEL Y LO CLAVA!!!!”

¿Por qué? En serio, ya no sólo por Iñárritu, si no por todos los hombres y mujeres que siguen su ejemplo. ¿Por qué tanto snobismo? Bueno, sé la respuesta: “Soy mejor que tú porque he hecho un par de películas que me han dado premios y blablá”. Wait, los premios. Eso, los premios. Volvamos a: “…se matarían entre ellos para producir cualquier cosa que yo quisiera”.

Iñárritu planeando cómo matar a quién le quite premios

 

En fin, sólo quería poner el grito en el cielo por las discriminaciones que el bello arte del cine tiene que soportar dentro de su propio ámbito (sé que este tipo de cosas suceden en todas partes, todos los días y a todas horas, pero yo he venido aquí a hablar de cine). Con la de alegrías que me da y qué poco listos son los que llevan las riendas. Tampoco sé qué pasaría si todo fuera bonito y lleno de arcoiris. Quizás sería peor. A saber.

 

Palmarés de los Óscar 2016

 

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