Tate scares me a lot

Hace unos días tuvimos el estreno de la nueva entrega de American Horror Story: Apocalypse. Configurada como un cruce entre la primera temporada (Murder House) y la tercera (Coven), la famosa serie de Ryan Murphy alteraba uno de sus principales rasgos: la independencia entre temporadas. American Horror Story ha conocido un importante éxito tanto a nivel de público como de crítica, toda vez que el trabajo de sus actores en diferentes personajes ha sido uno de sus principales atractivos. Su primera temporada determinó un estilo muy particular, tanto en el guión como en la realización, a medio camino entre la cotidianidad de la época representada y el misticismo multicultural.

Murder House fue un sopló de aire fresco para el thriller en las series, introduciendo verdaderos elementos terroríficos dentro de una temática clásica. No obstante, Murphy y Falchuk se aseguraron de que la serie fuera consciente de su propio tiempo, sobretodo en lo que a sus personajes se refiere. Al tener que alternar entre actantes de diversas época que se unen en la actualidad, era necesario que su representación pudiera casar con lo que requería el relato en cada momento, algo que acaba por sumar mayor interés al desarrollo.

Uno de los personajes que mas atención atrajó fue Tate. Evan Peters se dió a conocer gracias a la maravillosa actuación de este jóven con evidentes problemas psicológicos en el aspecto de Kurt Cobain. Aún siendo uno de los personajes de mayor éxito, Tate presenta problemas que afectan de lleno a la serie.

Hasta cierto punto, Tate es representado en la serie como un personaje “bueno”. Las comillas aquí son necesarias. Con esto me refiero a que sus acciones positivas o que conllevan un interés hacia los personajes con los que el público puede identificarse son más importantes que sus comportamientos más reprochables. Sin embargo, la serie también encuentra momentos para enfrentar la figura de Tate. Por un lado, está el chico que se preocupa por Violet, una niña con tendencias suicidas que encuentra su mayor apoyo en este fantasma new age. Por otra, la figura de un asesino de masas (con claras referencias a la tragedia de Columbine) que incluso una vez muerto prosigue con su sed de sangre, algo que no le basta y que incluso le lleva a violar a la madre de la chica de la que esta enamorado.

Parece obvio que las acciones negativas podrían pesar más que las positivas, pero la serie se esfuerza por equilibrar la balanza. Vayamos más allá. American Horror Story aparece tras el éxito de una serie como Dexter, dónde un asesino en serie no sólo es el protagonista sino que incluso se encuentra casi legitimado. Esta fórmula se podría llegar a aplicar a Tate, toda vez que su interés final es proteger a Violet. Pero es en las motivaciones y regulaciones donde se muestra la diferencia. Dexter se mueve por una serie de impulsos que debe controlar a partir de un código que le permite acechar a presas culpables de delitos deplorables. Esta configuración permite que el público se identifique aun más con este personaje, aun cuando sus actos siguen siendo muy cuestionables. Por otro lado, Tate simplemente se traslada como un héroe byroniano, es decir, con comportamientos incomprensibles en nuestra sociedad pero que consiguen encandilar al público. Pero el conflicto va más allá, ya que, por ejemplo, sus masacre en el instituto Westfield conllevan una clara referencia y discusión sobre las armas en Estados Unidos que el desarrollo deja a un lado para legitimar la figura de Tate sin casi tener en cuenta nada de lo anterior. Bien es cierto que Violet acaba por dejarlo de lado, pero su postura manifiesta una tremenda tristeza por tener que dejarlo, cuando incluso ha llegado a violar a su madre.

Pero Tate no sólo se reduce a su propio universo ficcional. Uno de los eslogan más importantes de la serie es “Normal people scares me” (la gente normal me asusta). Hace referencia a una camiseta que lleva Tate con esa misma frase justo antes de asaltar a una compañera de Violet. Como recurso narrativo, la frase resume al personaje por completo, su odio hacia la sociedad generalizada. Tanto es así que incluso ha sido uno de los principales reclamos comerciales. Las camisetas con esta misma frase son una constante entre el fandom de American Horror Story, como si de un lema carismático se tratase. Desde luego tiene su gancho, pero deja pasar demasiadas cosas con respecto a la figura de Tate. Si se elimina si personalidad de chico “tierno y afable”, nos queda la certeza de ser un asesino reincidente y un violador sin escrúpulos que, paradojicamente, casi acaba legitimado por los fans. Quiza Tate no estaba tan mal encaminado…