‘Stranger Things 2’: más de lo mismo… y funciona

En Stranger Things 2 veremos de nuevo pasar cosas raras en Hawkins sin más pretensión que entretener al público

stranger things 2

“¿Una segunda temporada de Stranger Things? Se la van a cargar”. Esto fue, seguramente, lo que pensó gran parte del público tras enterarse de que las aventuras en Hawkins continuarían. Entre ellos y los numerosos detractores de la serie, no eran pocos los que esperaban esta segunda entrega con el cuchillo entre los dientes, deseando hacerla pedazos y repetir hasta la saciedad las palabras o frases como “decepción” o “no cumple las expectativas”.

Pues se habrán quedado con las ganas, porque la verdad es que esta temporada está… bien. ¿Solo bien? Sí, o se podrían utilizar otros calificativos como entretenida, divertida, guay, chula, etc. Esto no significa que sea peor que la anterior, porque la anterior también estaba bien, entretenida, divertida, guay, chula, etc.

Si la primera temporada concentró muchas miradas de odio no fue por la serie en sí, sino por la pesadez de sus fans y su exageración a la hora de evaluarla. Las redes sociales hacen hoy en día que sea muy fácil odiar algo que se pone de moda y está en todas partes. Pero a decir verdad, Stranger Things realmente no tiene mayor pretensión que ser lo que es: una historia de aventuras/thriller/ciencia-ficción con leves (muy leves) dosis de terror para todos los públicos. En ningún momento quiso dar un enfoque nuevo a ningún género ni quiso ser revolucionaria.

Will Byers viendo a los haters aproximándose

Y ahí reside, probablemente, la mayor cualidad de su segunda entrega. A pesar de la fama, el éxito, las legiones de fans, el merchandising vendido y ser una de las series más comentadas del pasado año; Stranger Things ha sido fiel a sí misma y no ha querido subir el listón ni ha querido inundar de trascendencia o profundidad sus tramas o hacer acrobacias técnicas. Ha seguido en su línea y ha vuelto a construir una historia que está bien, entretenida, divertida, guay, chula, etc.

Tras presentar el año pasado el pueblo de Hawkins y sus vecinos, esta vez se profundiza en la historia de cada personaje. Todos comparten un mismo objetivo, volver a llevar una vida normal. Algunos parecen estar consiguiéndolo mientras que otros siguen mirando al pasado, ya que realmente sienten que algo va a ocurrir.

Es destacable que en esta entrega los personajes que en el pasado tuvieron mayor peso parecen algo estancados en su desarrollo, mientras que los secundarios dejan de ser solo reinterpretaciones de clichés y pasan a convertirse en el motor de varios capítulos. La inesperada amistad entre Steve (Joe Keery) y Dustin (Gaten Matarazzo), la disputa de este último con Lucas (Caleb McLaughlin) por la atención de la recién llegada, Max (Sadie Sink) y Will volviendo a ser el detonante de la trama pero estando presente esta vez y mostrando al público que Noah Schnapp puede llegar muy lejos le dan frescura a esta nueva temporada.

Por otro lado, personajes como Mike (Finn Wolfhard) o Eleven (Millie Bobby Brown) pierden fuelle con respecto al año pasado. El primero vaga por el instituto malhumorado sin poder olvidar a la segunda, que una vez más se ve obligada a permanecer en el anonimato y decide hacer las cosas por su cuenta, completando un arco argumental escrito con el piloto automático.

Otros protagonistas como Joyce (Winona Ryder), Hopper (David Harbour) o Nancy (Natalia Dyer) mantienen el mismo tono y no decepcionan, pero tampoco sorprenden. A pesar del irregular desarrollo de los personajes, las actuaciones vuelven a ser notables y el reparto demuestra ser de los más competentes del momento.

La trama vuelve a la fórmula de la primera temporada de manera exitosa y sin arriesgar, obligando una vez más al espectador a ver los capítulos de un tirón. Esto es lo único que vuelve a pretender la serie, enganchar y entretener, y por mucho que le duela a los haters que intentan resaltar unas carencias que no oculta, Stranger Things está bien, entretenida, divertida, guay, chula, etc.