Scott Derrickson: silencio y oscuridad

El cine de terror actual se ha convertido en un género tremendamente popular. Pero si hablamos en términos de calidad, el asunto es diferente. No podemos quejarnos del todo, aunque es cierto que se abusa de una serie de elementos un tanto comunes y que al final acaban por cansar al personal. Son recursos que desvirtúan en gran medida lo que conocemos como terror. Este tema daría para una discusión mucho más amplia sobre que es realmente causar miedo, si el susto gratuito o la tétrica atmósfera. Pero hoy no vengo a hablar de ello.

Hoy quiero poner en valor la figura de Scott Derrickson. Un director ligado al género de terror, pero que también se ha desempeñado en otros aspectos más superheroicos como por ejemplo su último gran proyecto, Doctor Strange. Pero es indudable que donde más destaca es en trasladar el miedo a la gran pantalla, sin desmerecer el resto de sus facetas. Ya desde su primera película comenzó a sonar con fuerza en este género, aún cuando en realidad es su propuesta con más carencias. Hablamos de El Exorcismo de Emily Rose.

La “exorcismomanía” casi nació con esta primera película. Después de este largometraje, tenemos obras como Exorcismo en el Vaticano, Exorcismo en Connecticut, El Último Exorcismo (está última con secuela y todo), Exorcismo en Brenes… Vale, está última no, pero la cuestión es que esto alcanzó unas cotas ridículas. Es algo comprensible teniendo en cuenta el éxito de esta película, la cual vino acompañada de una importante campaña publicitaria. Sin embargo, como película de terror fue un tanto decepcionante. En realidad, es complicado establecer esta obra como perteneciente al género de terror pues se sustenta sobre una investigación para un juicio con varios flashbacks que se establecen más como contexto que como sustancia del relato. Un primer acercamiento por parte de Derrickson que tuvo importantes variaciones en el resto de su filmografía.

Su siguiente película fue Ultimatum a la Tierra, remake de la película del mismo nombre dirigida por Robert Wise en 1951. Centrada más en el ámbito de la ciencia-ficción, comenzaba a apreciarse un cierto gusto en la composición, más oscura para marcar matices. No obstante, el argumento no terminaba de casar con la disposición técnica, con alguna que otra influencia de otro clásico de la ciencia-ficción como Matrix. La película tuvo un éxito poco relevante aún con la expectación que creó antes de su estreno. Derrickson necesitaba aclarar su camino, algo que logró a partir de la oscuridad más terrorífica con su siguiente largometraje.

Sinister fue la gran explosión que necesitaba el cine de Scott Derrickson. Con una historia basada en el imaginario de las pesadillas, el “Hombre del Saco” más terrorífico pero con una desviación hacia la amenaza a la familia. No va al susto fácil sino que fabrica un relato de misterio con una atmósfera muy poco común en el cine de terror actual. Es una película con una oscuridad muy medida, mostrando exactamente lo que quiere y con un ritmo en la propia composición de luces. Derrickson crea cuadros de iluminación en cada una de sus secuencias de terror a lo cual se une un apartado sonoro excepcional. Por un lado, cuando se establece el silencio, es absoluto. La anticipación es sublime, conduciendo al impacto ya por todos conocidos pero sin terminar de prevenir al espectador. Pero no solo se queda ahí, pues la banda sonora acompaña a los momentos más tétricos situando las imágenes en un plano más distorsionado y que crean terror por si mismas. Aquí la atmósfera anteriormente comentada cambia pero mantiene su capacidad para causar un miedo atroz. Todo este interés por crear tantas cosas en una misma película se pierde por completo en su secuela, donde Derrickson se encuentra principalmente en la producción. Sinister 2 busca ser impactante a partir de sus imágenes, las cuales acaban siendo demasiado brutales y sin el acompañamiento de una historia tan interesante como la de su predecesora. La siguiente película dirigida por Scott Derrickson fue su último acercamiento al cine de terror hasta el momento, volviendo a los exorcismos pero con la lección aprendida.

Líbranos del mal no posee una historia tan profunda como Sinister pero a cambio tiene un ritmo vertiginoso, a medio camino entre el terror psicológico y el thriller. Los elementos compositivos se mantienen, optando en esta ocasión por llevarlos a un tono mas sobrenatural y religioso en contraposición a lo onírico dispuesto en su anterior obra. Es una película de exorcismos, con suficientes variaciones en la historia como para resultar refrescante. La banda sonora tan anormal utilizada en Sinister deja paso al rock and roll, especialmente con The Doors y su popular leyenda urbana sobre un supuesto vínculo con el diablo. Líbranos del mal sigue manteniendo la marca de autoría que se observaba en Sinister, pero el relato cambia dejando a un lado la profundidad y decantándose mucho más por el entretenimiento.

Desde luego, Scott Derrickson ha dejado varias obras de un interés bastante notable y que ha influenciado a varias películas independientes del mismo género (The Babadook podría ser un ejemplo) Será interesante seguir su trayectoria en el cine de terror para ver si su estilo va evolucionando en consonancia con sus nuevas temáticas.